El Gobierno encara el final de año entre el revés del déficit y la tormenta Ábalos
El Gobierno encara el tramo final de 2025 enredado en una doble tormenta política que marca un punto de inflexión en la legislatura: la derrota de la senda de déficit en el Congreso y el creciente desgaste provocado por la deriva pública de José Luis Ábalos. Dos frentes distintos, pero que juntos proyectan la imagen de un Ejecutivo debilitado, cercado por la tensión parlamentaria y por un ruido político que resuena más allá de las paredes de La Moncloa. Pedro Sánchez insiste en que agotará la legislatura hasta 2027, pero la fotografía de este jueves dejará una evidencia difícil de ocultar: el Gobierno ya navega en aguas de precariedad parlamentaria y de un clima preelectoral que lo condiciona todo.
La caída de la senda de déficit, tumbada por PP, Vox, Junts y otros grupos, no solo frena un trámite clave para los Presupuestos de 2026, sino que desmonta la narrativa de estabilidad que el Ejecutivo había intentado reconstruir en las últimas semanas. Aunque la votación deberá repetirse en diciembre, todo apunta a una segunda derrota. El Gobierno ya lo asume: tendrá que presentar unos Presupuestos sin el aval de esa senda, amparado en la anterior regla fiscal, mientras decide qué día está dispuesto a que se los tumben sus propios socios. Es la nueva normalidad de una legislatura que ha entrado en su fase más frágil.
En paralelo, el caso Ábalos se ha convertido en un dolor de cabeza creciente. A las puertas de una posible entrada en prisión, el exministro ha intensificado sus ataques contra Sánchez y parte del Gobierno, convirtiendo cada jornada en un nuevo capítulo, casi televisivo, de acusaciones cruzadas, deslindes y golpes políticos sin sustancia judicial. Su giro discursivo ha generado indignación interna y ha alimentado la sensación de una política convertida en espectáculo de desgaste continuo. Pero más allá del ruido, el Ejecutivo recuerda una y otra vez que Ábalos está fuera del PSOE y que su figura no tiene impacto real en la legislatura. Sin embargo, su sombra mediática sí erosiona.
Mientras tanto, diciembre llega con un ambiente cargado, con la ciudadanía pensando en las vacaciones, y un Ejecutivo enfrentándose a nuevos frentes judiciales, peticiones de información sobre uso de efectivo en el partido y declaraciones clave en investigaciones abiertas. Se solapan las presiones, y la oposición aprovecha cada vértice para reforzar su relato de colapso político.
La derrota del déficit: un síntoma de la fragilidad parlamentaria
La caída de la senda de déficit funciona como un termómetro perfecto del momento político: confirma que Junts mantiene su ruptura estratégica con el Gobierno y que la geometría variable que sostuvo la legislatura durante los primeros años ya no garantiza nada. La Moncloa intenta convertir cada derrota en un acto de presión pública hacia sus socios, presentando propuestas “positivas” —como hizo Yolanda Díaz con la reducción de jornada— para señalar a quienes las tumben. Pero el desgaste es evidente. Aunque el Ejecutivo dice ver el vaso medio lleno, la oposición ya utiliza esta imagen de debilidad como un mantra.
Ábalos, el factor que incendia el ambiente
La deriva del exministro añade una dimensión emocional y caótica al momento político. Las acusaciones, los choques y la escalada de un discurso cargado de tensión se han convertido en un “capítulo diario de casquería”, como admiten varios miembros del Ejecutivo al diario EL PAÍS. El Gobierno intenta restar importancia al fenómeno, pero el impacto mediático reproduce un clima tóxico que contribuye a la erosión general del Ejecutivo. La política se transforma así en un relato en directo, donde cualquier ataque se amplifica en redes y titulares.
El PP también enfrenta su propio fuego
El jueves no será solo un día negro para el Gobierno. El PP también tendrá que enfrentar su mayor agujero político con el caso Mazón en la Comunidad Valenciana y un pleno autonómico que exhibirá su dependencia de Vox. Para La Moncloa, es un campo fértil para devolver golpes. Para Feijóo, la oportunidad de cerrar un escándalo que amenaza con prolongarse. El tablero, por tanto, se mueve en ambos lados.
Pese al ruido, el Ejecutivo continúa negociando con PNV, ERC y, de forma discreta, incluso con Junts. La reforma de la financiación autonómica anunciada para febrero y las transferencias pendientes marcan un horizonte de gobierno activo, no de agonía. Sánchez y su equipo insisten: no hay adelanto electoral a la vista. Pero la percepción pública es otra. El final de 2025 se lee como el prólogo emocional —y turbulento— de un 2026 marcadamente electoral. @mundiario