Gobierno catalán débil, con los líderes fuera y fecha de caducidad

Salvador Illa. / PSC
Salvador Illa, ganador de las elecciones catalanas liderará la oposición

El extraordinario resultado del PSC y de Salvador Illa no se rentabiliza políticamente por el momento, reproduciendo el temor al fracaso de Inés Arrimadas.

Gobierno catalán débil, con los líderes fuera y fecha de caducidad

Lo más interesante del nuevo Gobierno catalán que preside Pere Aragonés, es su escasa relevancia. No estarán en él quienes realmente dirigen la política catalana. Unos como Puigdemont, Junqueras o Jordi Sánchez, porque purgan las consecuencias penales del intento de golpe de Estado. Otros como Elsa Artadi, Vicepresidenta in pectore, han preferido evitar el desgaste tomando posiciones desde fuera o como Laura Borràs, cabeza de lista en las últimas elecciones,  que ha optado por presidir el Parlamento.

El largo tiempo transcurrido desde las elecciones hasta la investidura sólo ha tenido como objetivo desgastar al nuevo Presidente antes de nombrarlo. En la negociación JxCat se queda con la parte principal del Gobierno y sobre todo mantiene fuera a quienes seguirán desgastando a ERC sin el peaje de formar parte del Ejecutivo. ERC además ha cometido errores importantes como intentar un pacto con la CUP o con En Comú antes de llegar a un acuerdo con quien era desde el primer día el único socio posible, el partido de Puigdemont.

La mucha tinta vertida en España para explicarnos que había una mayoría de izquierdas en Cataluña pone de manifiesto que muchos comentaristas conocen Cataluña sólo por la televisión. Las elecciones fueron planteadas por los nacionalistas como respaldo a su visión independentista, lograron mayoría suficiente y ahora se disponen a ejercerla. Los mensajes del discurso de investidura han sido tan claros como falsos. A estas alturas el proceso independentista es un bucle para melancólicos, un camino hacia ninguna parte, un laberinto de espejos en el que los impulsores ven lo que desean ver. Lo que no impedirá performances ocasionales y vistosas. Pero en cuanto al Gobierno, entendido como gestión de los intereses generales poco se puede esperar. Incluso ha aceptado una cláusula de temporalidad de modo que en dos años se someterá a una cuestión de confianza, coincidiendo con las elecciones municipales.

Los defensores del cordón sanitario no se referían a Vox exclusivamente, sino también al PSC. Se le ha impedido plantear la investidura de su candidato a pesar de haber ganado las elecciones. Illa queda en la misma situación que Arrimadas hace cuatro años. Ganadora sin recorrido, eligió la fuga. Illa no se irá pero está obligado a una estrategia muy difícil para conseguir visibilidad. Deberá evitar quedar preso del Parlamento, lugar del control del Gobierno pero de visibilidad muy escasa a pesar del intenso trabajo de los parlamentarios. Sólo si consigue mantener el contacto con los distintos sectores sociales y con los problemas reales, erigiéndose en portavoz del mundo real frente a la ensoñación nacionalista, tendrá opciones para el futuro. El PSC debería desmontar el imaginario nacionalista confrontándolo con la realidad y hacer algo parecido con En Comú. Es decir, ensanchar su base electoral, ejercer de alternativa cada día. Cuenta con algunas herramientas importantes, el Gobierno de España, la Diputación de Barcelona y un número considerable de Alcaldías.

Para el Gobierno estatal el resultado es agridulce. Está mejor con ERC en la Presidencia pero JxCat creará problemas en las relaciones entre ambos Ejecutivos. Por otra parte ERC no puede soportar un desgaste excesivo frente a su socio de Gobierno pues sólo les separa un escaño. Si Madrid acelera los indultos a los presos y pone en marcha de nuevo la Mesa de diálogo, ERC gozará de unos meses de gracia, no demasiados.

La política catalana es dañina para los intereses del país. Los nuevos dirigentes se plantean una moratoria de las energías renovables precisamente en el momento en el que se impulsan en toda Europa. Como plantean no ampliar el aeropuerto de Barcelona que ha llegado a su techo operativo o reducir la capacidad de intervención policial de los Mossos. Son consecuencias de la rivalidad entre las distintas fuerzas nacionalistas y de un adanismo digno de mejor causa.

El Presidente Aragonés no hará ni dirá tantas tonterías como su antecesor Quim Torra pero no cabe esperar una política muy diferente de la que ha seguido el anterior Gobierno. Son los mismos socios, parecidos nombres y sobre todo la misma visión reduccionista y algo mágica. No esperemos actuaciones importantes en Cataluña en los dos próximos años. @mundiario

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