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Globo-sonda con los nuevos Pactos de La Moncloa

Caben otras alternativas, entre las que no está el Gobierno de concentración, que ni se dio en 1977 ni es posible ahora. Entre esas alternativas figuran los Presupuestos y los acuerdos puntuales. La política de los pequeños pasos seguros en lugar de los grandes avances cosméticos.
Globo-sonda con los nuevos Pactos de La Moncloa
Firmantes de los Pactos de la Moncloa.
Firmantes de los Pactos de la Moncloa.

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José Luis Méndez Romeu

José Luis Méndez Romeu

El autor, JOSÉ LUIS MÉNDEZ ROMEU, es licenciado en Pedagogía y columnista de MUNDIARIO. Exdiputado y exportavoz parlamentario del PSdeG - PSOE, fue conselleiro del Gobierno de Galicia y secretario de Estado del Gobierno de España. @mundiario

Antes de aprobar la nueva prórroga del confinamiento de los ciudadanos, el Gobierno ha lanzado una propuesta de reedición de un acuerdo político y económico como el que en 1977 sentó las bases de la estabilización económica, precisamente en el momento en el que se normalizaba la democracia tras las primeras elecciones de junio de aquel año.

La historia no se repite de la misma forma. Lo que en aquellas fechas era conveniente y aún necesario para frenar una inflación desbocada, del 26%, en un contexto de gobierno minoritario con grandes desafíos políticos por delante, hoy se produce en un contexto de normalidad política y de máxima crisis económica, nacional e internacional. Si en 1977 todos los actores, partidos, sindicatos y organizaciones empresariales, ganaban con el acuerdo, hoy casi nadie puede ganar. En 1977 era conveniente estabilizar la economía para hacer posible la institucionalización y desarrollo de la democracia. Hoy ésta no se encuentra amenazada pero la crisis económica puede desestabilizar profundamente el país. Se han invertido los términos si bien ahí terminan las comparaciones.

Para los partidos secesionistas no hay nada nuevo que ganar frente a la situación actual, con un Gobierno débil que depende de sus votos. Comprometerse en un pacto con los partidos de la derecha sólo les puede tener costes electorales, con las elecciones vascas y catalanas este mismo año. Algo parecido ocurre con los sindicatos, suficientemente apoyados por el actual Ejecutivo, los cuales, en caso de pactar, deberían de hacer concesiones en materia de empleo que se volverían contra ellos rápidamente, cuando el actual estado de confinamiento pasivo se exteriorice mediante un malestar generalizado.

Las organizaciones empresariales tienen motivos para desconfiar. Han sido muy mal tratadas, de palabra y obra durante la crisis sanitaria, el pretendido diálogo social ha sido utilizado sectariamente por el Gobierno y difícilmente pueden esperar de un pacto algo más que pagar las facturas. Sus demandas previsibles, mayor liberalización, parálisis de cualquier reforma laboral, rebaja de cotizaciones sociales y de la fiscalidad, serán inasumibles para los socios del Gobierno.

Descontado Ciudadanos, abocado a su desaparición política aunque conserve unos pocos diputados, la respuesta queda en manos del PP. Todo lo que ceda en una hipotética negociación será usado en su contra. Todo lo que consiga será capitalizado por el Gobierno. Es decir, no existe incentivo alguno para participar de un acuerdo del que otros muchos habrán desertado antes de iniciar el proceso.

Ahora bien, que la fórmula de un Pacto como el descrito no sea posible, sólo es un dato. Caben otras alternativas, entre las que no está el Gobierno de concentración, que ni se dio en 1977 ni es posible ahora. Entre esas alternativas figuran los Presupuestos y los acuerdos puntuales. La política de los pequeños pasos seguros en lugar de los grandes avances cosméticos.

Nada impide buscar un acuerdo sobre fiscalidad o sobre las pensiones. Tampoco hay obstáculos para lograr un programa de incentivos que dinamice la economía y especialmente el consumo. Acuerdos parciales que permitan recuperar un valor que se ha perdido desde hace mucho tiempo: el diálogo constructivo, la confianza en los acuerdos.

Pedro Sánchez. / RR SSPedro Sánchez. / RR SS

Para el PSOE cualquier acuerdo es bueno, óptimo si es un Pacto global, conveniente en caso de acuerdos parciales. Todo lo que signifique sustraer políticas sectoriales de la confrontación absoluta, es bueno. Para Unidas Podemos, por el contrario, ningún acuerdo es favorable, ni global ni sectorial. Como le ocurre al PP, lo que ceda será en su perjuicio y lo que consiga en beneficio socialista.

No queremos pecar de pesimismo al describir las posiciones actuales de los distintos actores. Pueden hacer ruido mediático para justificarse pero su posición objetiva no es favorable al acuerdo. Le toca al PSOE, que ostenta la Presidencia del Gobierno, diseñar el marco más favorable, sabiendo que éste nunca será el más ambicioso. @mundiario