La gestación de la actual crisis del PSOE

Pedro Sánchez, ex secretario general del PSOE. / Mundiario

La mayoría del aparato dirigente optó por una línea de colaboración con Rajoy a pesar de que eso suponía asumir la mayor fractura del cuerpo militante conocida en las últimas décadas.

Cuando un partido político se encuentra en una situación análoga a la del PSOE resulta decisivo discutir y acordar -en su interior- un diagnóstico solvente sobre las causas explicativas de lo que sucede. Sin ese análisis, disminuyen las posibilidades de encontrar una hoja de ruta que suponga un punto de inflexión a la trayectoria crítica por la que atraviesa tal organización.

Las declaraciones de distintos dirigentes del Partido Socialista no van más allá de una visión de corto alcance y con una elevada dosis de simplificación argumental. Ninguna figura destacada considera dos hechos de la máxima relevancia en la gestación de la crisis: la aceptación por el gobierno Zapatero del diktat emitido por la troika en el mes de mayo del 2010 y la grave incomprensión del movimiento de protesta que explotó el 15 de Mayo de 2011.En vez de disolver el Parlamento y convocar elecciones para que el electorado hubiese decidido sobre las pretensiones de Merkel, el gobierno socialista inició el camino de los recortes en las prestaciones de bienestar y no fue capaz de hacer la lectura que requería la presencia de millares de personas en las calles -principalmente de la juventud de las áreas urbanas- para expresar su indignación por la deriva que presentaba el propio sistema político.

La aparición del fenómeno electoral de Podemos en las europeas de 2014 certificó que el PSOE sufría un grave déficit de identidad ante una parte significativa de su electorado tradicional. El panorama de la socialdemocracia en la UE completaba el círculo vicioso en el que se movían los dirigentes de Ferraz: los “hermanos” de Berlín conformaban un gobierno de coalición con el partido de Merkel, los laboristas británicos seguían perdidos en el desierto de la oposición, el PASOK quedaba convertido en una opción marginal y los socialistas franceses no eran capaces de traducir en políticas gubernamentales las propuestas formuladas por Hollande en su triunfante campaña electoral. El 20 de Diciembre de 2015, Pedro Sánchez conseguía el peor resultado de la historia y surgía una encrucijada inédita para la organización centenaria: o buscaba un pacto de gobernabilidad con el PP o promovía un acuerdo con Podemos, IU, las confluencias de Catalunya, Galicia, Comunidad Valenciana y las organizaciones nacionalistas vascas y catalanas. Después de varios meses de dudas y disputas, la mayoría del aparato dirigente -con el apoyo explícito de los lobbies empresariales y mediáticos- optó por una línea de colaboración con Rajoy a pesar de que eso suponía asumir la mayor fractura del cuerpo militante conocida en las últimas décadas.

Por otra parte, la dinámica política registrada en Catalunya durante todos estos años afectó seriamente al PSC y alteró la correlación de fuerzas en el ámbito estatal. La debilidad socialista en las circunscripciones catalanas mudó su anterior capacidad y credibilidad para formular alternativas acordes con la naturaleza plurinacional del Estado y desplazó el centro de gravedad del poder interno a favor de lo que representa Susana Díaz.

En este incierto cuadro general, el PSdG reedita sus viejos fantasmas y ofrece un grado adicional de conflictividad. A pesar de que la indiscutible victoria de Leiceaga en las primarias podría facilitar la recomposición orgánica bajo las premisas exhibidas por el profesor compostelano, la beligerancia extrema de Abel Caballero pronostica el regreso al conocido esquema de los reinos de taifas con la consiguiente renuncia de la visión gallega cómo idea motriz de las política formuladas desde la dirección del partido.

Los meses próximos van a tener una trascendencia indiscutible en la eventual reconfiguración del mapa de la izquierda en los ámbitos estatal y gallego. La crisis del Partido Socialista abre posibilidades de reforzamiento de las organizaciones que, en la actualidad, compiten en determinados segmentos del electorado. Concretamente, En Marea y BNG tienen una gran oportunidad para conectar con esos sectores descontentos con las decisiones adoptadas en el Comité Federal socialista. Para tejer esas nuevas complicidades deberán acertar en los contenidos y en las formas. El PSdG y el PSOE están heridos pero no están muertos.Es bien sabido que, en la vida política, las teóricas superioridades ideológicas hay que demostrarlas en la práctica de todos los días, siendo conscientes de que los errores no son patrimonio exclusivo de los adversarios.