¿Qué ganan Podemos y sus franquicias en su furor iconoclasta contra tradiciones arraigadas?

Los Reyes Magos.
Los Reyes Magos.

Existen numerosas tradiciones socioculturales, en su origen religiosas,  ahora hilo conductor de usos, costumbres colectivas, hábitos sociales, fiestas populares, leyendas y mitos que constituyen un paradigma.   

¿Qué ganan Podemos y sus franquicias en su furor iconoclasta contra tradiciones arraigadas?

A lo largo de los últimos meses, los cargos públicos de Podemos, en los diversos ámbitos, tanto en su versión genuina como sus franquicias y subcontratas, desde las Mareas gallegas a Compromis, se han caracterizado por un generalizado afán de desmontar determinadas tradiciones socioculturales de origen religioso de todo tipo, motivándolo por la necesidad de aplicar un riguroso laicismo sobre la sociedad civil; pero al mismo tiempo, este furor iconoclasta se ha completado con la asignación de espacios y reconocimiento a otras confesiones o creencias religiosas de lo más diverso, al mismo nivel que las que, de momento, siguen siendo mayoritarias entre las gentes del país.

Y mientras en Compostela, el alcalde se desvinculaba de toda manifestación pública de la tradición jacobea, la esencia de la propia ciudad, en Madrid se metía mano a los Reyes Magos haciéndoles pasaje del debate feminista o, por lo general, se borraba o desnaturalizaban tradiciones populares, de inevitable referente religioso en tiempo de Navidad por todos los lugares donde sus alcaldes y similares tienen la vara de mando. ¿Responde todo esto a algún clamor social, a una necesidad perentoria? ¿O es más bien el traslado de los propios prejuicios personales sin respeto al variado componente sociológico de la sociedad?

Conviene recordar que la Cultura Greco-Latina, la Tradición Judeo-Cristiana y la Revolución Francesa son los tres elementos esenciales sobre los que se construye la identidad europea, que en el caso de España se completa, sin duda, con el aporte de la cultura hispanoárabe. Pero cada cosa tiene su propia dimensión. No se pueden negar las aportaciones del mundo árabe a la cultura de Europa, sobre todo durante la Edad Media, cuando el desnivel entre Europa y el mundo árabe ilustrado fue patente. Islam y el Judaísmo recuperaban lo mejor del legado griego, lo asimilaban y lo perfeccionaban. ¿Cómo negar que los sabios árabes y judíos, ayudaron a que Europa como recuperara gran parte del legado clásico? 

Pero veamos qué dice el Preámbulo de Proyecto de Constitución Europea:            

“INSPIRÁNDOSE en la herencia cultural, religiosa y humanista de Europa, a partir de la cual se han desarrollado los valores universales de los derechos inviolables e inalienables de la persona humana, la democracia, la igualdad, la libertad y el Estado de Derecho”             

Es decir, Europa es herencia cultural, religiosa y humanista.  ¿Se puede o se pretende borrar todo eso de un plumazo?

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La herencia cultural de Europa contiene elementos religiosos.

 

En España existen numerosas tradiciones socioculturales que en su origen (como el voto a San Roque en los pueblos y las ciudades) fueron religiosas, como solicitar la protección del santo frente a los males que asolaron Europa en el medievo. Y por ello, desde hace cientos de años, son el hilo conductor con viejos fueros, privilegios, tradiciones, usos, costumbres colectivas, hábitos sociales, fiestas populares, leyendas y mitos que constituyen el paradigma de nuestra historia colectiva.

El hecho de que se pretendan suprimir las manifestaciones visibles de tradiciones ancestrales, borrará a medio plazo de la conciencia colectiva, referencias esenciales de nuestra personalidad común, de nuestro ser como pueblo. Pero el hecho de que, al mismo tiempo, aparezca, como es inevitable, otras manifestaciones públicas de culturas que nos son ajenas, desfigurará para siempre nuestro más íntimo soporte de identidad. Imagínese un barrio de Madrid donde se suprima la procesión pública de un santo popular, pero donde se celebre ya –como se celebra- una fiesta con dragones chinos al comienzo de su año nuevo particular. ¿Qué acabaremos siendo

 ¿Es que acaso, en nombre del multiculturalismo, hemos de borrar una de las manifestaciones más evidentes de nuestra propia cultura? Muchas tradiciones, cristianizadas, son en realidad, instituciones de nuestro acervo cultural anterior al cristianismo o simplemente pagano. Pensemos, con especial referencia a Galicia, en los ritos sobre la fertilidad o el agua. Es más, ¿acaso debajo de nuestros tiempos y parroquias no se hallan con frecuencia basílicas romanas? Cuando un edil acude a la misa de un santo local (que seguramente no existió), ¿es que no hace lo mismo que hacía en su antepasado romano cuando visitaba el ara de un altar precristiano? Ambos posiblemente no crean en nada, pero acuden por que ostenta una representación  pública a la que se deben. O deberían deberse.

Y sobre todo, no traslademos el debate de las cuotas y el feminismo a dónde no tiene cabida. Dejemos que las hadas de los cuentos sigan siendo hadas y que los Reyes Magos sigan siendo los de siempre.

¿Qué ganan Podemos y sus franquicias en su furor iconoclasta contra tradiciones arraigadas?
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