G-7: Macron y Trump hablan del mundo con algunos aliados y muchos invitados

Donald Trump y Emmanuel Macron. / TV24
Donald Trump y Emmanuel Macron. / TV24
Mínimo entendimiento sobre Irán para que no tenga armas nucleares, que ya existía antes de la reunión y acuerdo de principio para desarrollar una tasa GAFA (para Google, Apple, Facebook y Amazon) en el marco de la OCDE. 
G-7: Macron y Trump hablan del mundo con algunos aliados y muchos invitados

Biarritz es una pequeña y bella ciudad del País Vasco-francés, lugar turístico por excelencia desde los lejanos tiempos de Víctor Hugo y Napoleón III que la instituyó como lugar de veraneo de la corte a instancias de su esposa Eugenia de Montijo. Destino durante una época del turismo de los más pudientes, ha sabido adaptarse a las nuevas tendencias turísticas. Allí ha querido Macron reunir al selecto club G-7, que agrupa a las principales economías de Occidente. Un club que se reúne periódicamente no tanto para acordar como para intercambiar puntos de vista sobre problemas de actualidad. A un coste exorbitante, 34 millones de euros en un fin de semana y sin poder prescindir de los anacronismos, como las actividades paralelas de sus consortes, un subproducto para la prensa rosa. El elevado número de personas necesarias para que una reunión de ese tipo pueda celebrarse, pretende justificar los costes.

El G-7 reúne a cuatro países comunitarios, Francia, Alemania, Italia y Reino Unido, si bien éste desea dejar de serlo en octubre, frente a tres de allende los mares, Estados Unidos, Canadá y Japón. Dos grupos capitaneados respectivamente por Macron y Trump, con Boris Johnson corriendo del primer grupo hacia el segundo.

Son explicaciones previas relevantes porque del contenido es difícil extraer conclusiones. Las disensiones entre los siete países que comparten el mismo modelo económico, capitalista, son mayores que sus consensos. No sólo en política económica reducida a un argumento, cómo hacer frente al neoproteccionismo de Estados Unidos sino ante las grandes crisis actuales: Irán, Siria o Libia, pero también el cambio climático o los movimientos migratorios. Entre otros motivos porque están ausentes países muy relevantes en el orden económico y político mundial: Rusia y China desde luego, pero también India o Brasil. Conscientes de ello, los organizadores han incluido en el programa una cena con dos grupos de invitados, una representación del resto del mundo y otra de diversos organismos internacionales. En el primer grupo, los primeros ministros de  países tan disímiles como España e India, han compartido manteles con Burkina-Fasso, Ruanda, Egipto, Senegal o Chile.

La retirada progresiva de Merkel ha elevado a Macron a la categoría de líder de la Unión Europea. Intenta una estrategia de contención de Trump de quien es sabido el escaso interés que muestra por la Unión Europea, un rasgo que comparte con Obama. Al tiempo y mediante pequeños gestos, como la visita sorpresa del ministro iraní o la ayuda simbólica para los incendios brasileños,  trata de mostrar iniciativa y no quedar sepultado por la fascinación que irradia el Presidente norteamericano que alienta el Brexit británico y promete ayuda comercial, escucha complacido la demanda de Merkel en sentido parecido y discrepa elegantemente de Macron . Lo que se conoce al término de la reunión es muy pobre: mínimo entendimiento sobre Irán para que no tenga armas nucleares, que ya existía antes de la reunión y acuerdo de principio para desarrollar una tasa GAFA (para Google, Apple, Facebook y Amazon) en el marco de la OCDE. Es decir, concesiones de Trump en un juego realmente bilateral entre la primera potencia y los demás países. 

No obstante, Macron como anfitrión se ha apuntado algunos éxitos personales: la posible reunión de Estados Unidos e Irán, en la que ha mediado, o el gesto hacia la Amazonía no por simbólico menos efectivo pues ha obligado a Bolsonaro a movilizar al ejército para contener los incendios aunque como revancha penosa ha menospreciado a la esposa de Macron. Éste ha contestado con  elegancia, resaltando el insulto que en realidad el presidente brasileño hace a las mujeres de su propio país.

Balance escaso si bien permitirá que el segundo nivel de los gobiernos, ministros y otros responsables, puedan avanzar entre ellos hacia un espacio de mayor acuerdo, tanto bilateralmente como en los organismos intergubernamentales. De la conversación entre Sánchez y Johnson durante la cena multitudinaria, nada sabemos, tal vez porque nada relevante se puede contar. @mundiario

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