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Fuga de cerebros: ¿Tendremos en España un país muerto y abocado al desastre?

Un país que pierde activos en los segmentos de edad donde se da una mayor concentración de personas creativas es un país menos competitivo, menos libre y peor preparado para afrontar las adversidades.
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Universitarios se examinan del penúltimo selectivo en España
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Jorge Manzanares

Periodista. Colaborador de MUNDIARIO.

Se repite como la zorza una expresión que se ha vuelto cotidiana en la vida social y política de este país: 'fuga de cerebros'. Normalmente, se asocia esta frase a una pérdida continua de personas jóvenes con un alto nivel de cualificación certificada, que huyen al extranjero en busca de un mejor porvenir. Sin embargo, el término 'cerebro' abarca mucha más chicha de la que parece, pues no sólo se refiere al éxodo de decenas de miles de diplomados, posgraduados y licenciados, también se traduce en un alto índice de anemia creativa por hemorragia migratoria, algo que a este humilde 'opinador' le parece mucho más importante que el tema de las cualificaciones. ¿Y que quiere decir eso de la creatividad? A menudo asociamos esta cualidad al ámbito de las artes: cine, pintura, música, fotografía.. etc., pero es algo que va mucho más allá.

Según el diccionario, creatividad es "la generación de nuevas ideas o conceptos, o de nuevas asociaciones entre ideas y conceptos conocidos, que habitualmente producen soluciones originales”. Es decir, la capacidad que un individuo tiene de salir al paso de problemáticas habituales o novedosas con mayor o menor éxito usando la mollera. Según los neurólogos, la capacidad creativa de nuestro cerebro disminuye con el paso de los años al perder este su flexibilidad y capacidad de asimilación.

Somos hipercreativos cuando somos niños, y mucho más rígidos cuando somos ancianos, dependiendo también de cada caso. Además, la capacidad creativa se asocia también a otras cualidades como la flexibilidad, la tolerancia, la capacidad crítica, el valor, la competitividad, la confianza o la libertad intelectual. Se podría decir por lo tanto que, un país con un alto índice de personas creativas es un país más próspero, porque es más libre, tolerante y genera mayor confianza, algo tan de moda en el lenguaje económico actual. También se puede concluir que un país que pierde activos en sus segmentos de edad donde se da una mayor concentración de personas creativas es un país menos competitivo, menos libre y peor preparado para afrontar las adversidades. Si a todo ello le unimos determinadas actitudes políticas por parte del Gobierno, encaminadas a perseguir y laminar el pensamiento divergente, la peculiaridad y el pensamiento crítico a través del adoctrinamiento religioso, ético y moral, tendremos un país muerto y abocado al desastre.