La Fiesta Nacional del 12 de octubre sin contenido

Fiesta Nacional. Pool Moncloa Fernando Calvo
Fiesta Nacional. / Pool Moncloa Fernando Calvo

España no es el único país con dificultades para conciliar distintas visiones políticas de la historia y construir símbolos comunes de unidad.

La Fiesta Nacional del 12 de octubre sin contenido

El 12 de octubre es la festividad de la Virgen del Pilar, de la Guardia Civil y además está oficializada como Fiesta Nacional de España. Antes lo fue de la Raza y luego de la Hispanidad. Básicamente la efeméride recuerda dos hechos: el final de la Reconquista y el inicio de la conquista de América. Obsérvese la doble referencia conquistadora para entender el creciente rechazo que dicha fecha y sobre todo el discurso de la conquista, suscitan al otro lado del Atlántico.

No entraremos aquí en el vidrioso planteamiento del perdón por los excesos de las operaciones de hace cinco siglos. Si no existe consenso entre los historiadores menos podrá haberlo entre los políticos. Sin olvidar la contradicción de reclamar perdón por la llegada a América y la pérdida de autonomía y de vidas que implicó para los nativos, para ocultar otros procesos de exterminio de las poblaciones nativas a manos de los criollos, desde Estados Unidos hasta Argentina, en distinto grado. Por otra parte perdón remite al catolicismo, al mecanismo casi mágico que borra las consecuencias de los excesos.

La democracia ha tenido vacilaciones con la fiesta del 12 de octubre. Al final se ha reducido a una parada militar que entre su folclore parece incluir el abucheo al presidente del Gobierno, seguida de una recepción oficial en el Palacio Real. Dos actos que no transmiten mensaje alguno pues recuerdan a otros actos similares: el día de las Fuerzas Armadas o la Pascua Militar. Al reservar para el 6 de diciembre la conmemoración de los valores constitucionales, la fecha de octubre ha quedado desdibujada.

Francia o Estados Unidos tienen como Fiesta Nacional sendas fechas conmemorativas de la fundación de la nación. Italia conmemora el referéndum que abolió la Monarquía. Alemania, la fecha de la reunificación. Sin embargo, las Comunidades Autónomas, huérfanas de antecedentes reales, han optado por vías diversas. En seis Comunidades la fiesta oficial está relacionada con el proceso de la Autonomía, en otras seis conmemoran diversos hechos históricos, en cuatro se ha optado por sumarse y diluirse en festividades religiosas y sólo el País Vasco carece de una fiesta de la Comunidad.

Las festividades nacionales no han traspasado el ámbito oficial

Así como otros símbolos constitucionales como la bandera, el himno y el escudo han logrado una aceptación amplia, a pesar del uso abusivo que hizo de los mismos el franquismo, las festividades nacionales no han traspasado el ámbito oficial. No son sentidas como fiestas populares, sólo como parte de la liturgia de los poderes públicos para dotarse de legitimidad simbólica. Ni siquiera los medios de comunicación públicos, tan atentos a la exaltación de los Gobiernos que los sostienen, se preocupan por divulgar o crear valores asociados a dichas festividades. No son días de fiestas en la calle, ni de aglomeraciones espontáneas a través de actos lúdicos. La Fiesta Nacional comienza y finaliza en el ámbito reducido de las autoridades. Como símbolo, tiene más valor de unidad la selección de fútbol que cualquiera de las Fiestas Nacionales o autonómicas.

Probablemente lo anterior no es negativo, sino un paso más en la secularización de la sociedad. De la misma forma que la religión ha dejado de influir en la evolución de la sociedad española, también la parafernalia institucional es vista con distanciamiento. El sentimiento patriótico, muy generalizado, no está anclado tanto en los símbolos como en la percepción de comunidad con valores compartidos. Ni siquiera existe una querella lingüística, salvo en los casos de discriminación. El sustrato común de costumbres, normas, relaciones sociales y laborales, la movilidad en el territorio, forman un acervo compartido que establece vínculos muy fuertes.

De ahí que las disputas artificiales entre Comunidades sean más peligrosas que las tradicionales rivalidades locales. Exacerbar la animadversión de unos territorios contra otros por presuntos agravios o discriminaciones es un ataque a la convivencia. En Cataluña o en Valencia, por citar los dos casos recientes, el problema no es Madrid. En todo caso será la política concreta de algún Gobierno o partido. Aunque sea la estrategia más vieja de la política, señalar al enemigo exterior, las dinámicas de confrontación una vez desatadas no son fácilmente reconducibles y menos a corto plazo. Si la Fiesta Nacional sirve para algo, debería de ser para reafirmar lazos de convivencia y valores compartidos, no sólo para contemplar la marcialidad de las Fuerzas Armadas. Pero por lo que hemos escuchado, las autoridades estuvieron charlando del tiempo. @mundiario 

La Fiesta Nacional del 12 de octubre sin contenido
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