Ferreiro liquida la tradición simbólica de A Coruña, pero entrega su bastón al Rey

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Francisco Vázquez, ex alcalde de A Coruña, cuidaba el protocolo.

No se entiende que al mismo tiempo que ha borrado todas las tradiciones y elementos simbólicos de A Coruña, de la época de Francisco Vázquez, a Xulio Ferreiro se le ocurra entregar su bastón al Rey, en un acto innecesario, no establecido en parte alguna, de impropia sumisión.

Ferreiro liquida la tradición simbólica de A Coruña, pero entrega su bastón al Rey

No entiendo al actual alcalde de A Coruña, Xulio Ferreiro. Por un lado, consuma la demolición definitiva, iniciada por sus predecesores y borrado del mapa todo vestigio de representación institucional de la corporación como marcan tradiciones y usos comunes en España, además de trasladar su propio desaliño indumentario a su comparecencia allá donde lo llaman o invitan, de manera harto ostensible e innecesaria. Por lo visto no considera que su deber, aparte de llevar a buen puerto la administración local, es compatible con mantener ciertas formas de representación institucional, como las que han caracterizado a la ciudad. Y de modo asombroso, de forma contradictoria, nos deja perplejo con gestos tan inadecuados como entregar el bastón al rey, cosa que no está dispuesta en parte alguna y es un gesto de innecesaria sumisión que no se llevaba a cabo ni con Franco, como demuestran cientos de fotografías, en las que el alcalde de turno ostenta su bastón delante del caudillo.

No deja de ser una curiosa paradoja que la ciudad de A Coruña, que era considerada ejemplo del modo en que la municipalidad se mostraba en público sea ahora ejemplo de todo lo contrario. El protocolo y el ceremonial simbólico de los ayuntamientos de España tiene como referente los viejos usos del simbolismo que nos legaron los romanos: los ediles municipales vestían la toga pretexta y salían de las casas consistoriales precedidos de las insignias de la ciudad, sus haces de lítores locales y los lábaros; es decir, las actuales mazas y el pendón de la ciudad.

Ferreiro entrega su bastón al Rey.
Xulio Ferreiro entrega su bastón al Rey.
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El atuendo de Xulio Ferreiro, muy comentado.

 

Pero este alcalde, que presume de no ponerse corbata, tiene otros gestos insólitos como lo ocurrido con el Rey Felipe VI, en la visita de éste a la ciudad, con motivo del Congreso de Empresa Familiar al que entregó su insignia, que no es un adorno (es como si un coronel se quitara las estrellas y se las entregara al Rey).

Durante siglos hemos visto al alcalde de Zalamea con su vara delante del Rey sin resignarla. Es un modo visible de representar al alcalde, con su vara o bastón. Lo de Ferreiro, tan iconoclasta en otros casos, es un acto absolutamente fuera de norma y tradición al hacerlo. O sea, que borra unas cosas y mate la pata con otras.

La herencia de Francisco Vázquez

Francisco Vázquez caracterizó su prolongado mandato por cuidar las viejas tradiciones de la historia liberal de la ciudad (que lo era de realengo y no de señorío, por lo que los Reyes venían a embarcar en su puerto en las puertas del Parrote). Una de las características de la etapa de Vázquez fue el respeto institucional, por encima de las discrepancias políticas, evidenciado en su trato al presidente de la Xunta y del Gobierno. Todavía se recuerda la recepción a Aznar y su gobierno, cuando se celebró un Consejo de Ministros en el Palacio de María Pita.

Vázquez recuperó viejas instituciones como la milicia honrada o la guarda urbana, con uniforme “a la Federica” y sus pabellones, que no sólo comparecían en los actos solemnes, la ofrenda a María Pita y otros, sino que era enviada por la ciudad de A Coruña para acompañar al alcalde en la Ofrenda al Antiguo Reino de Galicia, a la que Ferreiro dejó de asistir como si todos los coruñeses piensen como él.

En el colmo de su ignorancia sobre la propia historia de la ciudad, anuló la ofrenda a la Virgen del Rosario, quizá porque no sepa que este acto tradicional fue creado para pedir la protección de la Virgen sobre la ciudad cuando ésta tuvo que repeler los repetidos ataques del pirata Drake. Cierto que era un acto religioso, pero su origen civil. Ahora, se sigue haciendo de modo particular, pero sin el Ayuntamiento, por parte de unos particulares para que no caiga en el olvido a la espera de tiempos mejores.

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Francisco Vázquez camino de la Ofrenda a la Virgen del Rosario.

 

El forzado desaliño

Ferreiro es el clásico ejemplo, junto con su siempre cubierto alcalde de Santiago, del modo en que la representación política confunde este concepto con el de la representación sociológica, como enseña el profesor Sartorios, quien dice que una cosa es la representación legal (la de alcalde electo), otra la política (de los que piensan como él); pero eso no supone que ostente la sociológica; es decir, del conjunto de los ciudadanos, lo que exige respeto a todos y con ellos, como demostraron los alcaldes comunistas de Roma, a quienes piensen de otro modo o quieran mantener las tradiciones. Y en este sentido, lo mismo cabe decir de su personal decisión de no llevar la representación de A Coruña a la más visible ostentación de la personalidad de Galicia como reino, como entidad política, la Ofrenda del Antiguo Reino de Galicia.

Su forzado desaliño del obrero que no es lo acerca más al ridículo que a la simbología proletaria de la que quiere investirse, ya que sus playeras y el resto de su indumento dan la nota para mal un día tras otro. Ferreiro ha eliminado en la práctica la mayoría, si no todas, las formas de representación institucional de la ciudad, y sus símbolos, pese a que, no sabemos para qué, la ciudad sigue teniendo un jefe de protocolo.

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Xulio Ferreiro sobresale en otro acto institucional

 

Ha logrado superar a aquel brevísimo alcalde que fue Domingo Merino. Un día, se presentó a saludar al que era alcalde de Unidade Galega el capitán general del Departamento Marítimo de Ferrol, en visita de cortesía, y Merino salió a recibirlo en mangas de camisa. El marino dio media vuelta y dijo que vendría otro día. Esta anécdota recuerda otra protagonizada por el Honorable Tarradellas. Acudió a visitarlo el padre Xirinacs, con camisa a cuadros, pantalón de pana y alpargatas. Al verlo, el presidente de la Generalitat le dijo: ¿Mosén va de excursión? Cuando regrese venga a verme”.

En esto del protocolo, el ceremonial, la cortesía y el respeto institucional cada día vamos a peor en España, mientras otros países mucho más modernos cuidan y mantienen este lenguaje simbólico con esmero. Precisamente, el mismo Tarradellas, cuando regresó del exilio y negoció el restablecimiento de la Generalitat le advirtió a Suárez: “Todo es negociable, menos el protocolo”. Porque sabía el valor de la imagen pública, y que la Generalitat, aunque no fuera todavía restablecida, comenzaría a existir desde el momento en que él fuera tratado como su presidente.

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