Felipe de Borbón mantiene una celebración muy confesional, militar y unitarizante

Felipe VI y Juan Carlos I
Felipe VI y Juan Carlos I

En la celebración de la Fiesta del 12 de octubre, Rey, bandera y ejércitos son los ejes de la celebración, en lugar de los elementos cívicos propios de las fiestas democráticas.

Felipe de Borbón mantiene una celebración muy confesional, militar y unitarizante

La celebración de la Fiesta del 12 de octubre con Felipe de Borbón como Jefe de Estado continúa a ser esencialmente militarizante, confesional y anclada en un simbolismo ceñido al Himno estatal, enorme bandera rojigualda y Jefe del Estado. De la conmemoración estatal española están ausentes activamente los Poderes territoriales, la sociedad civil e incluso las Instituciones constitucionales. Rey, bandera y ejércitos son los ejes de la celebración, en lugar de los elementos cívicos propios de las fiestas democráticas.

La llamada “Fiesta Nacional” (denominación que indica de suyo la negación rotunda de la plurinacionalidad del Estado) consiste esencialmente en un desfile militar presidido por el Jefe del Estado, que comienza con un bomenaje a los “caídos por España”en el que se canta “La muerte no es el final” y se rezan oraciones católicas. Como elementos centrales una bandera inmensa, el himno estatal en su versión “extended”, un desarrollo incompatible con la aconfesionalidad del Estado y un gasto improductivo superior a 800.000 euros. Y nada más, salvo una recepción real no pública a 1.500 personas.

La fiesta no se refleja la pluralidad cultural y lingüística del Estado, ni siquiera se procura territorializar la conmemoración, que siempre se desarrolla en Madrid. Al contrario que en otras conmemoraciones “nacionales” (el 14 de julio francés, la Diada o el Día de Galicia), el mundo de la cultura, de la economía, del deporte, la sociedad civil…están ausentes, como tampoco tienen el menor protagonismo las propias Cámaras legislativas, los Gobiernos autonómicos, el Poder Judicial o el  propio Gobierno del Estado.

La conmemoración estatal descansa esencialmente en los Ejércitos, la bandera y el himno estatales y el Jefe del Estado. En este sentido, en poco se diferencia exteriormente de las celebraciones propias de los sistemas autoritarios y personalistas. Su tono general no es el de una fiesta cívica europea y democrática. Por ello, se entiende perfectamente que [email protected]  [email protected] catalán, vasco y navarra no hayan comparecido, como tampoco lo ha hecho el secretario general de Podemos. Y si han asistido los restantes Presidentes autonómicos ha sido por la llamada a rebato de la Casa Real, el PP y el PSOE: se trataba de dar un mensaje de supuesta unidad al exterior, motivado por la situación creada por el triunfo independentista en las pasadas elecciones catalanas.

Felipe de Borbón ocupa la Jefatura del Estado desde hace casi año y medio. Y, si bien ha mejorado las formas de  la Institución, lo cierto es que no ha apostado por una profunda reestructuración de sus elementos simbólicos y del contenido de sus mensajes. Incluso se diría que ha apostado por la continuidad, al menos relativa, del bipartidismo dinástico (PP-PSOE). No hay  gestos de respeto o integración de la plurinacionalidad y concesiones sólo folklóricas al plurilingüismo.

¿Podemos esperar de la Jefatura del Estado un cambio sustancial en su concepción unitarizante del Estado en la legislatura próxima? Nada contribuye a pronosticarlo. Felipe de Borbón pudo haber usado de su “auctoritas” moderadora y mediadora con posterioridad a las elecciones catalanas, para proponer cauces de diálogo efectivo. Pero no lo ha hecho, sino que ha optado por mandar un mensaje desde el polo inequivocamente unionista. Un mensaje que dice que se encuentra cómodo en la concepción unitaria del Estado que profesan su padre y las élites dirigentes del PP y del PSOE. Es decir, el relato de lo que se ha dado en llamar el Madrid político y el Madrid mediático.

Al fin y al cabo, la decisión popular sobre la Corona se adoptó hace casi 40 años, sin que la ciudadanía pudiera elegir especificamente entre Monarquía y República. Felipe de Borbón se sabe blindado en su función, ya que la reforma posible para suprimir la Monarquía precisaría de mayoría de dos tercios de cada Cámara, disolución parlamentaria y referéndum. De ahí que la Corona se apoye en el bipartidismo dinástico, que es quien ha llamado a Madrid a sus Presidentes autonómicos. Y quien insiste en defender una Institución costosa y anacrónica. Y respecto de la que muchos dudan ya de su utilidad.

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