Feijóo y Caballero

Alberto Núñez Feijóo y Gonzalo Caballero. / RR SS
Alberto Núñez Feijóo y Gonzalo Caballero. / RR SS

Feijóo, el de la triste figura, promete que pondrá la mitad y más en el CHUAC coruñés. Me pregunto para qué. ¿Quizá para jugar al escondite? Pero si no paga personal, equipamiento ni material para dar una atención digna a los ciudadanos que hoy mismo buscarán auxilio.

Las desgracias y malas noticias se amontonan en las portadas de la prensa gallega. Cualquier observador extranjero, observando el desastre, pensaría que en la gallaecia no gobierna nadie. Pero se equivoca, para nuestra desgracia, porque lo que se dice figurar figura un señor que se llama Alberto Núñez Feijóo como Presidente de la Xunta. Figurar no cuesta nada. Al ciudadano sí, claro, que paga el sueldo del figurante. Pero hacer no hace mucho de lo que debe y sí hace mucho porque el resto nos quedemos debiendo. La ruina acosa Galicia.

Y hablando de figurantes, así tendría que ser recordado: Alberto, el de la triste figura. Una pena que de aquel egregio caballero no imitase su empeño en ayudar a los necesitados, auxiliar a los caídos y romper su lanza por toda causa justa por perdida que estuviere. Alberto va del revés, y cualquiera diría que su señoría cabalga bajo su montura a fuerza de esconderse tras la bestia para no reconocer la culpa y escapar de la vergüenza. De la bestia o de quien sea, poco importa, que ya saben vuestras mercedes que la culpa del cierre de Alcoa es de Pedro Sánchez. Ya, y lo fuegos los prende el diablo, los extranjeros nos odian por guapos y por eso acaparamos tan solo el 0,4% de la inversión foránea en España, las empresas se piran a Portugal por  darse un paseo y tomar el fresco, se nos mueren los enfermos de Hepatitis C no por falta de tratamientos dentro de una política de recortes digna de ser llevada al Tribunal de la Haya, sino porque el cabeza de turco y de turno no los quiere recetar. La mierda para fuera, señores. Y si se cae un paseo marítimo, no importa, la culpa es del Alcaide por no mandar que no salga nadie. Digo yo que si invirtiera el tiempo que gasta justificando su incompetencia en trabajar por Galicia otro gallo nos cantaría. Pero, por dios, hablar de gallos cantarines a la Bella Durmiente...

Vergüenza es lo que debería de darle, pero como Feijóo no suelta nada, podemos esperar sentados. O tumbados. Si lo aprietas igual te da, como mucho, una sonrisa de esas tan suyas que hielan el corazón y recuerdan la alegría de los escualos. Porque morder el tipo sabe morder. Que se lo digan a los desgraciados que tengan la mala suerte de tener que pasar hoy mismo por un servicio de urgencias del Sergas. ¿Dónde puñetas mete el dinero de los ciudadanos? Inquiero, aunque si recordamos a los más de mil peperianos imputados por trincar que pululan por los juzgados y cárceles españolas, nos lo podemos imaginar. Eso sí, el de la triste figura promete que pondrá la mitad y más en el hospital coruñés, el ya mastodóntico CHUAC. Me pregunto para qué. ¿Quizá para jugar al escondite? ¿Corremos por las salas vacías? Pero si no paga personal, equipamiento ni material para dar una atención digna a los ciudadanos que hoy mismo buscarán auxilio. Claro, bien pensado, una obra de esas dimensiones mueve mucha pasta. En el Noroeste se recorta lo que va para el Pueblo. Lo otro no. Nos entendemos como buenos gallegos.

Galicia está cayendo porque el business ocupa el tiempo del timonel. Necesitamos un cambio de equipo directivo o caemos a Tercera. El caos, el paro y la desinversión son las amazonas que acompañan al caballero de la triste figura, tan triste que de él diría Sancho, como de su señor: “verdaderamente tiene vuestra merced la más mala figura, de poco acá, que jamás he visto; y débelo de haber causado, o ya el cansancio deste combate, o ya la falta de las muelas y dientes.” Y sí,  la verdad es que de mucha mordida uno se queda desdentado, pero aún sin colmillos se puede seguir cortando la tela: aunque ya no quedan más bancos que vender allende los mares ni autopistas que regalar a fondos mercenarios, sí quedan en nuestras manos algunos servicios sociales que privatizar en los sectores de la educación, la sanidad, la justicia… Este señor pretende vender el Estado entero. A uno le sale eso de ¿por qué no se vende él mismo y nos deja en paz? Pero enseguida nos damos cuenta de la estupidez de la pregunta.

El epitafio de su gobierno, bien podría ser: “dejar de molestar gallegos, que estoy durmiendo”.  Todo adornado con un suave narcocorrido, muy al fondo, como ese de Gerardo Ortíz que derrocha la prepotencia de quien se cree por encima de la Ley:

“No será ahora, ni pa mañana,

Me voy cuando a mí me pegue la gana.”

Dejemos que se lo crea, que piense que todo en la vida dura toda la vida. Que se pueden contar milongas sin fin en los Mundos de Yupi donde reside. Que siga en su sopor de encantador de serpientes, en su castillo de naipes marcados. A lo mejor a Feijóo, el caballero de la triste figura, lo derrota otro Caballero. Que a falta de uno tenemos un par. Y con un par se llega muy lejos. Aunque don Alberto, siempre medrando a la sombra del poder, no sabrá de qué pelotas hablo. Pero no adelantemos acontecimientos: eso se decidirá en las urnas, campo de honor de los demócratas. Para que se produzca el cambio llega con que los gallegos despertemos de esta pesadilla. Y yo que lo vea.  @mundiario

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