Feijóo y Mañueco apelan al voto útil frente a Vox para evitar un bloqueo en Castilla y León
El cierre de campaña del Partido Popular en la Feria de Muestras de Valladolid simbolizó un intento de transmitir normalidad y cohesión interna tras años de tensiones en el partido. Allí, Alberto Núñez Feijóo y Alfonso Fernández Mañueco escenificaron una estrategia centrada en el pragmatismo electoral, convencer a los votantes conservadores de que concentrar el voto en el PP es la única vía para garantizar un gobierno estable.
El mensaje central de los populares se resume en una idea que el líder del PP repitió durante la campaña, que el voto al PP es un voto para gobernar, mientras que el voto a Vox podría derivar en un escenario de bloqueo institucional.
En sus intervenciones, Feijóo acusó a la formación de Santiago Abascal de pedir el voto “para bloquear” y no para facilitar la formación de un Ejecutivo. En su opinión, esa estrategia podría dejar a Castilla y León en una situación de incertidumbre política si los resultados electorales son demasiado ajustados. Aunque el PP parte como favorito en la comunidad, la incógnita principal de la noche electoral es el comportamiento del voto de Vox. La formación de Abascal ya obtuvo en las últimas elecciones cerca del 18 % de los votos y el PP teme que pueda superar el umbral del 20 %.
Ese posible crecimiento preocupa especialmente en el medio rural, donde el descontento de agricultores y ganaderos por acuerdos comerciales como el UE-Mercosur o por las políticas agrarias europeas podría favorecer a la formación de extrema derecha. Castilla y León es una comunidad con un peso significativo del sector agrícola y ganadero, lo que convierte al voto rural en un factor decisivo. Consciente de ello, Mañueco subrayó durante el cierre de campaña el compromiso del PP con el campo y con el sector agroalimentario, que definió como una “seña de identidad” de la región.
El recuerdo de la crisis interna del PP
El escenario del último mitin también evocaba un momento clave en la historia reciente del PP. En esa misma feria de Valladolid se celebró el acto final de la campaña de 2022, en plena crisis interna que enfrentaba a la baronesa madrileña Isabel Díaz Ayuso con el expresidente Pablo Casado. Aquella campaña terminó con un resultado electoral que muchos dirigentes del partido calificaron como decepcionante y desencadenó una crisis de liderazgo que acabaría con la salida de Casado de la presidencia del PP.
Cuatro años después, los populares intentan proyectar una imagen de estabilidad y disciplina interna bajo el liderazgo de Feijóo, en contraste con aquella etapa de enfrentamientos internos. El equipo de Mañueco ha apostado durante estas semanas por una campaña de perfil bajo, centrada en la gestión y en los logros de la administración autonómica en ámbitos como sanidad, educación o dependencia.
Dentro del propio partido algunos dirigentes han descrito la estrategia como “prudente” e incluso “plana”, pero la dirección popular considera que ha servido para evitar la confrontación directa que suele beneficiar electoralmente a Vox. La intención ha sido reducir la polarización política y reforzar la imagen del PP como una opción moderada y centrada frente al discurso más confrontativo de sus rivales.
El factor nacional y la sombra del Gobierno central
Aunque las elecciones son autonómicas, el contexto político nacional también ha estado presente en la campaña. Feijóo ha aprovechado varios actos para criticar la gestión del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, especialmente en materias como impuestos, vivienda o infraestructuras. El líder del PP ha planteado los comicios como una oportunidad para reforzar el liderazgo territorial del partido y continuar la cascada de debacles socialistas de Extremadura y Aragón.
Según su argumentación, una victoria contundente del PP en Castilla y León supondría un impulso para la alternativa política que su partido aspira a construir a nivel nacional. El eje central del discurso popular en la recta final de la campaña ha sido la estabilidad institucional. Feijóo insistió en que el resultado del domingo determinará si Castilla y León tendrá un Gobierno sólido o si el Ejecutivo autonómico dependerá de negociaciones prolongadas con la ultraderecha tras las elecciones.
En este contexto, el líder del PP pidió explícitamente a los votantes conservadores que no den nada por hecho y que participen activamente en las urnas para evitar un escenario de fragmentación política. Mañueco, por su parte, adoptó un tono más moderado, apelando a la “centralidad” y a la necesidad de gobernar sin divisiones ni confrontaciones excesivas.
Un resultado abierto con implicaciones políticas
Las encuestas internas del PP apuntan a una ligera mejora respecto a las elecciones anteriores, cuando la formación obtuvo 31 escaños, uno de los peores resultados de su historia en la comunidad, pero suficiente para pactar con Vox para retener el Gobierno.
Sin embargo, el desenlace final dependerá de la distribución del voto dentro del bloque conservador y de la capacidad del PP para concentrar el apoyo de los votantes que priorizan la estabilidad gubernamental.
Las elecciones de Castilla y León, por tanto, no solo decidirán la composición del próximo gobierno autonómico, sino que también servirán como un termómetro político sobre la relación de fuerzas entre el PP y Vox dentro del espacio político de la derecha española. @mundiario