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Feijóo fue a Madrid a hablar de lo suyo

Lo que pretendía evidenciar Feijóo es que el PP centrado, el que él representa, puede y debe entenderse con el PSOE primigenio, esto es, el moderado, el constitucionalista, el que cree que la Transición fue un acierto, el que no disimula su incomodidad con el rumbo izquierdista de Sánchez.
Feijóo fue a Madrid a hablar de lo suyo
Alberto Núñez Feijóo y Francisco Vázquez. / Forum
Alberto Núñez Feijóo y Francisco Vázquez. / Forum

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Fernando González Macías

Fernando González Macías

El autor, FERNANDO GONZÁLEZ MACÍAS, es articulista y columnista de MUNDIARIO. Periodista y analista político, fue jefe de redacción del diario La Región de Ourense, coordinador del gabinete de comunicación de la Xunta, redactor jefe de los servicios informativos de TVG y director regional de COPE, Onda Cero y Punto Radio. @mundiario

Muchos de los que acudieron al almuerzo coloquio del Hotel Ritz esperaban que Feijóo marcase territorio en el laberinto interno del PP nacional, que no ejerciese de gallego, que dejara claro con cuál de las dos almas de su partido se identifica y mandase alguna señal sobre si está dispuesto a replantearse lo de desembarcar en Madrid. Y se fueron decepcionados. Porque Don Alberto había ido a hablar de lo suyo, de Galicia, de cómo él entiende la política y del modelo de España que defienden los populares gallegos. Un modelo de éxito, que diverge sustancialmente de lo que proponen Vox, Ciudadanos y el propio "casadismo", y que hunde sus raíces en las teorías que defendió alguien como Manuel Fraga, tan poco sospechoso de nacionalismo y en un principio muy crítico con la idea misma del Estado autonómico.

La puesta en escena anticipaba lo esencial del mensaje de Feijóo. El presidente de la Xunta eligió como presentador, no a Casado, su superior orgánico en el PP, ni a un periodista afín, ni a un destacado empresario capitalino, sino a Paco Vázquez. El exalcalde de A Coruña, antiguo embajador de España ante la Santa Sede, histórico socialista gallego de los de primera hora, es hoy un fervoroso "albertista", tras haber coqueteado con el Ciudadanos liberal progresista que irrumpió en la política nacional con vocación de bisagra. Casi nadie se sorprendió de la elección, ni de los elogios que prodigó Vázquez a Feijóo, sabiéndose como se sabe de su estrecha relación de amistad, basada en la recíproca admiración que se profesan.   

Lo que pretendía evidenciar Feijóo es que el PP de siempre, el centrado, el que él representa, puede y debe entenderse con el PSOE primigenio, esto es, el moderado, el constitucionalista, el que cree que la Transición fue un acierto, el que no disimula su incomodidad con el rumbo izquierdista de Pedro Sánchez (o de Gonzalo Caballero en Galicia). Se trata de volver ao rego, porque el Partido Socialista tiene que salir de la trinchera en que está metido y desandar el camino que le llevó a la radicalidad, al igual que los populares, embarcados ambos en una contumaz política de bloques que bloquea la política española, valga el juego de palabras.

El presidente de la Xunta se esforzó en hablar de la Galicia en la que cree, la que destaca en sus carteles electorales hasta casi ocultar las siglas del PP. Porque a él, a su manera, lo que le importa es Galicia, la comunidad que lleva once años gobernando a base de lo que Paco Vázquez definió como "un estilo nórdico", desde la centralidad integradora, primando la gestión sobre la ideología y siendo el principal referente de aquéllos que, a derecha e izquierda, creen que se puede ser autonomista sin reservas a la vez que se defiende la unidad de España. Feijóo y Vázquez coinciden plenamente en aquella idea que defendía el último Fraga: que no solo se sirve al Estado haciendo política en Madrid; también, si se quiere, se puede ser estadista desde Santiago de Compostela, Sevilla, Valladolid o Toledo. Incluso desde Vitoria o Barcelona. He ahí una de las potencialidades del sistema autonómico que cuarenta años después sigue sin desplegar. @mundiario