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MUNDIARIO

FE-CCOO cumple 40 años en la historia educativa española

Tras tanta dejación y deterioro, la situación de la enseñanza –y más en la red pública- requiere no cejar en la demanda diaria: queda mucha tarea.

FE-CCOO cumple 40 años en la historia educativa española
Francisco García Suárez, secretario general de FE-CCOO. / RR SS
Francisco García Suárez, secretario general de FE-CCOO. / RR SS

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Manuel Menor

Manuel Menor

El autor, MANUEL MENOR, es analista de educación de MUNDIARIO. Licenciado en Historia y doctor en Pedagogía, ha enseñado Ciencias Sociales en Secundaria. @mundiario

Casi todo está cumpliendo 40 años. La Federación de Enseñanza de CCOO también los celebró el pasado día cinco y seis de junio. A cuantos españoles han sobrepasado esa edad de connotaciones simbólicas –en la Biblia esta cifra se invoca  como tal 102 veces-,  les recuerda los 40 anteriores, tan grises e intolerantes para cuanto no fuera la verdad nacionalcatólica.

El 40º aniversario de este sindicato de enseñanza celebra la oficialidad de cuando fue legalizado, pero no olvida que muchos trabajadores de ese sector ya llevaban más de dos años jugándose la cárcel en reuniones clandestinas. Habían decidido incorporarse a un movimiento social  que, internamente muy plural en cuanto a filiaciones políticas, ya combatía con riesgo desde los años cincuenta el verticalismo sindical vigente en un franquismo mutante. Entre las luchas mineras de La Camocha y el asesinato de los abogados de Atocha en 1977, junto a las comisiones de otros trabajadores también brotaron y crecieron las del profesorado y magisterio. El primer número de la revista de su Federación, T. E. (Trabajadores de la Enseñanza), saldría en octubre de 1978: todavía no se había pactado la Constitución ni, tampoco, el artículo 27.

El precio de las conmemoraciones –y de una parte de lo que se hace pasar por Historia- es “turistificar” el pasado sin molestarse en cómo interpela al presente o mitificando triunfos –ese estilo aplastante del imperio romano- de dudoso alcance. Hay muchos ejemplos, algunos sonados, pero no parece ser el caso. El libro que han editado no fija un relato canónico de lo acontecido en ese periplo. De 1978 a 2018, “de pacto a pacto”, el lector puede construir el suyo a partir de lo que esa revista –T.E.- ha ido ofreciendo periódicamente a sus afiliados y a cuantos la hayan leído en las salas de profesores: reflexiones, editoriales, entrevistas, informes, anuncios, eslóganes, convocatorias, manifestaciones, reclamaciones, denuncias, estudios, huelgas y minucias de cuanto han ido viviendo en el sistema educativo -en su sector privado y en su sector público- alumnado y profesorado, personal no docente y familias.

La epopeya diaria

Quien quiera saber de logros y fracasos en cuanto a expectativas de atención y cuidado en el sistema educativo, de lo alcanzado y de lo que falta para que cumpla las exigencias que hoy requiere satisfacer un derecho cívico principal, tiene ahí una guía solvente para andar y desandar de nuevo ese camino pedregoso y difícil. Aunque la tendencia humana es ponerse medallas de todo tipo, el itinerario que ofrece esa documentación es verídicamente humilde. Buen dietario de lo acontecido, las sempiternas dificultades  -y los últimos 10 años de crisis- tienen ahí un aire impropio de la epopeya. Sin tiempo para triunfalismos, esas páginas reflejan el afán cotidiano de cuantos prosiguen,  esperanzados, urgiendo un sistema de enseñanza más democrático y más democratizador.

En estos años, los sindicatos han tenido de todo, pero no les son impugnables campañas de desprestigio que, en Educación –como en otros sectores laborales-, han sido promovidos para evitar negociaciones colectivas. Tampoco les es asignable el desdén con que algunos docentes les miran, resabio en parte heredado de los 40 años anteriores. Cuando de un sindicato de clase como el de FE-CCOO se trata, todavía consideran muy digno -pese a lo vivido- mostrar que no tienen nada que ver con otros trabajadores. Les ven como a marcianos y se miran a sí mismos como privilegiados de un sistema económico que les estuviera mimando. Y mientras cultivan su burbuja indiferente,  construir una sociedad más vivible sigue reclamando mentes, voces y manos dispuestas a empeñarse en la tarea. Una buena educación que se preocupe de la convivencia de todos solo es posible si es cosa de todos. Solo cabe desear que quienes dentro de 40 años se paren a mirar las vueltas de este camino, sigan encontrando  compañeros como estos de FE-CCOO. Sin ellos o similares, cualquier catástrofe habrá podido ocurrir. @mundiario