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MUNDIARIO

El falso zafarrancho: una desestabilización que España no necesita

Garicano ha practicado una suerte de contrabando ideológico y profesional, tratando de escudarse en su profesión para descalificar –por cierto, sin argumentaciones sólidas– lo que antes él y su partido daban por bueno.

El falso zafarrancho: una desestabilización que España no necesita
Gobierno, empresarios y sindicatos. / @yolandadiaz
Gobierno, empresarios y sindicatos. / @yolandadiaz

Se glosaba hace unos días en MUNDIARIO un artículo que el eurodiputado de Ciudadanos, Garicano, acababa de publicar en El País. Una descalificación de los mismos Presupuestos Generales del Estado para 2021 cuyo contenido su propio partido no ha puesto en cuestión. Los argumentos de Inés Arrimadas para desmarcarse de su apoyo son argumentos estrictamente ideológicos, y fruto del ejercicio del veto cruzado con otros grupos de la Cámara. Salvo algunas enmiendas, que se estaban negociando, Ciudadanos había votado en contra de todas las enmiendas a la totalidad, dando así apoyo al fondo de los Presupuestos. Aprobación a la que alguien con la relevancia de Garicano en su partido, con toda certeza había dado su visto bueno.

Dio su aprobación, por tanto, a esos presupuestos que ahora denigra. Lo que le deja en evidencia y al borde, cuando menos, del oportunismo si no de algo peor. Con su artículo, Garicano ha practicado una suerte de contrabando ideológico y profesional, tratando de escudarse en su profesión para descalificar -por cierto, sin argumentaciones sólidas- lo que antes daba por bueno. Y se atreve a una temeridad, también sin justificar ni en un solo párrafo de su escrito, como es la de presuponer que el Gobierno de coalición va a ser incapaz de gestionar estos presupuestos y, tirando por elevación, los 140.000 millones procedentes de los Fondos de Reconstrucción Europea. Es decir: una intervención de conveniencias, que otros más directos calificarían de sectaria.

Se sube Garicano al carro de quienes, en las últimas semanas, se han dedicado a propalar afirmaciones que no llegan siquiera a ser unas verdades a medias. Por ejemplo: en diferentes artículos de prensa se ha difundido que la presidenta de la Comisión Europea, o que Ángela Merkel, andan muy preocupadas por la situación española y por la capacidad de nuestro país para gestionar los fondos europeos. Algo que a algunos nos ha tenido varios días inquietos, y que nos ha obligado a indagar en fuentes europeas. Y lo que se descubre es que Úrsula Von der Leyen está insistiendo privadamente a todos los países miembros sobre la gran responsabilidad de aprovechar al máximo estos fondos. Sobre España, su última manifestación ha sido su propio tuit, tras una conversación con el presidente de Gobierno hace apenas quince días: ”Muy buen intercambio con Pedro Sánchez sobre el plan de recuperación y resiliencia en España. Hablamos sobre inversiones y reformas”. Y sobre el propio proyecto de presupuestos, una primera lectura favorable de la CE.

Respecto a Merkel, sí tiene preocupación, pero no sobre el propio Gobierno, sino por la exacerbación del enfrentamiento político desde la Comunidad de Madrid, y sobre la inestabilidad política en Cataluña; e incluso sobre los avatares por los que pasa la Casa Real. Problemas evidentes de España, pero en absoluto, como se ha pretendido hacer entender, relacionados con la existencia de un Gobierno de coalición, al que un agorero medio suizo -amplificado aquí por algunos- ha pretendido restarle capacidad de gestión, proponiendo una intervención y tutela de la CE o del Fondo Monetario Internacional. Como siempre, los principales propagadores de la leyenda negra los tenemos dentro de nuestras fronteras…

Tal amalgama de conjeturas se ha tratado de convertir en un falso zafarrancho (prácticamente en todas sus acepciones de la RAE), con proclama de militares retirados incluida. Y para más agitación, algunos insisten en las descalificaciones al Gobierno con diversos epítetos sin justificación: entre ellos el de “populista”. Me gusta considerar lo que oigo, y encontrarle la razón de ser. Y por más que busco y rebusco, no encuentro, ni en el acuerdo de coalición de gobierno, ni en los hechos de gobernanza, elementos que justifiquen llamar populista al Gobierno de coalición.

No parece que el incremento del Salario Mínimo haya sido un acto de populismo, ni la catástrofe que anunciaban algunos -Banco de España incluido-. Ni parece que sea populista generar una Renta Mínima Vital en un país donde se había llegado, con los malos repartos de la crisis, a un porcentaje elevado de población en riesgo severo de pobreza. Ni parece que la articulación de los ERTEs y el apoyo a los autónomos haya sido un acto populista. Ni demagogia subir un 0,9% las pensiones contributivas y los salarios a los empleados públicos, porque su objetivo es -en un momento en el que falla el turismo- fomentar el consumo interior, incrementando el poder adquisitivo de un colectivo cercano al 30% de la población. Ni parece que sea un indicio de populismo la reiteración del consenso logrado entre Gobierno, Patronales y Sindicatos. Ni lo es que la religión no sea obligatoria para el currículum escolar, o impedir que los colegios concertados queden vedados al conjunto de nuestra Sociedad a causa de cuotas extra obligatorias. Ni lo es siquiera que se esté trabajando en un decreto para impedir los desahucios en medio de la crisis motivada por la pandemia. Es sólo pura política socialdemócrata. Y, por cierto, la revisión del Código Penal, en cuanto a la sedición no es ningún precio a ERC por los presupuestos, porque ya hace más de año y medio el actual presidente de Gobierno había hablado de ello.

Me gustaría que quienes hacen esas afirmaciones concretaran, señalando datos ciertos que las avalen, y no meras ambientaciones ambiguas de ese falso zafarrancho, que desde el pasado enero algunos no dejan de intentar. Lo cual no significa que el Gobierno no cometa errores (que hemos comentado y comentaremos en otras ocasiones), ni tenga deficiencias. O que en un momento determinado se vea abocado a apoyarse en sectores que -legítimos como los restantes- no nos parezcan los más adecuados. Pero entre tener presupuestos y no tenerlos, es preferible dotarse de los medios para hacer unas políticas imprescindibles.

Personalmente habría preferido que Ciudadanos hubiese continuado apoyando estos presupuestos sociales, y caminando hacia el centro. Pero han sido sus propios prejuicios y su obsesión con los vetos los que le han llevado a descolgarse. Y también hay que decir que está más cerca de avalar una transversalidad con el centro y centro-derecha el PNV (con más representatividad de los medios empresariales, y larga experiencia de gobierno) que Ciudadanos, que acarrea el lastre de sus alianzas con la extrema derecha en Madrid, Andalucía, Castilla y León, y Murcia. @mundiario