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El éxito de Ana Pontón es innegable pero no es menos importante todo lo que la ampara

Detrás del BNG, un frente amplio, está un pequeño partido comunista, nacionalista, cuyo modelo no tiene parangón en la Europa occidental. Apenas mil personas activan distintos movimientos políticos, sindicales, sociales y culturales a los que Ana Pontón ha sabido dar una imagen de modernidad.
El éxito de Ana Pontón es innegable pero no es menos importante todo lo que la ampara
Ana Pontón. / Mundiario
Ana Pontón. / Mundiario

José Luis Gómez

Periodista. Editor de MUNDIARIO.

Es indudable que Ana Pontón (Sarria, Lugo, 1977) es una líder política emergente, que viene de hacer una gran campaña electoral en Galicia, con un resultado que causa envidia, sobre todo al PSdeG - PSOE, que volvió a ser tercera fuerza política (15 escaños), al quedar el BNG de segundo, con 19 diputados de un parlamento con 75, donde el PP de Alberto Núñez Feijóo mantiene la mayoría absoluta (41) por cuarta vez consecutiva. Realmente, tampoco nada nuevo: en 1997 ya había pasado lo mismo, con Xosé Manuel Beiras como cartel del BNG y Abel Caballero al frente del PSOE gallego. El Feijóo de entones era naturalmente Manuel Fraga Iribarne, con 42 escaños. Pero detrás de Ana Pontón hay mucho trabajo político –estratégico– y una organización que si bien no es grande sí está muy estructurada y pensada. Nadie habla ahora de él, pero este éxito de Ana Pontón no sería posible sin la figura política de Francisco Rodríguez; Paco, para todos los suyos.

Creada en los años 60, la Unión do Povo Galego (UPG) es un pequeño partido marxista-leninista que controla el BNG, un frente político mucho más homogéneo desde que se fueron en 2012 los sectores críticos, con el socialista Xosé Manuel Beiras a la cabeza. La propia Ana Pontón, líder del BNG, es de la UPG, a diferencia de lo que había sucedido con los dos grandes líderes anteriores, Anxo Quintana, que fue vicepresidente de la Xunta en un gobierno con el PSdeG-PSOE, y Xosé Manuel Beiras. Tampoco Xavier Vence perteneció a la UPG.

En el BNG se puede militar sin estar en la UPG pero actualmente solo la UPG tiene peso en la organización, ya que otros partidos y tendencias que estaban en el también llamado Bloque se fueron o se diluyeron. Detrás del BNG, un frente amplio, está, pues, un pequeño partido comunista, nacionalista, cuyo modelo político no tiene precedentes ni admite parangón en la Europa occidental. Apenas mil personas activan distintos movimientos políticos, sindicales, sociales y culturales a los que Ana Pontón ha sabido dar una imagen de modernidad, con el bng en minúsculas.

Gracias al talento político de líderes como Francisco Rodríguez, casi siempre en la sombra, la UPG es el único partido comunista de Europa occidental capaz de diseñar un frente amplio con representación en todas las instancias políticas y sindicales, desde los ayuntamientos hasta el Parlamento Europeo, pasando por las diputaciones, el Parlamento autonómico y el Congreso de los Diputados. No llegan a mil las personas que son capaces de mantener vivo este inteligente andamiaje político, que se complementa con una gran central sindical, la CIG, en la que se integran más de 60.000 trabajadores, de distintas ideologías, que valoran la capacidad reivindicativa de este sindicato nacionalista.

La influencia del BNG también se extiende a otros ámbitos, al contar con organizaciones específicas para la defensa de la cultura gallega o la lengua propia de Galicia, y empresas de comunicación. Su compleja y pensada estructura sociopolítica apenas es conocida fuera de Galicia, donde los medios de comunicación con influencia en el resto de España tienen a menudo una idea muy parcial de lo que es realmente la exitosa marca BNG de la que Ana Pontón –una gran comunicadora, politóloga de formación– es su portavoz.

En estas elecciones, el gran éxito del BNG fue poner fin a la influencia en Galicia de los comunistas españoles organizados; es decir, la izquierda del PSOE que ahora ocupa Podemos y Esquerda Unida, la marca del Partido Comunista de España. Lo realmente novedoso, por trascendente, es que en Galicia se ha puesto prácticamente fin a un experimento extraño, como es mezclar nacionalistas gallegos y españolistas de izquierdas en una misma opción política, en aras de un pretendido Frente Popular. De hecho, ni en Cataluña ni en Euskadi se le ocurrió a nadie ese tipo de formulaciones políticas, en Galicia denominadas as Mareas, que reunieron –con éxito efímero– a comunistas, ecologistas de izquierdas y, sobre todo, a nacionalistas refractarios a la UPG.

Los pioneros de ese invento político fueron la ahora ministra Yolanda Díaz, de Esquerda Unida, y Xosé Manuel Beiras, ex portavoz nacional del BNG y creador de la marca política Anova. Juntos formaron AGE, que alcanzó representación parlamentaria. Tras el 15-M, a ellos se uniría Pablo Iglesias, ya con Podemos, en una operación que el nacionalismo gallego genuino jamás pudo entender. Para Xosé Manuel Beiras, ese trabajo político supuso una contradicción: él, que estuvo toda su vida frenando la entrada de los comunistas españoles en Galicia, terminó abriéndoles la puerta del cielo nacionalista gallego. Visto de otro modo, lo que no quiso hacer cuando el PSOE de Felipe González le ofreció en la Transición ser su referente en Galicia –entonces Beiras lideraba el PSG–, lo hizo muchos años después con Pablo Iglesias, líder de Unidas Podemos y actual vicepresidente del Gobierno con el PSOE de Pedro Sánchez.

¿Vector resultante? Ana Pontón y la UPG deberán decidir ahora qué quieren hacer con el BNG. Tienen al menos dos opciones: seguir en la misma línea, a sabiendas de que probablemente han tocado techo electoral con su actual modelo o ensanchar el BNG, dando entrada a otras tendencias políticas y culturales del nacionalismo gallego, de modo que puedan crecer no solo a costa de la izquierda española sino también del PP, donde hay un sector galleguista apreciable. Un viejo dilema para la UPG, que deberá adaptar a un nuevo tiempo político sus prioridades, a caballo entre las demandas sociales y la autodeterminación de Galicia. Parece pronto todavía para saber hacia dónde moverá el dedo Paco. @mundiario