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Evidencias e incógnitas en el renacimiento del feminismo en España

Más allá de las diferentes orientaciones que habitan en su interior, feminismo es un término que se identifica con la lucha de las mujeres por conseguir sus derechos. En el ámbito del Estado español, el movimiento feminista nació y adquirió fuerza en la década de los 70 del pasado siglo. 

Evidencias e incógnitas en el renacimiento del feminismo en España
La lucha feminista en la calle. / @nrdgranada
La lucha feminista en la calle. / @nrdgranada

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Suso Veiga

Suso Veiga

El autor, SUSO VEIGA, columnista político de MUNDIARIO, es profesor de la Facultad de Económicas de la Universidad de Santiago de Compostela (USC). Fue portavoz económico del BNG en el Parlamento de Galicia entre 1993 y 2005, y asesor del Gabinete de la Vicepresidencia de la Xunta de Galicia desde setiembre de 2005 hasta abril de 2009. @mundiario

Lo sucedido en el reciente 8 de Marzo fue la confirmación de la extraordinaria vitalidad demostrada un año antes en las masivas movilizaciones convocadas por las organizaciones feministas. Tal circunstancia provocó el nerviosismo y la máxima  beligerancia en los grupos políticos y en los  opinadores más conservadores. Por eso, convendría rescatar algunas evidencias.

Más allá de las diferentes orientaciones que habitan en su interior, feminismo es un término que se identifica con la lucha de las mujeres por conseguir sus derechos. En el ámbito del Estado español, el movimiento feminista nació y adquirió fuerza en la década de los 70 del pasado siglo. 

El feminismo es, en primer lugar, un movimiento reivindicativo y de denuncia. Desde esta perspectiva, se expresó de manera inequívoca y clara: en el siglo  XX, las mujeres no disfrutaron de los mismos derechos ni de la misma consideración social que los hombres. Su papel estuvo restringido, en líneas generales, al de esposa (subordinada) y madre, cuidadora del hogar, y su implicación en la vida pública, en la actividad productiva y en la actividad cultural estuvo limitada por su rol principal de esposa y madre y oscurecida por una visión masculina de la historia. Y todo eso en un marco en el que la  heterosexualidad es norma, apenas cuestionada, que define los límites en los que las mujeres – y los hombres– verán transcurrir sus vidas. 

Esta situación implica, además de una violación flagrante de derechos humanos, la imposibilidad de que las mujeres consigan una plena realización personal y una verdadera autonomía y, además, las somete al riesgo de sufrir la violencia por parte de quienes tienen una posición de dominio sobre ellas (padres, maridos, jefes...).

En nuestro entorno geográfico más próximo es constatable que la posición de las mujeres experimentó significativos avances, fruto de la lucha feminista, del desarrollo de las ideas democráticas, de la mejora de las condiciones de vida de un número importante de personas, de la reflexión y de los cambios de actitud registrados en el universo masculino, de la irrupción en la vida social, cultural, productiva y política de muchas mujeres, de su mayor independencia económica y autonomía personal... 

Sin embargo, resulta indiscutible que aún hay un largo camino pendiente para ser recorrido. Son muchas las mujeres que no consiguieron estos avances o que les llegaron de manera insuficiente.  Ahí están el desempleo femenino  endémico, la precariedad del trabajo, la brecha salarial, la  feminización de la pobreza. Estamos aún lejos de la autonomía económica de las mujeres y de la equiparación salarial. El crecimiento de grandes bolsas de marginación social, como las de las inmigrantes o las de las mujeres que ejercen la prostitución, muestran que los más elementales derechos humanos son ajenos a muchas de ellas. Si bien el acceso de las mujeres a puestos relevantes en el mundo profesional, económico y político mejoró, las cifras son  testarudas y la desigualdad es muy contundente aun en los campos de mayor peso social y económico.

Las ideas conservadoras sobre el lugar que deben ocupar en la familia y la resistencia masculina a adoptar un papel más activo en el trabajo doméstico, así como la atención a niños y ancianos, siguen suponiendo un importante obstáculo para la realización de las mujeres. La violencia es una manifestación extrema de la opresión y el menosprecio que sufren tantas mujeres de manera cotidiana en nuestro mundo. La norma heterosexual impuesta y, por tanto, la homofobia, siguen marginando y negando derechos legítimos a las personas que manifiestan una opción sexual diferente.

Los movimientos sociales expresan las ideas, las reivindicaciones o los deseos de cambio de una parte de la sociedad, asentándose fuera de las instituciones políticas. Los movimientos sociales actuaron repetidamente como una fuente promotora del cambio social y político. Hasta los años sesenta del siglo  XX el movimiento sindical fue el más masivo y estable. A partir de entonces, aparecieron con fuerza los llamados nuevos movimientos sociales, que fueron ampliando su campo de actuación a esferas distintas de las que abarcaba hasta ese momento el movimiento sindical (la producción, la organización del trabajo, la seguridad social, las remuneraciones salariales,... ). Los nuevos movimientos vinieron ocupándose de los derechos de las mujeres, de la paz mundial, de la defensa de los recursos naturales, de la solidaridad con los países menos  desarrollados, de la lucha contra la pobreza... 

Los éxitos de las movilizaciones del 8- M colocaron encima de la mesa una vieja polémica: ¿cual debe de ser la relación entre las organizaciones feministas y los partidos políticos? ¿Las primeras están condenadas a ser apéndices de los segundos? ¿Deben aceptar un papel  subalterno en los procesos de confrontación que se desarrollan en el espacio de la política? El comienzo inmediato de un nuevo ciclo electoral multiplicó el interés o la inquietud entre los dirigentes de las formaciones partidarias por mor del posible impacto en las urnas de las masivas manifestaciones registradas en las calles.

Después del 28 de Abril y del 26 de Mayo podremos hacer consideraciones más concretas sobre el “efecto feminista” en esas citas. Mientras tanto, los partidos pueden  aclarar el alcance concreto de sus compromisos con las demandas formuladas por las organizaciones que fueron capaces de convocar a millones de personas en los últimos meses en defensa de la igualdad y de la dignidad de las mujeres. @mundiario