“Si Europa retira su apoyo a Guaidó será un golpe muy duro para Venezuela”, advierte una ONG

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El simbólico presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó (reconocido por 60 países), junto al jefe de la diplomacia de la Unión Europea, Josep Borrell (derecha), en Bruselas. / El País
Si el bloque de democracias más grande del mundo, la UE, decide dejar de llamar y reconocer a Juan Guaidó como “presidente interino”, la estrategia de presión internacional sobre Maduro podría perder fuerza.
“Si Europa retira su apoyo a Guaidó será un golpe muy duro para Venezuela”, advierte una ONG

El viejo continente tomará pronto una decisión clave. El país que vive la crisis económica, política y social más profunda de América y una de las más alarmantes del planeta, se mantiene bajo la mira del mundo democrático por el grado de deterioro que ha sido inducido por la deriva autoritaria del régimen comunista que lo gobierna. Luchar contra ese sistema de corrupción, monopolios, intereses y fuerza militar se ha convertido en la premisa de la población para su supervivencia y en el objetivo principal de la clase política opositora a eso que muchas naciones democráticas califican como dictadura. 

Y es que ante el cierre del ciclo totalitario del Gobierno de Nicolás Maduro, presidente (de facto) de Venezuela, para controlar la última institución legítima que quedaba en ese país, las salidas políticas a un conflicto que ya suma dos años, aunque Venezuela lleva seis años en crisis, se cierran cada vez más por los cambios de posiciones que los grandes actores del poder global podrían tomar en 2021 hacia esa otrora potencia petrolera.


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“El régimen de Maduro amenaza al presidente Juan Guaidó y a los demás diputados de la oposición con acusarlos de un delito de usurpación de funciones a partir del 5 de enero”, advierte Alfredo Romero, presidente de Foro Penal, la más importante ONG (organización no gubernamental) venezolana de defensa de los derechos humanos. 

Esto implica que la dictadura chavista podría ejecutar una nueva maniobra en el Tribunal Supremo de Justicia para anular el fuero parlamentario que la Asamblea Nacional de mayoría opositora, aún vigente, le concedió a Guaidó, su presidente y también presidente interino de Venezuela reconocido por 60 países, para prolongar su gestión como jefe del Parlamento a través de la figura de la “continuidad administrativa”, que la AN aprobó hace días a pesar de que ese instrumento jurídico no existe en la Constitución venezolana. 

¿Juego cerrado?

Sin embargo, ante la falta de legitimidad que tiene el régimen de Maduro por haber sido reelecto en una elección fraudulenta en 2018 y haber derivado su autoridad de un proceso amañado, lo que lo hace incurrir en un delito político de usurpación de funciones, la Asamblea Nacional opositora, legítimamente electa en 2015 pero suprimida por el chavismo a través del Tribunal Supremo, creó una ley llamada Ley del Estatuto de la Transición para garantizar lo que Guaidó prometió en 2019 como el “cese de la usurpación”, es decir, sacar a Maduro del poder a través de una negociación o de la presión internacional. El problema es que ese escenario se torna cada vez más lejano si no hay potencias extranjeras que obliguen al chavismo a entregar el poder por la vía diplomática sin que haya un golpe de Estado militar que vuelva a Venezuela más ingobernable de lo que ya es. 

En esa fecha, el martes 5 de enero de 2021, acabará su mandato la Asamblea Nacional, de mayoría opositora, elegida en 2015 por una arrasadora victoria de la coalición antichavista; y se constituirá el nuevo parlamento salido de las elecciones del pasado 6 de diciembre, que ni la OEA (Organización de Estados Americanos), ni la UE (Unión Europea) ni el Grupo de Lima reconocen.

Por lo tanto, aunque la falta de reconocimiento de esos importantes actores geopolíticos, así como de la mayor potencia mundial; Estados Unidos, sobre la Asamblea Nacional de la dictadura chavista, podría bloquear el acceso del Gobierno de Maduro a los mercados internacionales de deuda, exportaciones e inversiones -movidos principalmente en dólares y en euros-, Caracas intentará mantener el puente diplomático-financiero vital en que ya se ha convertido Irán, pero las sanciones de Washington, de mantenerse vigentes bajo la Administración de Joe Biden, podrían sacar a Teherán y a Rusia del tablero con el objetivo de dejar aislado y sin proveedor de gasolina, créditos y petróleo al régimen venezolano, lo cual haría eventualmente colapsar la estructura financiera del chavismo con una posible repercusión en el apoyo de la élite militar que lo sostiene en el poder.

¿La oposición venezolana en jaque?

Guaidó ya ha anunciado su propósito de seguir ejerciendo como presidente de la Asamblea hasta que se celebren unas elecciones presidenciales y legislativas con garantías democráticas y los socios de la UE deben decidir antes de esa fecha si le mantienen su reconocimiento institucional o lo degradan a la condición de líder opositor. Es decir, si el todavía “presidente interino” pierde ese fuero, perderá acceso a las cuentas del Estado venezolano en bancos corresponsales europeos donde el país tiene más de 4.500 millones de euros en fondos represados en entidades de Portugal, Inglaterra, Suiza y España. 

No poder controlar ese dinero supondría el fin de la estrategia de Guaidó para articular la logística que implica un proceso de negociación con mediación internacional sobre la crisis de Venezuela, ya sea dentro o fuera del país, así como también el financiamiento de los gastos inherentes a los viajes y gestiones diplomáticas de sus funcionarios en Estados Unidos, la Unión Europea y América Latina, que hacen lobby ante esos Gobiernos para seguir presionando económicamente al régimen de Maduro como un factor de fuerza rumbo a una negociación.

El abogado Alfredo Romero, director del Foro Penal Venezolano, rechaza “entrar en los aspectos políticos de la decisión”, pero advierte de las “consecuencias jurídicas”. “Si Europa retira su respaldo (legal) a los diputados de la Asamblea será un golpe muy duro, los dejará sin protección frente al régimen”, advierte. “Aunque teóricamente los parlamentarios gozan aún de inviolabilidad, muchos han sido detenidos o se han tenido que exiliar y refugiar en embajadas extranjeras en estos años”, explica. Por lo tanto, ya no habría sanciones por parte de Bruselas si el régimen chavista los persigue políticamente, algo que motivaría a Maduro a sacar del juego a los aliados internos de Guaidó para aislar al líder opositor y darle la estocada final con una posible detención arbitraria que encarcele al presidente encargado tal y como se mantuvo preso por más de cuatro años Leopoldo López, líder radical de la oposición actualmente exiliado en España, quien busca presionar para la salida de Maduro desde la acción diplomática europea.

Entonces, si el bloque de democracias más grande del mundo, la UE, decide dejar de llamar y reconocer a Guaidó como “presidente interino”, la estrategia de las sanciones para acelerar un proceso de negociación al que el régimen chavista se vea obligado a acceder por la entrega del poder frente a la oposición, se desvanecerá en caso de que la última carta de liderazgo político anti-dictadura en Venezuela termine aislado en una prisión militar, Juan Guaidó, si este no logre escapar antes al exilio junto a Leopoldo López para formar una coalición opositora venezolana extranjera o un “Gobierno interino en el exilio”. @mundiario

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