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MUNDIARIO

Que Europa deje de ser acreedora de sí misma

Un manifiesto sugestivo, razonable y creativo propone que los Estados devuelvan su deuda con inversiones en progreso social, medioambiental y formativo.
Que Europa deje de ser acreedora de sí misma
Bandera de Europa. / Mundiario
Bandera de Europa. / Mundiario

Muy significativa la respuesta en tromba de De Guindos (ya conocemos su ideología) y de la cúpula del BCE ante el manifiesto de los cien economistas de diversos países europeos en el que proponen la condonación de ese 25% de la deuda pública europea que está en manos precisamente de Europa. Es decir: Europa acreedora de sí misma, mientras los Estados miembros aparecen lastrados ante la confianza financiera internacional. Consecuentemente proponen una condonación de esa deuda interna, o la transformación en una deuda perpetua sin intereses.

Creatividad frente a burocracia

Ese manifiesto parece sugestivo y hasta razonable. Y enormemente creativo, porque lo que hace es proponer que los Estados den un paso adelante, porque está condicionando la medida propuesta a que los Estados realicen, por el mismo monto, un programa de inversiones en progreso social, medioambiental y formativo, que venga a complementar los fondos de recuperación cuya cuantía el Parlamento Europeo proponía que fuese casi veinte veces mayor. Así planteado no se trata de una condonación, sino de una financiación. Y de una propuesta estratégica de futuro.

La respuesta desde la cúpula del BCE es todo lo contrario a una actitud creativa: sacan el reglamento, precisamente ante quienes, desde las Instituciones Europeas pueden modificar el reglamento. Es decir, pueden cambiar el modelo de futuro tanto financiero como productivo, y de relaciones internas en la Unión. Algo de lo que tanto se habla, precisamente en los momentos en los que se realiza un esfuerzo conjunto para crear una “Nueva Generación”.

Y el argumento que dan desde el BCE de que lo prohibe el artículo 123 del Tratado de funcionamiento de la Unión, lo contradice en buena medida el mismo articulo que citan, en su segundo párrafo, cuando permite tratar a los bancos públicos como a la banca privada... (ay, Solchaga, ay Aznar, qué faena nos hicísteis con aquello de Argentaria). 

Dinamización innovadora

¿Por qué, por ejemplo, -y a cambio de la condonación- el ICO, o cualquier banco público, no puede recibir, en nombre del BCE, las devoluciones de la deuda, para financiar a coste cero esos proyectos de que se habla en el manifiesto? Sería una innovadora dinamización del funcionamiento institucional, incluso sin cambiar los reglamentos. El citado articulo 123 lo permite, abriendo un camino en su segundo párrafo frente a las limitaciones que implanta en el primero. Creo que vale la pena considerar todo el mencionado articulo:

Art. 123

1. Queda prohibida la autorización de descubiertos o la concesión de cualquier otro tipo de créditos por el Banco Central Europeo y por los bancos centrales de los Estados miembros, denominados en lo sucesivo bancos centrales nacionales, en favor de instituciones, órganos u organismos de la Unión, Gobiernos centrales, autoridades regionales o locales u otras autoridades públicas, organismos de Derecho público o empresas públicas de los Estados miembros, así como la adquisición directa a los mismos de instrumentos de deuda por el Banco Central Europeo o los bancos centrales nacionales.

2. Las disposiciones del apartado 1 no afectarán a las entidades de crédito públicas, que, en el marco de la provisión de reservas por los bancos centrales, deberán recibir por parte de los bancos centrales nacionales y del Banco Central Europeo el mismo trato que las entidades de crédito privadas.

Y es que las Instituciones comunitarias, cuando se desviaron de su propio proyecto constitucional, han ido esclerotizando cada vez más su rigidez. ¡Y menos mal que ante la crisis generada por la pandemia no han reaccionado de una forma tan burocrática y mezquina como en la crisis financiera anterior! La respuesta abrupta de De Guindos y otros del BCE es un síntoma de esclerosis.

Ante una reflexión razonada de ese tipo lo que necesita Europa no es un cerrojazo, sino una consideración de las propuestas, y hasta un diálogo de expertos (no de burócratas a sueldo) que de una vez ayude a abrir caminos a una Europa capaz de valerse por sí misma con agilidad, y se decida por fin a rejuvenecer. Y que abandone sus reflejos burocráticos de madrastra [email protected]