“Europa está condenada a su ruina y final”: ¿verdadero o falso?

Bandera de Europa.
Bandera de Europa.

Sin la Unión Europea, los problemas descritos por George Steiner, Premio Príncipe de Asturias 2001, serían todavía más visibles, más agudos y con consecuencias más angustiosas. El autor plantea una alternativa para la UE.

“Europa está condenada a su ruina y final”: ¿verdadero o falso?

George Steiner, Premio Príncipe de Asturias 2001 y según Mario Vargas Llosa la figura más importante del humanismo europeo moderno, describió su visión de “La idea de Europa” en una conferencia en Amsterdam 2004: un ensayo muy pesimista basado en lo que él denomina la pesadilla de la historia europea. Para que su profecía no se cumpla, es necesario que los europeístas levanten su voz.

Steiner nació 1929 en París, en el seno de una familia judía de origen vienés. Después de ejercer como periodista en The Economist, fue catedrático en universidades tan distinguidas como Princeton, Cambridge, Ginebra, Oxford y Harvard.  Su libro “La idea de Europa” contiene un prólogo del premio Nobel de literatura Vargas Llosa, en el cual se resume el argumentario de Steiner de la siguiente manera: Europa se caracteriza por sus cafés repletos de gentes y palabras, por su paisaje caminable y la geografía hecha a la medida de los pies, por poner a sus calles y plazas el nombre de sus más distinguidos estadistas, científicos, artistas y escritores, por su descendencia de Atenas y Jerusalén, es decir la razón y la fe, y por creer que, luego de alcanzar un cierto apogeo, sobrevendrá su ruina y final.

El pesimismo de Steiner se basa en lo que él denomina la pesadilla de la historia europea: los odios étnicos, el chovinismo nacionalista, los regionalismos desaforados, el antisemitismo latente y la banalidad y vulgarización de los productos culturales de consumo.

El panorama europeo actual parecería darle la razón a Steiner: sirvan las guerras de los Balcanes o Ucrania como ejemplo para los odios étnicos todavía vigentes; sirvan la aparición de partidos populistas de derechas e izquierdas en todo el continente como ejemplos del auge del chovinismo nacionalista; sirvan los problemas en Cataluña, el País Vasco, Bélgica o Escocia como ejemplos de lo que Albert Einstein definía de la siguiente manera: “El nacionalismo es una enfermedad infantil. Es el sarampión de la humanidad”; sirvan las continuas muestras de antisemitismo y xenofobia para dar en parte razón a Steiner, que en 1969 escribió la terrible frase: “Europa se suicidó al matar a sus judíos”; y sirva el creciente consumo en España de la telebasura, documentado en el artículo “24 hora de ´zapping´ en vena: el vía crucis de un teleadicto” que publicó El País el 23 de abril de 2016, para confirmar las palabras de Steiner, para quien “no es la censura política lo que mata (la cultura): es el despotismo del mercado y los acicates del estrellato comercializado”.

¿Qué pasaría si regresamos a la Europa de las naciones independientes y rivales entre sí?

Me atrevo a formular, no obstante, otra tesis: sin la Unión Europea, los problemas descritos anteriormente serían todavía más visibles, más agudos y con consecuencias más angustiosas.

Después de que en palabras de Steiner entre 1914 y 1945 perecieran 100 millones de personas por obra de la guerra, hambruna, deportación, limpieza ética y las “bestialidades indescriptibles” de Auschwitz o el Gulag, hemos tenido en la Unión Europea más de 60 años de paz entre países. No quiero ni pensar lo que pasaría si regresamos a la Europa de las naciones independientes y rivales entre sí.

Los avances europeos en prosperidad han sido únicos en su historia. Además, solo si seguimos en la senda de la unión, jugaremos un papel relevante en un mundo siempre más global y cambiante, como consecuencia de las revoluciones tecnológicas y digitales que son imparables. Como resalta Bruselas, en 2050 ya ni Alemania pertenecería al G8, porque en el ranking mundial tomando como referencia el PIB ocuparía la novena posición. Pero como Unión Europea, mantendríamos con un cuarto puesto un lugar privilegiado entre las grandes potencias económicas del mundo.

Nos ha invadido un cierto pesimismo en cuanto a la unión política, económica y social de Europa, por los errores en la gobernanza de las crisis del euro, de los refugiados, de la cohesión social, de la seguridad interna y externa, etc. Pero nos olvidamos que en Europa siempre han existido crisis y que han podido ser superadas con pragmatismo y paso a paso. ¿Por qué no esta vez, si nos esforzamos todos los que creemos en una Europa unida, para así quitarle parte de razón a la sentencia del poeta irlandés William Butler Yeats: “A los mejores les falta convicción, mientras que los peores están llenos de pasión e intensidad”?.

Barack Obama: "A veces hace falta un extranjero para recordaros la magnitud de lo que habéis conseguido”

Los pesimistas, cuyo número crece de día en día en Europa,

> echan en falta a líderes políticos “como los de antes”: pero ser político hoy en día es una profesión mucho más complicada, por los cambios de paradigma en los procesos y controles de decisiones, la comunicación, los medios, las demandas de la sociedad civil, etc., Además, la historia nos ha demostrado que muchos políticos se crecen frente a las adversidades. Seamos pues optimistas y que esta vez también lo hagan.

> atribuyen la culpa de todos nuestros males a Bruselas: pero olvidan que el problema tiene su origen principal en la bicefalia que gobierna la Unión Europea.  Habrá que decidir una vez por todas si preferimos como órgano máximo al Consejo Europeo, compuesto por los jefes de gobierno de los 28 países de la Unión, o a la Comisión Europea, lo que significaría un verdadero gobierno central, con el Parlamento Europeo como instancia de control. Para la segunda opción es necesario que las naciones cedan competencias y soberanía. ¡Ojalá el eje franco-alemán, motor hasta ayer de la mayoría de los avances europeos, se ponga algún día al frente de este proceso!

> critican la gobernanza de la eurozona, por ejemplo en la crisis del euro, en la lucha contra los paraísos fiscales, en la batalla contra la desigualdad, de la canciller Merkel contra los demás jefes de gobierno, del Banco Central Europeo contra las otras instituciones: Pero hay avances hacia una unión económica, fiscal, bancaria, etc. que hace un par de años eran impensables. Y hay propuestas de los presidentes de las 5 instituciones europeas muy ambiciosas y que solo tendrían que contar con la voluntad política necesaria para ponerlas en marcha.

> sostienen que una Unión de países no puede funcionar sin una lengua común: pero el inglés se está convirtiendo en Europa en esa “lingua franca”, le pese a quien le pese.

>  piensan que la predicción de Steiner del final de Europa se ha convertido en una opinión tan mayoritaria entre sus ciudadanos, que no va ser posible cambiar la tendencia (que los ingleses definirían como una self fulfilling prophecy): para contrarrestarla,  el mundo intelectual debería en mi opinión posicionarse más a favor de la Europa sin fronteras ni pasaportes, del intercambio de estudiantes a través de Erasmus y Bolonia, del mercado único, libre comercio, la competitividad y el euro, de la cooperación, el diálogo y la solidaridad, de las diferencias, pero también de los valores que nos unen. Si no es posible con los 28 miembros de la Unión Europea actual, por lo menos con los países que así lo deseen. Porque, citando una vez más del prólogo del escritor peruano Vargas Llosa, “con todas la lacras que arrastra, Europa es, en el mundo de hoy, el único gran proyecto internacionalista y democrático que se halla en marcha y que, con todas las deficiencias que se le puedan señalar, va avanzando… No solo para los europeos es importante que la Unión Europea se consolide y progrese. El mundo estará mejor equilibrado si una gran comunidad europea sirve de contrapeso a la única superpotencia que ha quedado en el escenario… Contrapeso significa competencia, diálogo, incluso tensión amistosa, no hostilidad”. También el presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama definió hace poco el proyecto europeo como “uno de los logros políticos y económicos más grandes de la época moderna”, para añadir: “He venido al corazón de Europa para decir que EE UU y todo el mundo necesita una Europa fuerte, próspera, democrática y unida. A veces hace falta un extranjero para recordaros la magnitud de lo que habéis conseguido”.

Es necesario elevar nuestro punto de mira de lo nacional a lo europeo

Para que Europa se consolide y progrese, es en mi opinión necesario elevar nuestro punto de mira de lo nacional a lo europeo. Que nos definamos siempre menos como ciudadanos de un país concreto y siempre más como ciudadanos europeos. De acuerdo con la definición de la UNESCO, “la cultura es el conjunto de rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y colectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social y que abarca, además de las artes y las letras, los modos de vida, las maneras de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias. Es en este sentido que cuando hablamos de cultura, estamos hablando fundamentalmente de la memoria de un país; de aquello que nos hace ser quienes somos”. Si cambiamos un país por Europa, la definición quedaría así: “…Es en este sentido que cuando hablamos de cultura, estamos hablando fundamentalmente de la memoria de Europa; de aquello que nos hace ser quienes somos”. Y si ponemos en marcha por fin el pasaporte europeo, daríamos un paso importante hacia la ciudadanía europea.

Europa después de la austeridad. / Dibujo de Rom, de Holanda
Europa después de la austeridad. / Dibujo de Rom, de Holanda

 

Cito de una estupenda conferencia de Carmen López-Portillo, rectora de una universidad mexicana, que define su país de la siguiente manera: “Nuestra cultura es una expresión de la totalidad de lo que somos, de nuestra historia de encuentros y rupturas, esa historia de confluencias, diálogos, fracturas de la que se han nutrido nuestras costumbres, nuestros valores, nuestros principios y colores; sucesión dinámica de combinaciones; definición y búsqueda; cambio y permanencia; unidad y diversidad: En nuestro mestizaje cultural convergen, como ya vimos, Oriente y Occidente, la tradición árabe con el mundo clásico, el judeo-cristianismo con el mundo precolombino: testimonios de la polifonía de nuestras expresiones, entretejimiento de tiempos, multiplicidad de lenguas, antagonismos superados en la creación…A través de la riqueza de los elementos que los constituyen muestran la heterogeneidad étnica y cultural del mundo prehispánico que se encuentra y acentúa con la presencia diversa y los influjos provenientes de otras latitudes. Sabemos que la identidad se construye a partir de la conciencia de aquello que distingue y diferencia. En el caso de México esa identidad se ha construido no sólo en la oposición y la ruptura, sino en la integración…Las comunidades se consolidan cuando los hombres y las mujeres que las confirman se identifican, cuando viven su vida y la interpretan a partir de los valores y significados aceptados como propios. La identidad sería entonces la aceptación de una forma de ser común que se cultiva cotidianamente”.

¡Qué defensa más hermosa de un país lleno de problemas políticos, económicos y sociales, por lo menos de la misma envergadura que los que tiene Europa actualmente, pero orgulloso de pertenecer a una identidad única! ¡Y cuánto echo de menos defensas parecidas de una Europa Unida por parte de más intelectuales europeos que cultiven cotidianamente nuestra historia, cultura y forma de ser común!

“Europa está condenada a su ruina y final”: ¿verdadero o falso?
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