Los eufemismos son una forma de corrupción lingüística que expresa la hipocresía social

Yolanda Díaz. / RR SS
Yolanda Díaz. / RR SS
Bar de alterne, daños colaterales, tercera edad, tarificación...y ahora, derogación. 
Los eufemismos son una forma de corrupción lingüística que expresa la hipocresía social

Es muy frecuente el uso del eufemismo para evitar la dureza de una palabra o un efecto negativo o impresión sobre quien escucha o lee. En el fondo, el eufemismo es un barniz sobre la realidad, una apariencia, porque no agrada la palabra exacta; podría decirse que es una corrupción del lenguaje y hasta de la sociedad, en palabras de Octavio Paz: “Cuando una sociedad se corrompe, lo primero que se gangrena es el lenguaje”.

Todos habrán leído expresiones como limpieza étnica o solución final para evitar el uso de genocidio, expediente de regulación de empleo por despido, bar de alterne por prostíbulo, daños colaterales por víctimas civiles, tercera edad por vejez, tarificación por peaje, y tantas otras.

Derogación de la reforma laboral

El diccionario de eufemismos aumenta de volumen. Últimamente hemos oído con insistente frecuencia la expresión derogación de la reforma laboral, por no utilizar modificación. La ministra Díaz acabó explicando el porqué de este eufemismo: derogación es una palabra fetiche, políticamente hablando, aunque desde un punto de vista práctico significa otra cosa; es de suponer que se quería referir a reforma o reforma parcial, expresión que siguió eludiendo para evitar la indignación de sus correligionarios y su postura de mantenella  y no enmendalla. Sus palabras exactas fueron: “Técnicamente la reforma laboral no se puede derogar: una cosa es el fetiche político y otra lo que vamos a hacer.”  Un engaño, ¿a quién?, y vana pérdida de tiempo.

Ella sabía perfectamente que la derogación no era posible, porque no tenían recambio completo para una sustitución total de la norma. Por otra parte, la UE pone sus condiciones para las ayudas aprobadas, con el fin de que éstas se utilicen para mejorar la estructura económica española, como saben ella y, sobre todo, la vicepresidenta primera.

Pero hay algo más. Sánchez y todos sus ministros locuaces alardean de la mejora de la economía española, y para ello exhiben el aumento de cotizantes a la Seguridad Social, cuya cifra actual prácticamente iguala a la existente a finales del año 2019, a pesar de la denostada ley de reforma laboral aprobada en tiempos del PP, que sigue en vigor.

No hablaré de los, posiblemente, necesarios retoques en la ley, porque desconozco la materia, pero sí diré que, antes de tirar la primera piedra contra los empresarios que mantienen empleos precarios, la Administración, en sus distintos niveles, debería dar ejemplo y acabar con los profesores a los que se despide al finalizar el curso escolar, los funcionarios que mantienen en régimen de interinidad durante años, los contratos de fines de semana al personal sanitario, etc.

Está claro que hay una alta precariedad en el empleo de las empresas privadas y que la contratación por días, firmando simultáneamente varios contratos de un día, se aproxima a la forma en que, en otros tiempos, se contrataba en las plazas de los pueblos a los jornaleros agrícolas en época de recolección. La Administración debería dar ejemplo.

¡Qué falta de realismo!, ¡qué falta de humildad para distinguir entre  lo que es posible y la utopía! La cuestión es la apariencia, el engaño mediante el cambio de nombre o el uso de fetiches, como dice Díaz. Acabamos de ver otro ejemplo: la ley de la vivienda que han aprobado, aunque su aplicación quede desvirtuada por las competencias transferidas a las comunidades autónomas sobre esta materia. Pero servirá para que en la próxima campaña electoral alardeen del control de los alquileres y de la derogación fetiche, entre otras cosas que aún nos quedan por ver.

Los eufemismos son una forma de corrupción lingüística que expresa la degradación de las conciencias y la hipocresía social. @mundiario

Los eufemismos son una forma de corrupción lingüística que expresa la hipocresía social
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