Estoy aprendiendo francés, por si acaso, y ya sé decir: "L'Espagne ne va pas bien"

François Hollande, presidente de Francia.
Frente a las directrices de Alemania que impone Angela Merkel, Francia representa otra manera de hacer política. De hecho, François Hollande se está convirtiendo en el “enfant terrible” de Europa.

Si hay una frase que me molesta particularmente es la dichosa “Derecha e Izquierda, lo mismo es” o “todos los partidos son iguales, todo es lo mismo”, porque, como socialdemócrata, tengo un credo: creo en una sociedad pacífica y democrática, basada en la justicia social, la libertad y la solidaridad, desde un prisma progresista, y la defensa de la más amplia participación ciudadana, la protección del medio ambiente y la integración de las minorías sociales. Por eso...

No, no lo admito, no somos iguales, ni siquiera parecidos, cuando cada día veo tomar decisiones desde un Gobierno de derechas que se muestra súbdito manso de las directrices liberales europeas, una Europa, que con escuadra y cartabón, impone soluciones idénticas a problemas distintos, medicinas idénticas para enfermedades diferentes, yo me pregunto a santo de qué tenemos ministros, a santo de qué elegimos diputados y a santo de qué nos gastamos el dinero público en comisiones de expertos, si de lo que se trata es de cumplir órdenes de la señora Merkel, a la que por cierto, cuanto peor le va al sur de Europa, mejor le va a ella y a sus teutones compatriotas, porque lo que sí aprendieron los alemanes, después de la Segunda Guerra Mundial, es que Alemania se debe a Alemania.

Francia representa otra manera de  hacer política

Pero en esta Europa dominada por políticas neoliberales, con gobiernos mayoritariamente de derechas con la dictadura de “los recortes sociales”, ha surgido de la voluntad del pueblo francés Francois Hollande, apodado “el hombre normal” pero que se destapa ahora como el “enfant terrible” de Europa.

El presidente galo, con una política socialdemócrata, se resiste a reducir el coste salarial de los empleados públicos, a reformar las pensiones, a flexibilizar los contratos o a reformar el seguro de desempleo, y no solo eso, a la vez que no toca lo que para un socialdemócrata de pro es intocable: cobertura social, sanitaria y educativa, toma medidas fiscales cuya presión afecta fundamentalmente a bancos, empresas y grandes fortunas.

Por poner algunos ejemplos: como imponer contribuciones especiales sobre el patrimonio, el impuesto de sucesiones eleva a 100.000 euros el tope para las herencias y donaciones, lo que supone que el 88% de las transmisiones y herencias estarán exentas de impuestos, se impone además que los no residentes fiscales paguen el 15,5% sobre los ingresos inmobiliarios que poseen en el país, sea sobre alquileres o plusvalías (una medida que rendirá 50 millones este año y 250 millones en 2013), se elevan en 2 puntos las contribuciones a la Seguridad Social de las rentas del capital, se suprimen las desgravaciones y beneficios fiscales sobre las horas extras en las empresas con más de 20 empleados y no se sube el IVA , sino que se baja el IVA del 7% al 5,5% de los libros y los espectáculos, un sector particularmente sensible a la subida del IVA.

Por supuesto, a todas estas medidas les siguen otras ejemplarizantes como la disminución de un 30% en los salarios del presidente, el primer ministro y los ministros; y no podíamos dejar pasar la famosa ya imposición del 75% a las rentas anuales superiores al millón de euros y que provocó la pérdida como compatriota del actor Gerard Depardieu, ahora ciudadano ruso para gloria de Putin y su gélido país, famoso por el respeto a los derechos y libertades (sic), y que acogió a “Cyrano de Bergerac “ con gran regocijo como no podía ser de otra manera. ¿Se lo imaginan encarnando a rusos como Trosky o Stalin?

Francia no tiene empresas tan sobreendeudadas como España

Y mientras el "enfant terrible" de Hollande lleva a cabo en su país políticas socialdemócratas, el FMI, si bien insiste en que Francia debe animarse a recortar el gasto público y fomentar más el empleo, lejos de afearle la conducta, augura que la recuperación del país galo está más cerca de lo que se creía en un principio, ya que las empresas francesas no están sobreendeudadas -a diferencia de las de otros países-, lo cual las faculta para invertir y crear empleo.

Nosotros, los españoles, a lo nuestro, perdón, a los suyo: recortes sociales, adiós a la dependencia, recortes en la educación pública, subida del IVA, rebaja de las pensiones, rebaja del salario mínimo interprofesional, reducción salarial de funcionarios, despido libre de trabajadores, inyecciones de capital a los bancos, a la Iglesia Católica y subvenciones a colegios que segregan a los niños por sexos, subida de las matrículas universitarias y rebaja de becas… Casi igual ,¿verdad?

Más allá de un presidente-plasma

Probablemente me dirán: saldremos de la crisis, claro que saldremos, saldrá Francia, saldrá Grecia, saldrá Portugal, y saldrá España, saldremos todos, pero la diferencia ya no es sólo cómo, sino el país que dejarán tras de sí las distintas políticas aplicadas, si pensamos en hacer política pensando en el pueblo español, o si al contrario pensamos en obedecer a Europa con sus medidas de escuadra y cartabón, donde el ciudadano/a es lo de menos. Algunos aprovechan la coyuntura para, con la coartada de la crisis, aplicar la ideología de una derecha rancia, desbaratar el Estado del bienestar, la clase media española, promover la sanidad y educación privada, favorecer a las grandes empresas y a la banca, intentar controlar el Poder Judicial, dificultar el acceso de los ciudadanos a la justicia o subir los impuestos indirectos.

Con el desgobierno actual, tenemos un presidente-plasma, los ministros envueltos en presuntos cobros irregulares, la sospecha de financiación irregular del partido que gobierna... Y mientras, parece que la cuestión económica se abandona en manos de una Europa en manos de la una Alemania cuadrada a la que lo que menos le importa es si España en menos de cinco años se convierte en un país de escombros que tardaremos mucho en reconstruir.

No sé ustedes, pero yo ya estoy aprendiendo francés, por si acaso, y ya sé decir: L'Espagne ne va pas bien.