El estatus del que disfrutó Corinna Larsen recuerda a las “maîtresses royales” francesas

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Corinna Larse y Juan Carlos I ya no son amigos

En la la versión española de las “maîtresses royales” francesas, Juan Carlos I hizo lo mismo que sus antepasados Bourbones y otorgó a la Corinna estatuto, funciones y residencia de Estado. 

El estatus del que disfrutó Corinna Larsen recuerda a las “maîtresses royales” francesas

En nuestra historia, la figura dela “barragana” ha tenido destacada presencia en nuestra historia, amparada por la Iglesia y usada por los reyes. Se considera incontable el número de amantes del aragonés Alejandro VI (siglo XV) y se ha perdido la cuente de los hijos que engendró. Así como es frecuente que los curas rurales tuvieran “sobrinas”, en la historia de la Iglesia, los cardenales disponían de sus propios harenes, disfrazados de tareas domésticas

Explican los estudiosos de este fenómeno que, “según las costumbres que rigieron a través de los Fueros Antiguos en España hasta recién entrado el siglo XVIII, las leyes contemplaban, ya fueran “autorizados” o “tolerados”, tres opciones de emparejamiento como honorables o al menos, con el buen visto de la omnipresente Iglesia. El matrimonio común contaba las bendiciones vaticanas y los derechos civiles lo amparaban. Existía un segundo matrimonio conocido como “a iuras” o basado en un juramento; también legítimo. La diferencia estaba basada en que se solía hacer en secreto y con contados testigos o ninguno. El tercero era la pura “barraganía”. La barragana y sus hijos solían heredar la mitad de los bienes gananciales, y el resto pasaba a manos de los familiares más próximos o a la Iglesia. En este caso el enlace más frecuente era el de un hombre soltero, independientemente de que fuera clérigo o también de los legos con mujeres solteras. A esta mujer se la llamaba barragana para crear una clara distinción en relación con las otras dos figuras matrimoniales.

Pero en el caso de los reyes y altos dignatarios, la manceba o barragana, o querida, o mantenida, era una mujer con la que el sujeto que podía mantenía una plena relación estable de cama y convivencia, sin el vínculo del matrimonio (que lo haría bígamo) ni ningún otro enlace jurídico, pero con los mismos efectos que un matrimonio de verdad.

Del propio testimonio de Corinna Larsen y de los hechos conocidos, se sabe que fue alojada en el mismo recinto del Pardo en una residencia habilitada para ella y su hijo, que viajaba en el mismo avión que Juan Carlos I, que éste le prometió matrimonio y que tuvieron una relación plena en todos los sentidos. Y lo peor es que llegó a ejercer funciones propias de un servidor del Estado en el ámbito de las relaciones internacionales del Reino de España. ¿A qué se parece eso?

Remontándonos por encima de la figura de la barraganía española hemos de acogernos a la historia de la Casa de Bourbon en Francia y al papel de las diversas que llegaron a tener un estatuto propio en la corte de los Capetos y, en no pocos casos, capacidades decisivas en los negocios de Estado.Hay tres monarcas franceses especialmente pródigos en amantes, Enrique IV, Luis XIV y Luis XV si bien no todas sus concubinas alcanzaron el estatuto de “maîtresses royales” y otras lo superaron. Ese estatuto dependía de dos factores: el calentamiento del monseñor y las cualidades de la candidata. De haber vivido en aquel tiempo, Corinna Larsen cumplía todos los requisitos: culta, con capacidad para las relaciones humanas, inteligente, con conocimiento de idiomas, ambición y experiencia.

De todas estas mujeres, algunas han pasado a la historia por su inteligencia e influencia en su tiempo:  Madame de Pompadour y Bonne de Pons, marquesa de Heudicourt, tuvieron una gran influencia en la corte, o sobre el rey como Diana de Poitiers sobre Enrique II y Gabriela de Estrées sobre Enrique IV. Incluso Luis XIV llegó a casarse secretamente con una de ellas, Madame de Maintenon, a la muerte de su esposa.

El paralelismo entre la historia de los Bourbones de Francia y los Borbones españoles de nuestro tiempo son notables, en cuanto a la tolerancia, ignorancia o aceptación, de la presencia en la corte de aquellas concubinas de lujo, sobre todo en el caso de aquellas de mayor inteligencia que realizaban funciones públicas como vice-reinas. No es fácil entender cómo se permitió que la Corinna pudiera ser alojada en una casa propiedad del Estado, obviamente con escolta, viajaba en el avión del rey y presumía de realizar trabajos para el Reino de España, dentro de sus habilidades de negociación internacional. Por no citar su presencia al lado de Juan Carlos I en todo tipo de casos y situaciones, como es sobradamente conocido.

El estatus del que disfrutó Corinna Larsen recuerda a las “maîtresses royales” francesas
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