La estática política ante la compleja dinámica económica

Pedro Sánchez y Albert Rivera en su encuentro del pasado mes de mayo de 2019. / Pool Moncloa / Borja Puig de la Bellacasa
Pedro Sánchez y Albert Rivera en su encuentro del pasado mes de mayo de 2019. / Pool Moncloa / Borja Puig de la Bellacasa
Sánchez condujo su vehículo con mano firme hacia una nueva convocatoria electoral, no se desvió ni un ápice de su trayectoria, porque está convencido de que el resultado tras el 10-N será mejor que el actual.
La estática política ante la compleja dinámica económica

Se ha escenificado lo que lleva tiempo sobrevolando en el ambiente: una repetición electoral el día 10 de Noviembre, una vez que el Rey ha constatado que no hay candidato posible a la investidura. Podría pensarse que ahora todo vuelve a la casilla de partida, pero no es así, la situación actual dista de la anterior y algunas cartas están ya boca arriba.

Lo que se avecina es previsible, salvo que los dos posibles puntos de inflexión trunquen  el normal devenir de los acontecimientos. Hablamos, claro está, de la sentencia del procés y del deterioro económico que están sufriendo  los países del entorno y que puede salpicar de lleno a la economía española una vez que Alemania entre en recesión técnica. No habrá nadie al frente del timón.

En los últimos meses PSOE y Podemos han escenificado en público la imposibilidad de formar un gobierno de coalición, entre otras cosas porque el sistema no lo soporta. Los otrora llamados comunistas están emplazados a hacer una labor de acompañamiento a un hipotético gobierno de Sánchez pero no se contempla –al menos de momento– que puedan manejar los hilos más sensibles del Estado. Esto es lo que se ha vivido y ninguno de los dos actores lo podrá negar.

Mucho más difícil de explicar es lo que ha sucedido con Ciudadanos. El partido que se autoproclamó garante de las esencias del Estado y guardián de la centralidad se reveló incompetente, cual aprendiz adolescente de política. Rivera es la gallina. The game of chicken es el término en inglés con el que se denomina una competición en la que dos participantes conducen un vehículo en dirección contraria con el objetivo de mantenerse cada cual firme en su trayectoria y obligar al otro, al borde del abismo, a cambiar, en cuyo caso es humillado y acusado de comportarse como una gallina. Esta imagen, más propia de los guiones de ficción que de la política real, la escenificó Albert Rivera al comprobar que la audacia tiene sus riesgos, máxime si no se hace a tiempo y la colisión deja al actor testarudo en una situación peor. In extremis, y ante el temor a una repetición electoral, el todavía líder de la formación naranja dio un volantazo inesperado con una oferta de abstención que solo consiguió levantar una pequeña polvareda que tragaron solo sus fieles escuderos. En realidad Rivera empezó antes que nadie a construir su relato y, a la desesperada, sin éxito, intentó arrastrar consigo al PP de Casado, que ni siquiera le regalo la foto.  “Sánchez nos ha llevado al límite… y hay que moverse para evitar las elecciones” dijo  . Vaya, pero hasta esta semana ¿no se había dado cuenta ¿no sabía Rivera que estaba en sus manos el desbloqueo de la situación y la posibilidad de conformar un gobierno estable de coalición con el PSOE para los próximos cuatro años? . Ha perdido el juego y ha intentado salvarse a sí, pero el choque fue inevitable.

Sánchez condujo su vehículo con mano firme hacia una nueva convocatoria electoral, no se desvió de su trayectoria porque está convencido de que el resultado tras el 10N será mejor que el actual, con la pretensión de alcanzar un gobierno en solitario, aún sin contar con una mayoría absoluta. Quiere que los ciudadanos lo digan “más claro”.

Pablo Casado, que se ha mostrado como un hombre de estado, no parece incómodo con la repetición de los comicios, aunque en público se vea obligado a decir lo contrario. En la comparecencia que ofreció tras la reunión con el Rey se exhibió como lo que es, el líder de la oposición y la alternativa a Sánchez, si hubiera necesidad u oportunidad.

Así pues, las cartas están echadas, toca jugar una nueva mano a sabiendas de que hay un convidado indeseado: la abstención. No se sabe  cómo será el reparto de escaños, lo único cierto es que el cálculo de la repetición electoral se resume en un ansia de retorno al imperfecto bipartidismo español. ¿Lo conseguirán aquellos que lo anhelan? Veremos... @mundiario

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