Escalofriante carta de un veterano de guerra que se suicida por los crímenes que cometió en Irak

Daniel Somers denuncia “abandono” por parte del gobierno de los Estados Unidos. En la nota también dice no soportar haber cometido “crímenes de guerra” y “crímenes contra la humanidad”.
Escalofriante carta de un veterano de guerra que se suicida por los crímenes que cometió en Irak

Un veterano de la invasión a Irak se suicidó dejando una desgarradora carta, denunciando “abandono” por parte del gobierno de los Estados Unidos. En la nota dijo no soportar haber cometido “crímenes de guerra” y “crímenes contra la humanidad”.

“La única verdad es esta: durante mi primer despliegue, tuve que participar en cosas, que en su mayoría, son difíciles de describir. Crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad”, escribió Daniel Somers. Sin poder seguir soportándolo, se suicidó el 10 de junio.

Somers tenía apenas 30 años y sufría estrés postraumático, luego de haber combatido en Irak entre 2004 y 2007, en unas 400 misiones de combate, mirando el mundo desde la ametralladora del techo de una Humvee.

"Aunque no participé voluntariamente, e hice lo que pensé que era el mejor esfuerzo para finalizar con esos hechos, hay cosas de las que una persona simplemente no puede volver”, señaló en la carta, publicada por el diario Phoenix New Times.  “¿Cómo voy a ir por ahí como cualquier persona mientras las viudas y huérfanos que he creado siguen luchando?, se preguntó.

La historia de Somers no debe diferir en mucho de tantos otros jóvenes que fueron y son arrojados a la locura por el lucro de aquellos que manejan a las potencias.

El ¿absurdo? es la disparidad de atención pública que se llevan eventos como este. Cuando un demente, de los tantos que produce el sistema estadounidense, entra a una escuela y masacra a una decena de jóvenes, se instalan debates que derraman las fronteras y son parte de la agenda mediática del mundo.

Pero resulta que cada día se suicidan 22 jóvenes que fueron enviados al otro lado del globo, manipulados en extremo, drogados por sus superiores para cometer hechos que ningún ser en sus cabales podría siquiera imaginar, contra gente que jamás amenazó en modo alguno ni a sus familias ni a su país.

Y así, esa estadística de la que forma parte Somers, sigue escondiendo otros tantos casos que, por estar excluidos los suicidados de la Guardia Nacional y las tropas de reserva que no estaban en servicio cuando decidieron terminar con sus vidas.

Desde 2001 se suicidaron 2700 participantes de las ocupaciones de Afganistán e Irak, según datos registrados por el Departamento de Asuntos de los Veteranos. Incalculable es saber cuántos no lo hacen, pero se sienten motivados a dar ese paso por lo que han visto y hecho.

Peor aún, es que el aparato cultural, expresado en la propaganda de películas como The Hurt Locker o Zero Dark Thrity de la directora Kathryn Ann Bigelow, donde el eje está puesto en compadecerse del pobre desactivador de bombas adicto al riesgo, o del agente de la CIA sumergido en un mundo hostil, y no sobre las víctimas que su presencia deja en Bagdad o los torturados en Bagram.

Somers, y los 22 veteranos que hoy se suicidaron, son víctimas de uno de los extremos del sistema. Pero ante los ojos de la otra punta de la cuerda no dejarán de ser victimarios.

Carta completa

Lamento haber llegado a esto.

El hecho es que, desde tanto como puedo recordar, mi motivación para levantarme cada día era que no iban a tener que enterrarme. Como las cosas se han puesto peor, se hizo claro que aquello no es una suficiente razón para seguir adelante. De hecho, no estoy mejorando, no voy a estar mejor, y lo  más probable es que me siga deteriorando a medida que el tiempo pase. Desde un punto de vista lógico, lo mejor es simplemente terminar con las cosas rápidamente y dejar de ver qué repercusiones tiene esto en un período más largo.

Tal vez estén tristes por mí durante un tiempo, pero luego lo irán olvidando y seguirán adelante. Esto es mucho mejor que seguir infringiéndoles mi miseria sobre ustedes en los años y décadas por venir. Ya se darán cuenta de que es mucho mejor, mientras pasan los días, que ya no tendrán que preocuparse por mí, o dedicarme otro pensamiento. se darán cuenta de que su mundo está mejor sin mí en él.

Realmente intenté aguantar durante más de una década. Cada día fue un testamento de lo que me importana, sufriendo un horror indecible del modo más silencioso para que puedan pensar que aún estaba para ustedes. En verdad, yo no estaba más que ocupando un espacio para que mi ausencia no se notara. La verdad es que estuve ausente desde hace ya mucho tiempo.

Mi cuerpo no es otra cosa que una jaula, una fuente de sufrimiento y problemas permanentes. La enfermedad que me ha causado un dolor que ni las medicinas más fuertes pudieron mejorar, y ahí no hay cura. Todos los días, cada día gritaba agonizando en cada nervio de mi cuerpo. No es otra cosa que tortura. Mi mente es un terreno baldío, llenado con visiones de un horror increíble, depresión sin fin y una ansiedad paralizante, pese a todos los medicamentos que los médicos se atrevieron a darme. Cosas simples, que para cualquiera son comunes, son prácticamente imposibles para mí. No puedo reir ni llorar. Apenas puedo dejar la casa. No encuentro placer en ninguna actividad. Todo es simplemente dejarlo pasar hasta que pueda dormirme nuevamente. Ahora, dormir para siempre parece ser la cosa más misericordiosa.

No se culpen. La simple verdad es la siguiente: Durante mi primer despliegue, me hicieron participar en cosas, la mayoría de las cuales son difíciles de describir. Crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad. Pese a que no formé parte de modo voluntario, y haber hecho mi mejor esfuerzo para para esos sucesos, hay algunas cosas de las que una persona no puede volver. Tuve algo de orgullo en eso, pero actualmente seguir adelante en la vida habiendo sido parte de algo así sería la marca de un sociópata. Esas cosas fueron mucho más lejos de lo que la mayoría es consciente.

Forzarme a hacer esas cosas y luego participar en encubrirlas es mucho más de lo que cualquier gobierno tiene derecho a pedir. Luego, el mismo gobierno, me dio la espalda y me abandonó. No ofrecieron ninguna ayuda, y activamente me impidieron buscar cualquier ayuda a través de sus corruptos agentes de la DEA. Toda la culpa es de ellos.

Más allá de todo eso, hay una serie de enfermedades físicas que me golpearon una y otra vez, para lo que tampoco ofrecieron ninguna ayuda. Puede ser que hubiera algunos avances ahora, si no hubiesen pasado veinte años negando esa enfermedad en la que yo y tantos otros fuimos expuestos. Para mayor complicación son las repetidas lesiones cerebrales que sufrí, en la que no gastaron el menor esfuerzo en comprender. Cada una de ellas requería una atención médica que no me fue dada.

Últimamente la DEA entró en escena nuevamente, creando una cultura de miedo en la comunidad médica al extremo que muchos doctores no se animan a tomar las medidas necesarias para controlar los síntomas.  Todo bajo la guía de la “epidemia de la sobre prescripción médica”(…). Tal vez, con la medicación adecuada y con las dosis apropiadas, podría haber conseguido un par de años decentes, pero eso es demasiado pedir para un régimen construido sobre la idea de que el sufrimiento es noble y el alivio es para los débiles.

De todos modos, cuando los desafíos que enfrentan a una persona son tan grandes que cualquiera, salvo los más débiles, se daría por vencido, estos factores extra son suficientes para empujar a alguien sobre el límite.

¿Es de extrañar entonces que las últimas estadísticas arrojen que 22 veteranos se suicidan cada día? Cada día se suicidan más veteranos que la cantidad de niños asesinados en Sandy Hook. ¿Dónde están las grandes iniciativas políticas? ¿Por qué el presidente no dice nada a esas familias cuando da el discurso del Estado de la Unión? Tal vez porque no somos asesinados por un lunático, sino por un sistema deshumanizado de abandono e indiferencia.

Nos deja a todos mirando hacia adelante en un permanente dolor, miseria, pobreza y deshonor.  Les aseguro que, cuando esos números finalmente bajen, será sencillamente porque todos los que fueron empujados a esta situación ya estarán muertos.

¿Y por qué? ¿Por la locura religiosa de Bush? ¿Por la fortuna creciente de Cheney  y sus amigos corporativos? ¿Para para eso que destruimos tantas vidas?

Desde hace tiempo que intenté llenar el vacío. Intente llegar a una posición de mayor poder e influencia para buscar corregir algunos errores. Me desplegué nuevamente y me puse como meta salvar más vidas. Pero el hecho es que salvar nuevas vidas no va a reemplazar a aquellas que fueron asesinadas. Es un ejercicio fútil.

Luego, intenté reemplazar la destrucción con creación. Por un tiempo fue una distracción pero no podía durar. El hecho es que llevar cualquier tipo de vida ordinaria es un insulto para aquellos que murieron en mis manos. ¿Cómo podría ir por ahí como cualquiera mientras las viudas y los huérfanos que creé continúan luchando? Si ellos pudieran verme sentado aquí en un suburbio, en mi confortable hogar trabajando en algún proyecto musical, estarían enfurecidos, y con absoluta razón.

Pensé tal vez que podría hacer algún avance con el proyecto de la película, tal vez inclusive directamente apelando a mostrar lo que había hecho mal y revelar una verdad más grande, pero eso también me fue despojado. Temo, que como todas las cosas que requieren la colaboración de personas que no pueden comprender, por no haber estado allí, sería destruirles la carrera en el camino.

La última cosa que se me ocurrió es una suerte de misión final. Es verdad que me encontré capaz de hacer cosas que valen la pena a escala de vida o muerte. Mientras pensé que era una buena idea considerar hacer algún bien con mis habilidades, mis experiencias, e instinto asesino me hicieron ver que no era realista. Primero, la logística de financiar y equipar mi propia operación, luego está la certeza de una muerte casi segura espantosa, las repercusiones internacionales y luego quedar marcado por los medios como un terrorista para siempre. Lo que realmente me frenó, pensé, es que ya estoy tan enfermo que no puedo ser efectivo en el terreno, nunca más. Eso también, me lo han despojado.

Por lo tanto, me quedé básicamente con nada. Demasiado atrapado en una guerra para estar en paz, demasiado dañado para estar en guerra. Abandonado por aquellos que tomaron el camino fácil y pasivo de quedarse mirando desde afuera, y los que merecen algo mejor. Como ven, no solamente estoy mejor muerto sino que el mundo está mejor sin mí.

Esto es lo que me trajo hasta mi misión final. No es un suicidio sino una muerte misericordiosa.  Yo sé cómo matar, y sé cómo hacerlo sin dolor. Fui rápido y no sufrí. Y por sobre todas las cosas, ahora soy libre. No siento más dolor. No tengo más pesadillas, recuerdos o alucinaciones. Ya no estoy más deprimido, asustado o preocupado.

Soy libre.

Por esto les pido que sean felices por mí. Tal vez es el mejor descanso que pueda esperar. Por favor acepten esto y estén orgullosos de mí.

Daniel Somers

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