El Estado griego lleva tiempo siendo paternalista, casi asistencial

Grecia y Europa. / Manel Vizoso
Grecia y Europa. / Manel Vizoso

Alguien expresó sin contribuir al eufemismo: “Si Grecia sale del euro es una mala noticia pero si se queda es peor”. Nuevo análisis de este colaborador.

El Estado griego lleva tiempo siendo paternalista, casi asistencial

Alguien expresó sin contribuir al eufemismo: “Si Grecia sale del euro es una mala noticia pero si se queda es peor”. Nuevo análisis de este colaborador.

Llevamos unos días convulsos. Que yo sepa, tras Chipre, Grecia es el primer gran país europeo en sufrir un “corralito” revelador e ignominioso. Inquieta que el crisol de la cultura greco-romana se zambulla en concurso de acreedores. Esta dentellada moral importa poco al individuo griego que sufre la mancilla del materialismo exigente. Acostumbrada a un statu quo engañoso, irreverente, Grecia exige trato hospitalario, casi asistencial. Europa teme que pueda extenderse esta llamada a la providencia y quiere cortar por lo sano, sin contemplaciones. Podemos, que todavía no es España, mira espantado el derrotero (claramente siniestro) que toma el marco de los debates entre un David intrigante y el Goliat arisco. Además, y aquí viene la inquietud de nuestro Syriza patrio, tal litigio tiene final anticipado.

Se dice, ignoro si como excusa o cargo, que Grecia entró en el euro adulterando datos precisos. Sospecho que hubo otros falsarios documentales, amén de reglamentarios. Sin embargo, hay sobrada certidumbre de que estos ardides tuvieron escasa influencia en la estabilidad o inestabilidad de la moneda porque la falacia fue recíproca, consentida, y sus secuelas anticipadas. Hacerse ahora de nuevas forma parte del histrionismo, asimismo enmascaramiento, con que se bautizó al retoño europeo. Ciertos países, entre ellos España, no entraron en la Comunidad; fueron magnetizados por su halo o por gobernantes ahítos de ofrecer algún rédito político. Alemania, Francia, Países Bajos o Italia -esta en menor medida- acumulaban grandes excesos de producción que ponían en riesgo un notable equilibrio económico. Debido a ello, unos y otros cerraron los ojos contaminando también el euro. Ahora preocupan estos lodos.

Que Grecia no puede pagar la enorme deuda es archiconocido desde hace decenios. Años atrás ya se efectuaron quitas importantes, jugosas. Creo que todo el mundo (deudores y acreedores) era consciente de tan anómala situación. No obstante, nadie daba un paso para alterar ese acuerdo tácito que tutelaba una relación enfermiza. Tuvo que ganar Syriza con quimeras y desplantes para que la entente quedara rota. Algunas afirmaciones arrogantes, pruritos -suicidas más que decorosos- y desplantes innecesarios, de consumo interno, forzaron el pulso económico-político. Al fondo, se observa una ciudadanía que paga el triste peaje de su ligereza. Los errores se pagan. Ya casi nada es gratis en este mundo tan competitivo y globalizado. Además de penoso, es totalmente injusto que los éxitos sean disfrutados solo por gerifaltes mientras cualquier fracaso lo expíe, cruzando un inhóspito desierto, el pueblo llano.

El Estado griego lleva tiempo siendo paternalista, una ONG de amplio porte social que financia la Troika. Probablemente en su inicio -como a otras naciones, entre ellas España- se les prestara sin límite para elevar de manera artificial su poder adquisitivo. A la vez, los países prestamistas veían contraerse sus stocks. A poco, estos fueron menguando en proporción inversa al saldo impagable de los deudores. Casi todos, ebrios de consumismo, acumularon pasivos imposibles. Pero el problema económico se vuelve político a causa de dos aspectos fundamentales: quitas aparatosas y talante altivo. El primero sienta un precedente resbaladizo, tozudo. El segundo alumbra una respuesta fría, cortante, inmisericorde. Se pasa así de la restitución al reto, del concierto a la discrepancia, de las tributaciones a los atributos; es decir, se imponen órganos extraños al intelecto. Téngase presente que nadie está libre de enrocarse en vericuetos insólitos.

Alguien expresó sin contribuir al eufemismo: “Si Grecia sale del euro es una mala noticia pero si se queda es peor”. Al momento, existen parejas probabilidades de lo uno y de lo contrario. Creo que se quedará por esa transmutación del apremio económico a extravío alarmante del status político, si al final se abrazara a Rusia. Estados Unidos presiona (¿involuntariamente?) para que el gobierno heleno, bajo una cutícula victimista, se aproxime a la esfera rusa. Si ya es preocupante el conflicto ruso-ucraniano, con Grecia potencial aliado volverían a enfriarse las relaciones ruso-americanas provocando, quizás, una inminente “guerra fría”. El FMI, puede que paradójicamente dirigido, tiene especial interés -casi por generación espontánea- de mitigar las exigencias rigurosas de hace días. Incluso aventó la absoluta necesidad de una nueva quita para hacer viable cualquier trámite respecto a la deuda. ¿Hay gato encerrado? Es posible.  

Grecia se convierte en caricatura para cambiar de ubicación y de biombo

 

El calor infernal de este julio madrileño, en donde me encuentro por un tema familiar, posibilita el ardor de mi mente que deviene delirante. Sin embargo, la realidad supera en demasiadas ocasiones las fantasías más pasmosas. Syriza abre el Mediterráneo que puede cerrar Podemos. ¿Pura casualidad o proyecto político-militar para forzar posturas? No conozco los entresijos de la política griega pero me parece sospechosa la facilidad mediática, asimismo económica, para que -dentro del ámbito capitalista- un movimiento revolucionario radical consiga tantas facilidades. La débil economía japonesa, la enorme burbuja financiera americana, el absorbente capitalismo chino, la expansión del fundamentalismo árabe, junto al problema ruso-OTAN en Ucrania, ponen al mundo en estado crítico. La Alta Política es tan misteriosa, tan compleja de razonar, como el dogma de la Santísima Trinidad.

Dudo de la efectividad que dejará el referéndum mañana. Consecuente con mi tesis, pienso que tendrá nulo alcance porque todo está previsto sea cual sea la respuesta ciudadana. Grecia se convierte en caricatura para cambiar de ubicación y de biombo. Es el catalizador idóneo, la excusa decisiva. El pasado siglo, dos imperios cercanos -Austria y Prusia- junto a otros dos lejanos -China y Japón- constituyeron sendos veneros de enfrentamiento bélico que causaron millones de muertes en todo el orbe. Fue una horrible manera de resolver sucesivas crisis sociales y económicas. Por desgracia, quizás la única. Cuando el hombre pierde su oriente, la tragedia le vuelve al camino correcto. Eso indica reiteradamente el devenir histórico.

Entre tanto, Tsipras solo es un  personaje de la farsa. A lo peor, un aventurero más de los que abundan por nuestros lares. Respeto, aun admiro, a quienes pretenden escalar puestos altos de la pirámide por méritos propios -no necesariamente intelectivos- o por necedad social. Me repelen, a la vez, aquellos que esconden su natural tras disfraces y máscaras haciendo de la estafa su ambigua tarjeta de presentación.

De momento Grecia, en principio sola, se encuentra en una difícil encrucijada. Puede que mañana nos toque a nosotros. Por esto, debemos sumarnos a su expectación por encima de síes o noes tan impostores como inútiles. Algunos afirman que votar no, es afirmar la democracia. Me aburre tanta indecencia política.

El Estado griego lleva tiempo siendo paternalista, casi asistencial
Comentarios