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MUNDIARIO

España, un país paralizado y dividido

Para sobreponernos del pesimismo creciente que se instala en la sociedad, una buena manera de celebrar el cumpleaños de la Carta Magna es con un atracón de nostalgia recordando el espíritu de concordia del Régimen del 78 que están a punto de destruir.
España, un país paralizado y dividido
Ejemplar de la Constitución de España. / RR SS
Ejemplar de la Constitución de España. / RR SS

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José Castro López

José Castro López

El autor, JOSÉ CASTRO, periodista, es columnista de MUNDIARIO. También es comentarista de radio y televisión. @mundiario

En el 42 cumpleaños de la Constitución es tan reconfortante como necesario volver la vista atrás para darnos un baño de nostalgia, que el Diccionario define en su segunda acepción como "tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida".

"La dicha perdida" es la España del 78 que, en palabras de don José Ortega, tenía "un proyecto sugestivo de vida en común". Era un país desigual y desestructurado política y socialmente que acababa de despertar de una larga dictadura de cuarenta años, pero soñaba con la recuperación de la democracia y tuvo la suerte de contar con unos políticos con sentido de Estado que captaron el "sueño" del pueblo y se pusieron al servicio del país, que situaron siempre por encima de sus intereses personales y partidarios.

Entre todos edificaron una nación nueva sustentada por la viga maestra de la Constitución, que refrendó el pueblo español tal día como pasado mañana, y acometieron reformas y tomaron medidas que afectaron a los ámbitos de la vida política, económica y social. Se construyó un Estado social avanzado, con el sistema de protección, de pensiones, sanidad y educación públicas; se vertebró el territorio y se recuperaron derechos y libertades.

La Constitución del 78 nos hizo a todos ricos en tolerancia, concordia y convivencia y nos dio un nivel de desarrollo y progreso material que, con todas sus carencias, supera al de muchos países del occidente democrático. Con ese bagaje hemos llegado hasta aquí.

Pero apareció la crisis y con ella una hornada de políticos, tan mediocres como irresponsables, que no tienen proyecto de país; rebrotaron los nacionalismos cuyo objetivo es humillar y destruir al Estado; y, parafraseando a José Luis de Vilallonga, los iberos decidimos volver a ajustarnos las cuentas sembrando el odio y rompiendo todos los consensos.

En esas estamos. Con el país paralizado por un largo bloqueo y dividido, con Sánchez negociando con dos partidos separatistas que promovieron la ruptura unilateral, quebrantaron la Constitución -ninguna democracia negocia con golpistas- y dicen que lo volverán hacer. El líder de Esquerra está condenado por sedición y malversación y Puigdemont y otros dirigentes son prófugos de la Justicia. Estos políticos -la segunda y tercera generación desde la Transición- están dilapidando la riqueza social de la convivencia, ponen en peligro la estabilidad y el bienestar que venimos disfrutando desde hace más de cuatro décadas y pueden llevar al país al abismo.

Con este panorama, para sobreponernos del pesimismo creciente que se instala en la sociedad, una buena manera de celebrar el cumple de la Carta Magna es con un atracón de nostalgia recordando el espíritu de concordia del Régimen del 78 que quieren destruir. @mundiario