La España de moral inmoral ahoga a médicos y lleva a Messi al cielo

Leo Messi. / Barcelona
Leo Messi. / Barcelona

Vivimos en una España de moral inmoral, lejos del espíritu del 15-M, que "ahoga" a los héroes contra la pandemia pero remunera con cifras multimillonarios a figuras del fútbol como Messi, a pesar de que su propio club bordea la quiebra técnica.

La España de moral inmoral ahoga a médicos y lleva a Messi al cielo

No me digan que no es un nuevo caso de moral inmoral. España se viene quejando desde la generación del baby boom y en especial desde el movimiento del 15-M que no tiene dinero para atender determinadas responsabilidades, reformas, ayudas básicas, acometer infraestructuras, pagar a la legión de sanitarios, profesores, investigadores, funcionarios de la justicia o de las fuerzas de seguridad del Estado, aunque resulta que derrochamos a mansalva en determinados ámbitos.

En España nadie gana como la clase política, ni trabaja menos con más días de vacaciones pagadas al año y derechos consolidados para la futura jubilación, por no mencionar los aforamientos que los protege de cualquier fechoría y/o abuso. ¿Dónde queda la España del 15-M? Algunos han mutado a casta, con casoplones, escolta y vilipendiando el dinero público en aras de justificar un ministerio descafeinado de contenido.

Pero no estamos pensando sólo en los ministros del Gobierno de nuestra Majestad. No. Estamos hablando incluso de alcaldes de provincias o concejales de municipios de más de 20.000 habitantes con unas pagas de unos 60.000 euros/año. En España nadie gana en el mundo como algunos futbolistas de la liga profesional. Este es el caso de Leo Messi, cuyo sueldo se ha filtrado recientemente, otro secreto de Estado hasta ahora, superando al parecer la bonita cifra de los 555 millones de euros por varias temporadas. No sólo es el futbolista mejor pagado de la historia, sino que además ocurre esto cuando su club proindependentista el FC Barça, atraviesa una sangrienta crisis financiera que roza la quiebra técnica.


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Pero lo lujurioso no es que que Messi o el fútbol pague esos sueldos multimillonarios a ases del balón pie. Lo que es una inmoralidad es que este país tolere que equipos privados de fútbol, sea el Real Madrid y/o el FC Barcelona, paguen traspasos jamás vistos y/o tengan en nómina con tantos dígitos a unos jugadores, mientras el país atraviesa la peor emergencia económica, humanitaria e institucional desde el final de la Guerra Civil española. 

España padece otra emergencia  de salarios miserables destinados a jueces, enfermeros, médicos, pero también a maestros y profesores universitarios, o a simples policías que velan por nuestra seguridad ciudadana. ¿En qué país vivimos donde se producen tales tijeras sociales y esas brechas salariales hacia aquellos colectivos que nos salvan de la muerte o sacan realmente el país adelante?. Las empresas del Ibex también tienen su parte de responsabilidad cuando sus altos ejecutivos, en tiempos del mayor derrumbe económico en términos del PIB por la pandemia, perciben casi 90 veces el salario de sus trabajadores en el 2020, mientras aquí la clase trabajadora pelea, llora y es casi extorsionada con un contrato precario, y en el peor de los casos, con sueldos inferiores al salario mínimo interprofesional a cambio de jornadas interminables y la complicidad de los sindicatos.

Qué moral tiene un país que tolera esos abusos éticos en detrimento de los más desfavorecidos. Más que acercarnos a la Europa democrática e industrial nos estamos alejando de ella, y de la economía social del mercado sobre la que pivota el Estado de bienestar, acercándonos por contra a marchas forzadas a países del Tercer Mundo en Latinoamérica o incluso antiguas dictaduras soviéticas como Rusia, donde la oligarquía y los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres. No tenemos dinero, dicen. Pero tenemos a los futbolistas mejor pagados del mundo,  la mayor casta de 250.000 aforados a cargo del erario público, y al país con el mayor gasto en juegos de azar (3% del PIB) mientras nos quejamos que la inversión I+D+i a penas llegue al 1,5%.

El sueldo de Messi es inmoral se mire por donde se mire. Por cierto, el de Cristiano Ronaldo y otros semejantes igualmente. Porque ningún futbolista, por muy bueno que sea, puede ser retribuido por un club privado en casi quiebra en un país lleno de bolsas de miseria y una paupérrima clase trabajadora que no llega a fin de mes. También es inmoral que los poderes legislativos y ejecutivos no hayan cerrado ya hace lustros las hojas de la tijera social y ahonde las diferencias sociales. 

En la Europa adulta, salvo los llamados países PIIGS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España, de moral y hábitos católicos o casi católicos,) reina otra modalidad ética de remuneración social. Por supuesto que hay muchos ejecutivos del Eurostoxx que ganan sueldos multimillonarios, pero al menos velan por que sus trabajadores cuenten con un sueldo digno, un contrato no basura, y/o en su defecto cuenten con un colchón social destinado a los más desprotegidos que evita pedir en la calle. Aquí en España, como en países latinoamericanos de tradición católica, el Estado de bienestar se ha solidificado no sobre una red de ayudas sociales vía impuestos sino sobre la familia. Esta ha sido, con los jubilados a la cabeza y sus parcas pensiones, quienes protegen y amparan una y otra vez a los miles, cientos de miles de familias que han caído en la desgracia de vivir en una España cada vez más oligarca y propia del siglo XIX.

España se está exterminando

Nuestra pirámide demográfica está en claro declive desde hace decenios, simplemente por las continuas y superpuestas crisis de todo tipo, y en especial por la falta de sensibilidad política por la ausencia consentida de una política de ayudas a la familia que anime a procrear y asegurar el contrato social (es decir las pensiones y prestaciones del futuro). Criar a unos hijos en un entorno de múltiple y perenne incertidumbre (laboral, salarial y de vivienda) no sólo es anticristiano, sino antisocial, antidemocrático y antiético cuando  por otro lado se toleran, desde la instauración de la Democracia,  los  abusos y casos de corrupción en casi todas las instancias del Estado por parte de la casta política.

España se está exterminando. Como en casi todo, tiene que ser un estudio llevado a cabo en el exterior, porque aquí preferimos gastar dinero en futbolistas, como es el Instituto de Métricas y Evaluaciones de Salud (IHME) de la Universidad de Washington quien pronostica que la población española, de continuar con actual tasa regresiva de natalidad, podría reducirse al 50% en el año 2.100. Y esto ocurre cuando  de sobra se sabe que la población mundial batirá el récord de  los 10.000 millones de habitantes frente a los 7.700 millones actuales.

Con esas perspectivas, ¿nadie en el ejecutivo se atreve a mirar a largo plazo e idear un plan para invertir la tasa de fertilidad? Nos jugamos el futuro de España, el Estado de bienestar, pero también la paz social, los retos eco-tecnológicos del futuro y hasta la seguridad nacional. Otra cosa es que para entonces sustituyamos la falta de descendientes por robots con inteligencia artificial. Todo puede pasar, pero a ver si llegan pronto al fútbol y nos ahorran esas indecencias remunerativas por perseguir un balón durante 90 minutos.

A la pregunta de si ¿tenemos un plan? Ni lo tenemos ni se le espera al parecer. No somos muy dados a pensar en el futuro sino a vivir el presente e improvisar conforme sople el viento como buenos católicos. En cierta ocasión un enviado de la cancillera Merkel preguntó a políticos allegados del partido del gobierno si el entonces presidente Mariano Rajoy, contaba con un plan para contener el procés separtista catalán en medio de la crisis económica del 2008. Eran tiempos de los famosos rescates de la UE a los PIGS. Obviamente el político español respondió sin vacilar que sí. La realidad era bien otra. Rajoy jamás contó con un plan, como se ha demostrado, como tampoco lo tiene ni ha tenido los sucesivos gobiernos en La Moncloa para atajar las posteriores crisis, por o a consecuencia de la falta de consenso generalizado para llevar a cabo medidas de calado. 

¿Alguno cree, a día de hoy,  que tenemos un plan para afrontar las nefastas consecuencias de la pandemia, la destrucción de empleo y la crisis política con los constantes enfrentamientos? ¿Alguien cree que tenemos un plan para reflotar el futuro de una de las  primeras potencias mundiales en turismo? ¿Para idear un nuevo modelo productivo acorde al siglo XXI en la era ecodigital? ¿O incluso para contener las ansias independentistas de los catalanes? La respuesta más evidente, tanto en tiempos de Rajoy como de Sánchez, parece ser el laissez faire y apostar por el factor tiempo. El tiempo lo decidirá todo. El tiempo pondrá a la gente en su sitio. O no. El tiempo probablemente destruya más empleo, agudice la miseria, agote las pensiones de los jubilados, periclite la clase media de una vez por todas y nos veamos obligados a subastar  parte del territorio nacional (Baleares o Canarias) al mejor postor en la Europa calvinista del norte para hacer caja y salvar la economía doméstica. Mientras tanto seguimos ahogando a médicos, maestros, investigadores, que tanta falta nos hace como hemos visto, todos ellos con contratos precarios y salarios miserables al mismo tiempo que cebamos a políticos parásitos y sufragamos a figuras toreras como Messi en el deporte,  en tanto el país sufre su propia mutación. @mundiario

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