España imita a Italia aunque admira a Alemania

Alberto Núñez Feijóo.
Alberto Núñez Feijóo.

Sin entrar en la contradicción de cifras que presentan las encuestas, bastante abultada, la tendencia es unánime: retroceden PP y Podemos, se estanca el PSOE y crece vertiginosamente Ciudadanos, hasta el doble de votos en solo año y medio, algo difícil de creer.

España imita a Italia aunque admira a Alemania

Las encuestas comienzan a proliferar y lo harán aún más hasta las elecciones pues nada es más atractivo que  pronosticar el resultado probable. Sin entrar en la contradicción de cifras que presentan, bastante abultada, importa subrayar la tendencia que es unánime: retroceden PP y Podemos, se estanca el PSOE y crece vertiginosamente Ciudadanos, hasta el doble de votos en sólo año y medio, algo difícil de creer.

Dicen que hay preocupación en el PP, que algunos sectores miran hacia Alberto Núñez Feijóo para sustituirlo, pero la realidad es que el sucesor de Mariano Rajoy se llama Albert Rivera, dispuesto a heredar y a mantener la misma política. Y a buen seguro, la misma inestabilidad.

La tendencia de las encuestas nos muestra un rasgo preocupante pues no aumenta la gobernabilidad. Parece dibujarse un escenario como el actual, con la única salvedad de que ahora  Ciudadanos gobernaría en minoría. Inestabilidad permanente y retroceso de los partidos estatales tradicionales, como acontece en Italia. La atención con la que se sigue en nuestro país la política alemana es lógica, pues se trata del motor europeo, el primer país comunitario por población y economía, con una fuerte descentralización y con un sistema de partidos de muy larga tradición. Sin embargo esa fascinación no se traduce aquí en las mismas tendencias de voto, sino que sigue las del país paradigma de la fragilidad gubernamental, Italia. Con otro rasgo añadido nada despreciable, la economía española no acusa la inestabilidad sino que por el contrario está mostrando, como en la república italiana, autonomía respecto a la política.

El panorama dibujado por las encuestas parece encaminarnos a una situación que, como la del país trasalpino, no permite abordar reformas estructurales pero tampoco perjudica el crecimiento económico

El panorama dibujado por las encuestas parece encaminarnos a una situación que, como la del país trasalpino, no permite abordar reformas estructurales pero tampoco perjudica el crecimiento económico. Va siendo hora pues de abandonar debates sin futuro, como la ley electoral, la reforma constitucional o la nueva fiscalidad, para conformarnos con el día a día de una Administración suficientemente cualificada como para sostener los servicios públicos sin altibajos. Dejando para la política el rol fundamental de escenificación del conflicto social. No es lo deseable pero sí lo probable.

España o Italia son ejemplos avanzados de una tendencia imparable: el ascenso en toda Europa de los partidos populistas en sus distintas variantes, nacionalistas incluidos. Ayer, en el congreso del Frente Nacional francés, antaño considerado como la ultraderecha europea, lo proclamaba Steve Bannon, que fue el ideólogo de la campaña de Trump. Afirmaba Bannon, y los datos parecen avalarlo, que son esos nuevos partidos los que representan el futuro porque, dice, superan la tradicional confrontación izquierda-derecha para sustituirla por la lucha entre los burócratas (y aquí caben Bruselas, los partidos tradicionales, los medios de comunicación clásicos y otras instituciones democráticas) y los ciudadanos indignados. Estaríamos ante un fenómeno de empoderamiento de la sociedad, que trata de recuperar parcelas de autonomía frente a los poderosos intereses de las Administraciones.

Evidentemente Bannon simplifica “pro domo sua”. Pero se limita a constatar hechos evidentes que él reinterpreta en una clave movilizadora. Los partidos políticos tradicionales están naufragando en muchos países, víctimas de las medidas adoptadas por ellos frente a la crisis económica reciente que ha mutado sensiblemente nuestras sociedades.

Ciudadanos es ya el partido preferido por los votantes populares y al mismo tiempo atrae electores socialistas en cifras significativas, siempre según las encuestas

Ciudadanos es un buen ejemplo. Es ya el partido preferido por los votantes populares y al mismo tiempo atrae electores socialistas en cifras significativas, siempre según las encuestas recientes. Carece de cualquier definición programática conocida, como denuncia el Gobierno nacional uno y otro día.

El partido de Rivera tenía veleidades socialdemócratas que ya ha abandonado al tiempo que se alejaba del PSOE. Su crítica al PP es siempre coyuntural sin alternativa alguna.

Ciudadanos trata de inducir un fenómeno como Macron, basado en el descrédito de los partidos tradicionales aunque a diferencia del francés, carece no ya de un programa sino de ideas fuerza.

Simplemente, espera que el Gobierno caiga en sus manos como fruta madura. Y puede ocurrir. @mundiario

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