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MUNDIARIO

A España se le deshacen los hilvanes, porque costuras no había

Un irresponsable y un consentidor lo hacen posible.

A España se le deshacen los hilvanes, porque costuras no había
Pedro y Pablo.
Pedro y Pablo.

España está unida, como lo ha estado a lo largo de la historia, no con costuras, sino con hilvanes, que ponen de manifiesto su fragilidad y provisionalidad, incluso en los momentos en que se ha podido hablar de unidad.

La tensión actual es alta, como consecuencia de la dificultad existente para crear y mantener un modelo de convivencia territorial que conjugue la unidad con la diversidad, o dicho de otro modo, que cohoneste el individualismo con la vida en común.

Y es que hoy se repiten problemas de antaño. Durante siglos se sucedieron las luchas dinásticas, con la consiguiente inestabilidad, hoy se pone en duda la forma del Estado con la dicotomía entre Monarquía y República. La intolerancia religiosa de siempre se convierte hoy en intolerancia ideológica, al considerar enemigo al adversario. De la diversidad lingüística enriquecedora se ha hecho un arma arrojadiza con la que se defiende el simplista principio de “somos diferentes por nuestra lengua”. El endémico déficit público español, generador de una deuda asfixiante, ha alcanzado cotas difícilmente sostenibles. El elevado nivel de analfabetismo de otros tiempos queda encubierto bajo la aparente  formación de un mayor número de personas con una limitada capacidad analítica y crítica. La tradicional miseria del campo español se ha convertido en pobreza y marginación social en la ciudad; la peste, que diezmó repetidamente nuestra población, tiene su versión actual en la pandemia de la covid-19.

Ante este panorama desolador –derrotista y malintencionado, dirán algunos-, un grupo de próceres socialistas de antes, ex socialistas  y paniaguados socialistas de hoy -de los que tiran la piedra y esconden la mano, pero en las reuniones de su partido callan cobardemente y parecen con ello asentir- han levando la voz para expresar su desacuerdo con la política de este Gobierno, que se apoya en los que quieren deshacer los hilvanes territoriales y desterrar a la Monarquía.

La señora Lastra, respondona, ha explicado que ellos “son el pasado y ahora nos toca a nosotros”. Lo primero que se me ocurre es recordarle la frase de George Bernard Shaw, “la juventud es una enfermedad que se cura con los años”.

También le diré que la política, que nos afecta a todos, es cosa muy seria y eso de que “ahora nos toca a nosotros”, suena a tómbola. En tercer lugar le recordaré algo que usted, pese a sus inacabados estudios de antropología social, debería saber: las tribus humanas más aisladas, siguen respetando las voces de sus mayores y les escuchan antes de decidir.

Los socialistas retirados, los antiguos miembros de UCD y CDS, y el Partido Popular - que, cada uno en su momento,  dieron hilo a la cometa del nacionalismo durante décadas hasta llegar al separatismo-  y Ciudadanos, están obligados a hacer algo. No sería descabellado que sugirieran la formación de  un gobierno de coalición PSOE-PP-Cs,  con un  programa que incluyera algunos de estos objetivos: poner orden en el caos económico; modificación de la ley electoral para que el número de diputados obtenidos por cada partido sea proporcional al número de votos obtenidos y se limite así el injusto peso que tienen en la política nacional los partidos nacionalistas; despolitización de la Justicia, empezando por que los miembros del CGPJ sean nombrados por los propios jueces; orden, armonización o coordinación del régimen de competencias de las comunidades autónomas; una ley de educación con proyección de futuro, estable y duradera.

¿Es ésta una propuesta descabellada?, ¿qué opina usted, querido lector?