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MUNDIARIO

España, camisa blanca de mi esperanza, a veces madre y siempre madrastra

Una visión sobre la realidad de un país en permanente desomposición, donde los conceptos de justicia y equidad permanecen postergados y el presente se oculta tras el velo de la insolidaridad.

España, camisa blanca de mi esperanza, a veces madre y siempre madrastra
Mención de Honor,  IV Concurso Internacional del Cartón, de Sinaloa, México. / Turcios, España
Mención de Honor, IV Concurso Internacional del Cartón, de Sinaloa, México. / Turcios, España

Fernando Cueto

Publicitario y consultor.

Tomo prestados los versos que escribió Víctor Manuel, basándose en unos poemas de Blas de Otero, y que reflejan la pesada herencia con la que carga un país que no camina, sino  que se arrastra hacia el futuro con la pena de no saber responderse a sí mismo. Esa España endémica, tras siglos de farragosa historia, adolece de memoria funcional y, por ende, de un manual de ética con el que componer la base social de la comprensión, la justicia y la equidad. Quizá sea esa la razón por la cual la calle no se agita con las continuas noticias que ponen en entredicho nuestro presente. La desigualdad es un hecho que amenaza la convivencia, que bombardea la paciencia, que incinera las ya de por sí maltrechas esperanzas de la ciudadanía. Las cifras mandan: más de trece millones de españoles en peligro de exclusión social,  el 11% de los hogares pasando frío por miedo a no poder afrontar la factura, 90 personas dependientes con derecho reconocido fallecen cada día sin haber recibido ningún servicio de ayuda. Son sólo ejemplos de una áspera realidad que supera en mucho a la ficción de un mundo en reconstrucción tras un cataclismo. Pero hay más, casos que afectan a la justicia, al trabajo, a la vivienda, etc.

España camisa blanca de mi esperanza./ La negra pena nos atenaza./La pena deja plomo en las alas./ Quisiera poner el hombro y pongo palabras/ que casi siempre acaban en nada/ cuando se enfrentan al ancho mar”.

No es España un país que muestre piedad por sus súbditos, más bien amenaza de manera constante su bienestar, encauzando sus deseos en bares y teatros a través de las cañas y las coplas, del moderno circo y la ilusión de sentirse diferentes al resto del mundo. Mientras tanto, se derrocha buena parte del presupuesto del estado en instituciones generales y autonómicas superfluas, en iPads y móviles para los diputados y senadores, en dietas y restaurantes, en comisiones inoperantes y…  Mientras muchos cargos públicos gozan de dos o tres sueldos, la mayoría de los españoles tienen grandes problemas para llegar a fin de mes, nuestro jóvenes queman sus ilusiones en búsquedas de trabajo que no existen, los investigadores emigran por falta de inversión… Hay tanta realidad que duele pensarlo. Los pilares de nuestro sistema se tambalean y necesitan constantes reparaciones para soportar el peso de una mal entendida democracia donde la libertad y la justicia no son equiparables entre las personas; donde se estafa y se miente al ciudadano. Así es España, a veces madre y siempre madrastra.