España 2016: ¿Huxley, Orwell, o ambos?

Los padres de la Constitución española de 1978.
Los padres de la Constitución española de 1978.

Dando por buena la simplificación, ¿de qué lado caería la España de hoy? ¿De Huxley, de Orwell, o de ninguno? Lo siento pero España, hoy, parece una conjunción de ambos.

España 2016: ¿Huxley, Orwell, o ambos?

Circulan en whatsapp unas viñetas comparando los planteamientos del Mundo Feliz de Huxley con los de 1984 de Orwell, todo ello con la simplificación que se puede suponer. El autor remarca que Huxley predijo la sumisión por el placer, frente a Orwell, que predecía la sumisión por el control y la represión.

Dando por buena la simplificación, ¿de qué lado caería la España de hoy? ¿De Huxley, de Orwell, o de ninguno? Lo siento pero España, hoy, parece una conjunción de ambos. En mi opinión, que someto al soberano lector, España lleva tiempo pasando las líneas rojas, más allá de las cuales no hay una verdadera “democracia liberal constitucional”. Nadie es perfecto, y menos en esto, pero España está llegando a una fase que tiene poco de democracia, menos todavía de constitucional, y (esto sería lo menos novedoso) casi nada de liberal de verdad, o sea, de libertad política (no coincidente con liberación de instintos y convenciones). Mayo del 68 planteó la liberación de instintos como libertad política: pronto “Los Que Mandan” descubrieron que la primera, sin la segunda, no les amenaza, y pueden dejarla crecer cuanto quiera.

No pocos indicios, y más tras los bárbaros atentados de París, apuntan a una nueva vuelta de tuerca autocrática. No se sabe si el belicoso Hollande parece un romano tonto de Asterix o un oficinista de Tintín, pero véanse sus anticonstitucionales propuestas de reforma constitucional. ¿Qué dirían los grandes medios mundiales si las propusiera un gobernante latinoamericano?.

¿Qué hay en España de huxleyano? Simplificando: “soma”, fútbol, consumismo, hipersexualización. Huxley decía (Mundo Feliz, 2ª ed.) que “el Dictador” haría bien en fomentar las libertades sexuales.

¿Qué hay de orwelliano, igualmente simplificado? Estado policiaco (a menudo, los policías son más que los manifestantes); “telepantallas” (omnipresentes cámaras y radares) y control universal sobre todos nosotros y todo lo que hacemos (gastos, comunicaciones, viajes, familia), desproporcionadas multas, criminalización de más y más cosas, represión de las libertades públicas; “neolengua” (ésta nada nueva).

Estamos en campaña electoral. Los partidos no parecen decir mucho sobre estos problemas, como tampoco sobre la ley de hierro de las oligarquías, la partitocracia, la escasa democracia directa, el control mental y cultural. ¿Alguno de ellos habla en serio de devolver poder a la gente, controlar menos nuestras vidas, darnos un poco de libertad, o aflojar la mano de hierro estatal? Alguno —y precisamente joven, como Ciudadanos— parece querer apretarla.

España, sin haber terminado nunca de ir, ya está de vuelta del constitucionalismo.


 

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