Es hora de que la libertad y la responsabilidad vayan juntas

Una calle de Madrid. / Pixabay
Una calle de Madrid. / Pixabay

Quienes más hablan, supuestamente en nombre de todos,  ganarían mucho si fueran más coherentes con lo que exige el bien colectivo.

Es hora de que la libertad y la responsabilidad vayan juntas

La “nueva normalidad” es un modo de hablar de la anormalidad en que estamos instalados y en la que nos quede por delante. No solo en cuanto a superar el problema actual con la Covid-19, sino en lo que venga a continuación para las relaciones internacionales, nacionales y de cercanía. Quienes en este momento por las razones que fueren hayan sentido de cerca el roce o la embestida de este virus todavía descontrolado, sabrán entenderlo; y quienes en la duda de salir o no a la calle sufran algún tipo de ansiedad ante lo inesperado o fobia ante la multitud, también habrán palpado de qué va lo anormal de la presunta normalidad que se publicita en esta fase.

Responsabilidad

Un ámbito donde la anormalidad está siendo habitual es en la “gobernanza compartida” de que estos días también se habla tanto. Puede que, en parte, sea por los miedos que todavía levanta la resaca de lo que fueron años sin democracia y, en parte también, por la nostalgia que tengan los partidos mayoritarios por gobernar como cuando tenían mayorías absolutas, de cuando e hicieran lo que hicieran, nadie les iba a echar en cara su particularísimo modo de actuar sin encomendarse a nadie. O puede que, con más razón, sea por no estar en el candelero mediático tan de continuo como está el Ejecutivo actual, lo que les llevaría a no tenerle lástima y menos por haber constituido, por primera vez, un Gobierno de coalición con un aire más izquierdoso de lo habitual. El caso es que, a los líderes de las formaciones se dicentes constitucionalistas hasta no hace mucho, les cuesta muchísimo aceptar lo del estado de alarma y que se pueda alargar seguramente más; votarlo o dialogar en torno a ello les parece que desmerece de su dignidad.

Probablemente tengan inspiración especial para saber cómo se debiera gestionar una situación tan problemática como esta desde el Gobierno central, porque desde las Autonomías –donde están gestionando la parte que les corresponde de gobernanza- ya están gobernando; eso sí, a regañadientes, pues cualquier excusa les viene bien para encontrar algo no bien resuelto; parece que el clásico agravio catalán se hubiera multiplicado por cinco o por siete: todo un martirio para escuchar cualquier telediario. En todo caso, esta excepcionalidad es una buena ocasión para que demuestren que existen para estar más cerca de los problemas y atenderlos, no para que cada uno nos cuente que es más guapo que nadie; sería una pena que no pararan de competir por ver a quién les viene más grande el cargo. Si tanta prisa tienen por que la “nueva normalidad” alcance pronto a su territorio en toda la dimensión de lo que era la “normalidad”, que nos adelanten qué harán si las prisas traen una segunda ola de COVID-19. Y antes de seguir jugando con sus votantes, repasen la intervención de la anestesista Mónica García en la Asamblea de Madrid, en el pleno del día 29 de abril, por si tienen la tentación de manipularles con su propaganda.

Libertad

En nombre de esta extraordinario concepto que tanta sangre ha costado, se pueden decir muchísimas tonterías, y más en situaciones de riesgo, crisis y oscuridad. Nadie queremos que nos coarten; todos sabemos, sin embargo, que, con el pretexto de la libertad, podemos dañar a otros y dañarnos a nosotros mismos. Aunque no sepamos cuánto tiempo de nuestra vida haya tenido que transcurrir para que lo que hacemos sea fruto de un mínimo de libertad y coherencia, sí sabemos que cuando algunas personas nos hablan de libertad, mejor tener cuidado. En el reciente manifiesto encabezado por Aznar o Vargas Llosa y Álvarez de Toledo, en que clamaban “contra el autoritarismo” de quienes se “estén arrogando un poder desmedido”, si su trayectoria les arropase para arrogarse tener la balanza de la libertad adecuada en un momento tan duro como este, deberíamos pedirles perdón por no recordarla.

Esta convenienzuda manera de hablar de la libertad la emplean principalmente quienes, en su nombre, le sacan provecho a los agujeros del aparato legislativo en cuestiones de negocios. En el caso de la sanidad, por ejemplo, las correlaciones entre neoliberalismo y gestión privada de servicios públicos ha quedado de manifiesto en la deficiencia de estos días, por mucho que publiciten lo de IFEMA o que tenemos la mejor Sanidad del mundo. ¿Y en atención a la Tercera Edad o Educación? ¿Quién ha hablado más de libertad de elección de centro que las sucesivas presidentas que ha tenido la  la Comunidad de Madrid desde 2003, si no ha sido para tener en Europa el máximo nivel de privatizaciones del sistema educativo? No es de ahora, claro; es de familia: han heredado de sus ancestros decimonónicos esa idea, asociada a una praxis en que, con ser los más duros con las libertades que se controlan desde Interior, no paran de exigir las libertades que les interesan de verdad, las que  les confieren capacidad para desarrollar un capitalismo extractivo a cuenta de una ciudadanía cautiva.

¿Leer?

Lo del mal ejemplo que puedan dar les da igual: no creen en una educación de la ciudadanía; la gente de buena cuna lo considera cursi o que, con ir a confesarse de vez en cuando a la parroquia, es suficiente. Después de tanto alarde de doble moral, nadie debiera extrañarse de encontrar en la calle personas que se quieran saltar las normas saludables para todos, que intenten hacer un botellón o una juerga indebida; se salten la obligación de la mascarilla o cualquier otra que, por limitarnos la normalidad de siempre, consideren estúpida. No viene mal, por tanto,  pensar un rato qué debe primar: si el bien colectivo o el sálvese quien pueda, el más listo casi siempre. No será fácil en muchos casos, decidir, pero si vuelve a rebrotar esta pandemia y el virus ha mutado mientras no tengamos vacuna para todos, va a ser mucho peor.

Según la Federación de Gremios de Editores, los índices de lectura han crecido estos días un 4%; quedan algunos más de retiro mitigado y el capítulo primero de La Política de Aristóteles es de interés: “Vemos que cualquier ciudad es una cierta comunidad, y que toda comunidad esta constituida con miras a algún bien es evidente […] Sobre todo, pretende el bien superior la que es superior y comprende a las demás….”. @mundiario

Es hora de que la libertad y la responsabilidad vayan juntas
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