El elector europeo se ha cansado del tedioso partidismo de marca blanca

Manuel Valls.
¿A quién culparán los bipartidistas del desastre electoral? En la foto, Manuel Valls.

Con un PP que no es 'Popular', un PSOE que no es 'Obrero', una IU acomodada y sujeta con alfileres, sólo cumple Pablo Iglesias. Dijo que se podía y ha podido.

El elector europeo se ha cansado del tedioso partidismo de marca blanca

Dice el primer ministro francés, Manuel Valls, que lo que ha pasado en Francia es un "seísmo". Se refiere el político a la espectacular subida de la derecha nacionalista de su país. Bien debe saber él lo que dice. Porque ningún sesudo contertulio de los que he ido zapeando –con la misma fatiguita que me da siempre– ha tenido a bien recordar que Valls era el hombre del momento para los socialistas franceses. Ninguno se acordaba -¡Vaya por Dios- de que a finales del año pasado Valls expulsó, como ministro del Interior, a una alumna kosovar, ganándose la simpatía de siete de cada diez franceses. Según las encuestas, votantes de derechas en su mayoría.

¿Y entonces qué ha pasado? ¿Por qué ese revolcón? ¿Qué fue lo que no entendieron los electores cuando los socialistas franceses tiraron la caña con el socorrido cebo Valls? Sencillo: en vez de comprar la marca blanca, el electorado francés ha preferido, en cuanto a xenofobia, la primera marca. Y es que de lombriz de vivero a lombriz de ría va un mundo. Llevamos tanto tiempo de crisis, rebuscando en los pasillos del supermercado las ofertas y las marcas baratas, que esta vez nos hemos querido dar una alegría en el hiper político. ¿A qué ahora nadie recuerda, como hace unos meses, que Valls es de origen español? Son días de soltar lastre, ¿a que sí?

En España ha pasado más de lo mismo, pero al revés. Ha sido espectacular el bofetón del PP y el PSOE, los grandes coaligados, pero no hay que olvidar el pescozón a Izquierda Unida. Los votantes de Podemos han dado a entender con esos cinco escaños que IU se está convirtiendo en un oxímoron del estilo de inteligencia militar: Otra marca blanca electoral como la O del PSOE o la segunda P del PP. Nadie se cree las siglas de los partidos del sistema, productos electorales adulterados, con muchos colorines en el envase, pero sin sustancia. Podemos, como partido y eslógan, significaba esperanza y determinación, y ahora, con cinco escaños, resulta que Iglesias dijo la verdad: se podía. Es el primero que ha cumplido su lema electoral desde, desde… ¡Uf!

Y si esto ha sido un seísmo, ¿dónde está el epicentro?

Gracias a esta crisis de nunca acabar, políticos y periodistas afines (que no están todos en La Razón, ni mucho menos) se han encargado de subrayar la parte que el ciudadano medio tuvo en el desastre económico que los pobrecitos financieros tuvieron que soportar: irresponsabilidad, ficción de riqueza, derroche… La conclusión final es que, por lo grueso, la mayoría somos chusma adolescente que debe ser pastoreada. Con los resultados electorales de este domingo han procedido igual: los jóvenes franceses con el futuro confiscado que votaron a Le Pen son parados sin memoria histórica; los que han votado a Podemos en España, antisistema bolivarianos; los partidarios de Syriza, traidores a los Siete Sabios de Grecia… Lo de siempre: ¡Culpa tuya! Hace tiempo que los partidos del sistema se han convertido en fabricantes de privilegios para los suyos y de dolor e indignidad para el resto. Los partidos alternativos no han hecho más que tirar la caña en ese río revuelto y sangriento, pero con cebo natural. Y se han ido a casa con la cesta llena. No hay duda, ninguna duda, de quiénes son los verdaderos responsables de que, según los tertulianos apocalípticos, "estemos de nuevo en 1939".

El elector europeo se ha cansado del tedioso partidismo de marca blanca
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