Elecciones en Madrid como primera vuelta de las elecciones generales

Ángel Gabilondo en una rueda de prensa este viernes. _ Twitter @equipoGabilondo
Ángel Gabilondo en una rueda de prensa este viernes. _ Twitter @equipoGabilondo
Toda la política española gira ya en torno al resultado de una campaña inicialmente autonómica. Se han implicado los principales líderes con dos modelos de sociedad opuestos.
Elecciones en Madrid como primera vuelta de las elecciones generales

La actual campaña para las elecciones autonómicas de Madrid no tiene precedentes en la democracia. A pesar de tratarse de una elección territorial para un mandato de dos años, distintas circunstancias han concurrido para transformarlas en una suerte de primera vuelta de las elecciones generales que cada vez se ven más próximas. La presencia constante de los principales dirigentes políticos y el propio planteamiento de Ayuso, eligiendo como rival a Sánchez antes que al candidato Gabilondo, ha deparado la transformación de los comicios en algo parecido a las elecciones generales. Con la atención constante de todos los medios de ámbito nacional.

Tras la incorporación de Pablo Iglesias que encontraba la excusa perfecta para alejarse de un Gobierno que le restaba autonomía, hoy se ha anunciado que la Ministra de Industria, Turismo y Comercio abandonará sus responsabilidades para incorporarse a un eventual Gobierno socialista en Madrid. Como si la recuperación de la crisis industrial, del turismo y del comercio fuese algo secundario, hoy mismo se ha lanzado a atacar al Presidente de Galicia a cuenta, sorprendentemente, de la crisis industrial. Obviando que la situación de algunas empresas, Alcoa, Ferroatlántica, Endesa o Repsol en Galicia no es ajena por completo a las regulaciones ministeriales. Es un ejemplo más de la total subordinación de los intereses generales a una elección territorial. Sin pestañear la misma Ministra acusa de corrupción al Gobierno autonómico madrileño, una acusación que debería acompañarse de la pertinente denuncia ante la Justicia.

Así se explican episodios tan contradictorios como la reforma fiscal. Si un día el candidato Gabilondo anuncia la congelación de impuestos, pocos días después la Ministra de Hacienda avanza una reforma fiscal, que al día siguiente la Vicepresidenta Segunda deja sin fecha pero que permite a la Presidenta madrileña prometer una nueva rebaja fiscal. Y sobre las vacunas y la pandemia los despropósitos son diarios creando una notable confusión entre los ciudadanos.

Las encuestas aportan un dato esclarecedor: la distancia entre los dos bloques principales, es escasa lo que permite especular con los resultados. Algo bien distinto de los trasvases de voto dentro de cada bloque. El importante incremento de votos que se adjudica al PP tiene su correlato en similar decrecimiento de Ciudadanos y podría resultar insuficiente para lograr una mayoría. Sería un éxito político personal para Ayuso pero un duro varapalo para el PP y especialmente para Casado. En el otro bloque Gabilondo aspiraría a liderar una coalición con dos rivales enfrentados entre sí, Más Madrid, y su partido matriz Unidas Podemos. Un partido regional que ocupa el espacio tradicional de Izquierda Unida relegando al partido de Iglesias a un espacio obrerista y radical.

En Madrid se está tratando de presentar una disyuntiva muy esquemática. O un tipo de gobierno favorecedor de la iniciativa privada y liberalizador, apoyado en buenos datos económicos, o el modelo común de las demás Autonomías de régimen común. Naturalmente la realidad es mucho más compleja pues algunas de las características de lo que se intenta denominar como “vivir a la madrileña”, son simplemente consecuencia del efecto capitalidad y del efecto tamaño o masa crítica. Pero hace mucho que la política dejó de preocuparse por los matices.

La atención constante sobre Madrid ha relegado la situación catalana donde no se han producido avances tras dos meses de negociaciones. A estas alturas la estrategia parece ser dejar correr el calendario para luego forzar acuerdos de mínimos. La política catalana, ensimismada, ha dejado de mediatizar a la política estatal. Un puñado de dirigentes mediocres ha elevado por comparación a Salvador Illa a la categoría de estadista, pues parece ser el único que mira hacia el futuro. Si en 2012 Artur Mas pretendía un conflicto entre Cataluña y España, la realidad actual es sólo un conflicto entre catalanes y muy especialmente entre catalanes nacionalistas. Incluso en la ciudad de Barcelona comienzan a preocuparse ante un futuro que se adivina de retroceso y ante el cual el Gobierno autonómico se muestra indiferente. Las propuestas recientes del PSC para recuperar el espíritu del Área Metropolitana como forma de ganar dimensión empresarial parecen contar con el respaldo empresarial.

Imperturbable, el Gobierno Vasco aún en medio de la campaña electoral citada, ha logrado el traspaso inminente de las prisiones entre otros asuntos. Se trata de una importante transferencia económica pero sobre todo simbólica y política. El Ministerio del Interior ha venido preparando el terreno mediante el traslado de los presos por terrorismo a prisiones vascas o del entorno geográfico inmediato, histórica reivindicación nacionalista. Por el contrario, los demás territorios autonómicos carecen de fuerza política o electoral para hacer valer sus demandas con similar eficacia. @mundiario

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