¿Por qué las elecciones 'europeas' del año que viene son más importantes?

Parlamento europeo. / P.E.
Parlamento europeo. / P.E.

Las elecciones al Parlamento Europeo de 2014 se jugarán por primera vez en clave europea. Los partidos políticos de la UE presentarán candidatos a presidir la Comisión Europea.

¿Por qué las elecciones 'europeas' del año que viene son más importantes?

En las primeras elecciones al Parlamento Europeo celebradas en España, en 1987, 7 de cada 10 electores acudió a las urnas; en 1999, lo hicimos 6 de cada 10. En las dos últimas elecciones “europeas”, en 2004 y 2009, menos de la mitad de los españoles con derecho a voto (el 45,14% y el 44,9% respectivamente) ejercimos este derecho. Incluso, el 44,9% de abstención de las elecciones al Parlamento Europeo de 2009 es el peor dato histórico de participación de todos los comicios (elecciones generales, autonómicas, locales y “europeas”) que han tenido lugar en España hasta la fecha. 

Con estos antedecentes: i) ¿qué sentido tiene valorar la importancia de las elecciones al Parlamento Europeo de 2014?; ii) ¿por qué estamos entrecomillando aquí al hablar de elecciones la palabra “europeas”?

Empezando por la segunda cuestión, porque elecciones europeas son todas las que se celebran cuando menos en la Unión Europea, que es un sistema descentralizado políticamente; muy señaladamente, las elecciones generales de los 28 Estados que la componen, comicios de los que nace la legitimidad democrática de los Primeros Ministros, junto con los demás miembros de sus gobiernos, actores clave en la toma de decisiones en Bruselas. 

Continuando con la primera pregunta, porque la Unión Europea, como diría Heráclito de Éfeso, no es la misma cada vez que se renueva la composición de su única institución directamente electa, desde 1979, el Parlamento Europeo. Elección “europea” tras elección “europea”,  la fenicia de Tiro a quien Zeus raptó en forma de toro blanco, valga la licencia literaria, es menos vanidosa y más abierta.

¿Es poco democrática la UE?

Demasiados analistas políticos repiten con cándida insistencia que la Unión Europea es poco democrática. Las razones que alegan los más afortunados tienen que ver con las atribuciones, según ellos escasas, del Parlamento europeo (algunos incluso llegan a dudar de su misma naturaleza parlamentaria); la pérdida de poder de los Parlamentos en los distintos países; la lejanía de los centros de toma de decisiones; o la ausencia de esfera pública y opinión pública a escala europea. 

Estos mismos analistas tienden a ocultar el incremento, a lo largo del proceso de construcción europea y  muy especialmente a partir de la entrada en vigor del Tratado de Lisboa en diciembre de 2009, del poder del Parlamento Europeo; el rol de los Parlamentos, incluso regionales, de los distintos países en la toma de decisiones de la Unión; la apertura y transparencia, en términos relativos, características del proceso político en Bruselas y Estrasburgo; o, qué decir, de la emergente esfera pública europea. 

La “versión estándar” del déficit democrático de la Unión, únicamente contiene, a día de hoy, dos verdades irrefutables: la primera, que la configuración institucional de la Unión Europea es demasiado compleja, lo que dificulta el control político que deben poder ejercer directamente los ciudadanos; la segunda, que, hasta el momento, no ha habido elecciones “europeas”, al menos en algunos países, entre ellos España.

En este país, en las elecciones generales, la información política sobre asuntos europeos, prácticamente, “ni está ni se la espera”; y la oferta política de los partidos, escasamente diferenciada, imposibilita al elector expresar sus preferencias sobre asuntos europeos a la hora de escoger a qué fuerza política votar. 

En España, las seis elecciones al Parlamento europeo celebradas desde nuestra entrada en la entonces Comunidad Europea, en 1986, han sido elecciones, como decimos los politólogos, “de segundo orden”, esto es, percibidas como menos importantes y dependientes del ciclo electoral de las elecciones generales y del mayor o menor descontento con la gestión sobre todo económica del gobierno central de turno.

Esa noche será estrellada 
El 25 de mayo de 2014 no sé si seremos más o menos que en 2009 los que depositemos una papeleta en la urna; pero estoy convencida de que en la jornada de reflexión la mayoría pensaremos más en el futuro de la Unión Europea, en la Europa que queremos, que en las políticas del Gobierno de España. 
Asimismo, esa noche será estrellada. Estaremos pendientes de conocer el resultado de los comicios europeos en los 28 Estados, para celebrar o no “en familia” la elección del nuevo Presidente de la Comisión: el Sr. Schulz, actual presidente del Parlamento Europeo, ya flamante candidato oficial del Partido Socialista Europeo, o el Sr. o Sra. candidato/a del Partido Popular Europeo, posición para la cual siguen compitiendo todavía, entre otros, el comisario Barnier, la comisaria Reding y el incombustible Juncker
Entre los mensajes que ha difundido el candidato del Partido Socialista Europeo en su ya famoso discurso del 15 de noviembre cabe destacar los siguientes: “No tenemos que estar de acuerdo con todo lo que ocurre en la Unión Europea” / Pero estoy firmemente convencido/a de que hoy la necesitamos más que nunca”.

 

À vous de choisir.

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