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El retorno de Franco

El debate de la Memoria histórica tiene un aliado involuntario en la derecha española. Saben que se hace contra ellos pero aún así son incapaces de reaccionar de la única forma posible: enfrentando la historia y estableciendo un relato alternativo sostenible.

El retorno de Franco
El dictador español Francisco Franco Bahamonde.
El dictador español Francisco Franco Bahamonde.

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José Luis Méndez Romeu

José Luis Méndez Romeu

El autor, JOSÉ LUIS MÉNDEZ ROMEU, es licenciado en Pedagogía y columnista de MUNDIARIO. Exdiputado y exportavoz parlamentario del PSdeG - PSOE, fue conselleiro del Gobierno de Galicia y secretario de Estado del Gobierno de España. @mundiario

Desde hace un tiempo Franco, la Guerra Civil y la Dictadura han vuelto a la vida política de forma continuada, aparentemente para quedarse por un tiempo como uno de los ejes del debate político. En Cataluña, desde el inicio del soberanismo, esa presencia es muy constante, en forma de actos de todo tipo, además de iniciativas oficiales. Allí cumple la función poco subliminal de metonimia, de desplazamiento de los opositores, básicamente PP y Ciudadanos, hacia el espectro ideológico del franquismo, buscando una identificación automática, al precio obviamente de seleccionar cuidadosamente los elementos de memoria que se recuerdan porque el grado de apoyo a la Dictadura fue allí notable. Por su parte el Gobierno estatal ha anunciado una batería de medidas para impulsar la llamada Memoria histórica. Aquí con el objetivo de cerrar el paso a las que pueda promover Podemos y sobre todo evitar el trasvase de electorado socialista a la formación rival.

Incluso el Parlamento gallego se ha sumado al debate reclamando que el Pazo de Meirás, residencia estival, pase a dominio público, para lo cual previamente una comisión de expertos ha emitido un dictamen. Con mayor fundamento jurídico cabría iniciar los trámites para la recuperación del Palacio de Cornide, uno de los pocos edificios del siglo XVIII que permanecen en Coruña, que era de propiedad municipal  y que en su momento fue objeto de una subasta simulada en favor de Pedro Barrié, quien luego  cedió la propiedad a la esposa de Franco.

Como los objetivos de las operaciones citadas son de índole electoral, cabe esperar múltiples debates. Son iniciativas además de escaso gasto y menor complejidad administrativa o jurídica. Efectistas mediáticamente y con suficiente poder galvanizador del debate.

Lástima que, en paralelo, no se resuelvan algunos temas colaterales. Así el expolio que sufrieron dirigentes republicanos cuyos bienes corrieron azarosos destinos. Careciendo de representación política en la España democrática, las fuerzas republicanas se han extinguido. Hoy Manuel Azaña, de ser fiel a sus ideas, seguiría siendo funcionario de la Dirección General del Registro y Notariado, pero no podría desempeñar carrera política alguna. Ni Acción Republicana, ni Izquierda Republicana, ni Derecha Liberal Republicana ni Partido Republicano han podido perdurar en el tiempo ni su legado ideológico forma parte de la política actual.

El debate de la Memoria histórica tiene un aliado involuntario en la derecha española. Saben que se hace contra ellos pero aún así son incapaces de reaccionar de la única forma posible: enfrentando la historia y estableciendo un relato alternativo sostenible. No lo han hecho en Cataluña, ni siquiera Ciudadanos que ha sido reactivo más que propositivo, ni lo han hecho en España. Se trata de un debate que incomoda a los dirigentes populares y ante el que no tienen ninguna iniciativa política, ni siquiera un discurso sólido, algo impensable en los partidos conservadores de Francia o Reino Unido que defienden con vigor sus convicciones democráticas con independencia de que sus homólogos de épocas pasadas tuviesen todo tipo de actitudes con el fascismo rampante, en nombre de la llamada “política de apaciguamiento”.

Estando claros los objetivos a corto plazo, antes citados, son más discutibles los objetivos a largo plazo. Para los jóvenes, el franquismo está tan alejado como las Guerras Mundiales. Sus actitudes vitales y políticas no están determinadas por los mismos vectores que para quienes vivieron las consecuencias de la posguerra. Quienes las sufrieron directamente han fallecido. Ese será uno de los puntos conflictivos de la Comisión de la Verdad que ahora se anuncia. No podrá disponer de testimonios de fuentes vivas. Lograr un consenso sobre acontecimientos de hace ocho décadas, es una utopía. Incluso en el debate de los expertos, las descalificaciones no son infrecuentes, como si el tema del enfrentamiento civil hubiese contagiado el ánimo, se supone que sereno, de los historiadores profesionales. @mundiario