Dudas sobre la concesión de ayudas oficiales a determinados colectivos en Ceuta

Ceuta.

En la financiación oficial de asociaciones religiosas y culturales se cruzan la corrupción, el oxígeno a radicales salafistas y la frustración de muchos jóvenes, un menú de dolorosa digestión.

Dudas sobre la concesión de ayudas oficiales a determinados colectivos en Ceuta

Tilt-Shift Ceuta

Vista de Ceuta / David Navas via Compfight

Lo que ocurre en la maraña y los entresijos de asociaciones religiosas y culturales ceutíes, integradas y dirigidas por personas de la comunidad musulmana rozaría lo pintoresco, si no fuese porque se encuentra realmente más cerca de lo delictivo.

Con no pocas dosis de ingenuidad, que nos remiten al optimismo antropológico del anterior presidente de Gobierno, el señor Zapatero, el actual presidente de Ceuta, el señor Vivas, viene financiando a asociaciones religiosas musulmanas en la creencia de que tratándose de ciudadanos españoles iba a cumplirse su propósito de establecer sobre las mismas un control que no tiene.

¿Cómo iba a ser posible lo que pretende el señor Vivas sobre tal enjambre de asociaciones, de las que casi la mitad son poco menos que fantasmas, integradas por un puñado de personas, que se repiten como miembros de otras, que tienen además el mismo domicilio social (algo veraz y comprobable)? ¿A nadie se le ha ocurrido exigir las últimas actas a estas asociaciones para comprobar la veracidad de sus actuaciones y los gastos originados por las mismas? Pues así habría de ser cuando se trata de dinero público que sale del bolsillo de todos los contribuyentes, musulmanes y no musulmanes. A más abundamiento, Ceuta es solo un botón de muestra de cómo se nutren del Tesoro Público el piélago de asociaciones que pululan por toda España y a las que se nutre a través de esa mama que es la Fundación Pluralismo y Convivencia de la que es presidente el ministro de Justicia. No es solo local y estatalmente, también en la autonomía catalana el oportunismo político del señor Mas intenta comprar voluntades y muerde del presupuesto partidas para engrosar las filas de su proyecto nacionalista con musulmanes de decorado. Debe vestir mucho sentar a la mesa a un musulmán.

Si todo esto no deja de ser poco ajustado a la reglamentación que encauza la política de subvenciones públicas, cuando se trata además de que algunos por ejercer de musulmanes -como si se tratase de una profesión- no solo no aportan nada a la paz pública, sino que son claros adversarios de la misma por su prédica radical, el asunto adquiere ribetes más serios y preocupantes. Lo que faltaría sería que estuviésemos financiando actividades de extremistas. Tendría que tomar ejemplo el señor Vivas de su homólogo el presidente de la Ciudad Autónoma de Melilla, que, al parecer, no suelta un euro a todas esas cofradías, aunque haya algún ingenuo. Quizás ahí esté la explicación del por qué algunos de ellos han emigrado de una ciudad a otra para ejercer de profesión musulmán.

La propuesta alternativa es que todo, o parte de ese dinero mal empleado, vaya a saberse dónde destinado, para provecho de quién y escamoteado al ojo de la Agencia Tributaria, debe ser justificado de forma rigurosa para que nadie tenga que comparecer ante los Juzgados a dar explicaciones que comprometan a algunos y acaben tiznando con grueso trazo a los responsables máximos de todo el tinglado. Cuánto mejor no habría sido dedicarlo a financiar proyectos serios, para recuperar a todos esos jóvenes de las barriadas necesitadas, que más temprano que tarde arruinan sus vidas en la cuneta del anonimato de los pobres.

Esperemos que las autoridades tengan capacidad de reacción y comience a abrirse la esperanza para muchos muchachos, que de esa forma puedan llegar a vislumbrar un futuro más digno que el destino de la barbarie siria, pongo por caso. Podrían comenzar con una campaña de sensibilización de la juventud ante todo el cúmulo de problemas que tiene ante sí, pero sin acudir a los nefastos indoctrinadores de siempre.

Hay que despertar del sueño en que vivimos, porque es necesario más pan y menos falsos profetas.

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