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MUNDIARIO

Dudas y engaños con el lenguaje como formas de educación política

El desinhibido regreso de Aznar al liderazgo ideológico del PP es buen momento para repensar cómo el inestable debate político potencia la desigualdad.

Dudas y engaños con el lenguaje como formas de educación política
Albert Rivera, líder de Ciudadanos; y Pedro Sánchez, presidente de Gobierno. RR SS.
Albert Rivera, líder de Ciudadanos; y Pedro Sánchez, presidente de Gobierno. RR SS.

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Manuel Menor

Manuel Menor

El autor, MANUEL MENOR, es analista de educación de MUNDIARIO. Licenciado en Historia y doctor en Pedagogía, ha enseñado Ciencias Sociales en Secundaria. @mundiario

A poco más cien días de Gobierno y a diez años de que Leman-Brothers iniciara la crisis que trajo tantos pretextos para recortar casi todo lo interesante, las dudas acerca de lo que sea “progreso” y “retroceso” no dejan de crecer. En lo que al lenguaje se refiere, siempre mutable, lo que se mantiene es el afán por controlar lo que aparece o desaparece en los medios.

Lenguajes educadores

No cabe extrañarse de que en el lenguaje político habitual la precisión no sea un bien. Suele, eso sí, pillar las palabras por los pelos y valerse de la repetición de tópicos como fórmula pedagógica. Decir, por ejemplo, que “Caudillo de España” es un término histórico, es confundir el presente en que se está hablando con un pasado en que esa denominación de Franco era obligatoria. No se subsana el lapsus arguyendo con la existencia de libros con ese título, sino respondiendo a las razones por las que deba ser o no exhumado del Valle de los Caídos, que es lo que se debatía. Por la senda en que se mueven estas excusas –entre la ignorancia y la imposición doctrinal-, no es descaminada la conclusión de Borrell: “En Estados Unidos y en Europa piensan que en España Franco sigue vivo”. Nadie debiera olvidar las insistente prédica en que se explayaba Aguirre con “la excelencia” y el “esfuerzo”, mientras el agua, el metro, la Sanidad, la Educación pública, la Ciudad de la Justicia o su campo de golf en terrenos públicos, han resultado impropias de una cazatalentos…

Tampoco puede decirse que los tribunales –esa especie de tercera Cámara de aleatoria composición doctrinal y lingüística– nos saquen de dudas en situaciones que debieran haberse substanciado fuera de los platós televisivos. En cuanto a la calidad intrínseca de másteres y tesis, o la del trabajo exigible al alumnado en correspondencia a la oferta educativa reglamentada en que se sustenten, no parece que sea el espacio más apropiado para resolverlo. Y en cuanto a dirimir cumplimientos reglamentarios, el trato diferencial que está transmitiendo el Supremo –o que la prensa traduce– es todavía más arduo admitir su criterio: las alumnas que acompañaron a Casado en su experiencia con la URJC parece que no son tratadas igual que él.

Disputado paisaje

Los casos de confusión de lenguaje y oportunismo no se le escaparon al filósofo alemán Schopenhauer, quien sintetizó las pautas habituales en estas lides. Su Arte de tener siempre razón enseña cómo, con decididos sofismas, se puede llevar el gato al agua frente a oponentes y discrepantes incautos. Cuando George Lakoff puso en entredicho los modos de argumentar de los demócratas en EEUU frente a los republicanos, su libro No pienses en un elefante (2007), volvió a poner en primer plano cómo las palabras no son inocentes, ya que tienen un campo semántico que conviene no perder de vista.

Los usos del lenguaje y su lógica –en los medios y en el Parlamento, sobre todo en algunas comparecencias– siguen siendo formas de manipular y ocultar, más que de esclarecer y concordar. Es lástima que González y Aznar no hablarán de cómo lo hacían ellos, en vez de lamentarse de quienes les suceden en el presente. En todo caso, no está al alcance de cualquier persona, que ella sola pueda darle la vuelta a esa tendencia instrumental. Sin entrar en una dinámica de “conspiranosis”, es de gran interés no perder de vista la tenacidad y cuidado que ponen algunas organizaciones en el control de la opinión pública. Algunas, con mucha historia detrás. Con menos recitados de laudationes (alabanzas), ya hubiéramos sabido cómo se las gastaron desde antiguo eclesiásticos muy eminentes en esto de convencer a quienes tenían poder decisorio haciéndoles ver que su organización y credo eran imprescindibles para que todo funcionara de maravilla.

Esa historia de siglos, afincada en Acuerdos supuestamente indispensables, sigue siendo base de votantes aunque la creencia se la haya comido el gato. Similar camino lleva la ultraderecha mundial en sus afanes populistas: Bannon & Company ya están aquí y hasta tienen un convento (sic) en Italia desde donde impartirán doctrina a sus prosélitos. Movimientos españoles afines pronto alardearán de estar en la onda mundial. Mientras, Garrido, el presidente de la Comunidad madrileña, cierra aulas públicas, habla del cheque para los bachilleres, y ha decidido –a raíz de los problemas detectados con másteres y tesis– que la Asamblea de Madrid investigue a las universidades publicas, pero no a las privadas (como la UCJC). Según estas políticas, el capital cultural con que se anhela que estén dotados los ciudadanos para entenderse entre sí y entender a sus líderes sociales en este siglo, no es el de palabras con significados compartidos. Les va mejor cultivar la desigualdad del divide y vencerás. ¡Atentos! @mundiario