Donald Trump despide a la fiscal general que retó su última orden ejecutiva

Sally Yates, exfiscal general de Estados Unidos. / Twitter
Sally Yates, exfiscal general de Estados Unidos. / Twitter

La exjefa del Departamento de Justicia se negó a defender el veto migratorio impulsado por Donald Trump el viernes pasado. Yates era uno de los últimos legados de Barack Obama.

Donald Trump despide a la fiscal general que retó su última orden ejecutiva

"Soy la encargada de garantizar que las posturas por las que abogamos en los juzgados cumplen la obligación solemne de esta institución de buscar justicia y defender lo correcto. En este momento, no estoy convencida de que la defensa de esta orden ejecutiva cumpla con esa responsabilidad ni que el decreto sea legal". Con esas palabras se pronunció la fiscal general de Estados Unidos, Sally Yates respecto a la última orden ejecutiva firmada por Donald Trump (vetar el ingreso a Estados Unidos a personas con pasaporte de siete países de mayoría musulmana). Al presidente aquellas declaraciones no le hicieron ninguna gracia y, en las primeras horas del lunes 30 de enro oficializó su despido.

De acuerdo a lo informado por la Casa Blanca, el despido de Yates, quien también estaba a cargo de forma interina por el Departamento de Justicia, llega porque la exfiscal traicionó "al Departamento de Justicia al negarse a aplicar una orden designada para proteger a los ciudadanos", pues aquélla aseguró que no defendería la orden emitida por su jefe ante la Justicia. El Despacho Oval se carga así a una de las pocas caras físicas que quedaban de la Administración Obama. Como alguien muy "débil en materia fronteriza y muy débil en inmigración ilegal" fue despedida la exfuncionaria.

Mientras el Senado autoriza a Jeff Sessions para tomar la oficina de Justicia, Trump ha elegido a Dana Boente, abogado del Distrito Este de Virginia, para tomar el relevo de Yates. El presidente avisó en su Twitter que los demócratas están haciendo todo lo posible por retrasar el nombramiento de Sessions por motivos puramente políticos.

El origen de esta discordia está en la negativa de Yates a defender la polémica orden antiinmigratoria firmada por Trump. El decreto, cuestionado prácticamente en todo el mundo, tuvo en la exfiscal su primera detractora en los despachos del Ejecutivo de Washington. Yates pidió al Departamento de Justicia que no trabajase en la defensa correspondiente a aquella orden ejecutiva por considerarla ilegal.

Pero el proceder de Yates no es más que una muestra más en todo el descalabro provocado en todas partes a partir del polémico decreto del rubicundo empresario, a quien todavía le hacen falta piezas en su tablero gubernamental. La reticencia de la exjefa de la Fiscalía General coincide con la de los congresistas demócratas en nombrar a Sessions para el cargo que ella acaba de dejar. La decisión está hoy por hoy en manos del Congreso. Si la Cámara Baja aprueba el nombramiento de aquél, el último filtro será el del Senado, donde previsiblemente encontrará varios anticuerpos.

El Partido Demócrata ha optado por tergiversar la votación. Así, cualquiera que vote a favor de que Sessions ocupe el Departamento de Justicia, siendo él mismo un declarado partidario de las políticas de Trump, será un voto también en contra de los refugiados y los inmigrantes musulmanes. Con el Senado con mayoría republicana, el partido progresista deberá convencer cuando menos a dos miembros conservadores para que apoyen sus intenciones. Hasta el momento, tan solo los tótems John McCain y Lindsey Graham se han pronunciado contra el veto presidencial, pero no respecto a Sessions.

El polémico decreto presidencial ha sido bloqueado por tres jueces federales y tiene también hasta tres demandas distintas que podrían impedir su ejecución. Una de esas tres demandas fue presentada en Virginia a nombre de una de las más grandes organizaciones musulmanes de Estados Unidos, llamada Council for American Islamic Relations. También el Estado de Washington se ha sublevado contra la orden ejecutiva en cuestión. @hmorales_gt

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