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La doble cara de Almagro: justicia para Honduras y descaro para Nicaragua

El secretario general de la OEA ha gestionado de dos formas totalmente distintas las crisis electorales de estos países centroamericanos, ambas separadas por solo meses.

La doble cara de Almagro: justicia para Honduras y descaro para Nicaragua
Luis Almagro, Secretario General de la OEA.
Luis Almagro, Secretario General de la OEA.

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Héctor Antonio Morales

Héctor Antonio Morales

El autor, HÉCTOR ANTONIO MORALES, es colaborador de MUNDIARIO. Se formó en la Universidad Rafael Landívar de Guatemala. @mundiario

Tras 23 días esperando, Honduras conoció a principios de semana que Juan Orlando Hernández había sido reelegido como presidente del país para otros cuatro años. La noticia hizo estallar a los hondureños, quienes protestan un evidente fraude electoral pues es imposible que tras un mes en el que la oposición pasó de ser virtual ganadora a segunda por una mínima diferencia. A las protestas generalizadas de la sociedad hondureña se unió Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Almagro no solo cuestionó la labor del Tribunal Supremo Electoral (TSE), máxima autoridad electoral en Honduras, sino que encima pidió que se repitieran los comicios ante la evidente falta de garantías con las que se desarrollaron y con las que se hizo el recuento de votos, que llegó solo porque la misión de observadores de la OEA y de la Unión Europea lo pidieron. La figura de Almagro es una de las más importantes en esta cruzada en que se ha metido la política catracha. Desde su posición tiene poder suficiente para presionar al régimen de Hernández a dar marcha atrás en su desfachatez electoral. No obstante, llama realmente la atención la diferencia de trato que el mandamás de la OEA ha tratado a Honduras y con la que trató a Nicaragua hace apenas unos meses.

A principios de año, el presidente nicaragüense Daniel Ortega se encumbró nuevamente con el poder, en el que esta vez le acompañaría como compañera de fórmula nada menos que su esposa, Rosario. Tras haberse cargado a la oposición meses antes de la cita con las urnas, el líder sandinista se presentó sin competencia y el día de las votaciones los centros lucían vacíos. Esa era la forma que eligieron los nicas para deslegitimar un proceso que no cabe en una democracia.

En fin, que a Ortega le dio igual el plantón de su pueblo y se proclamó presidente, como era de esperarse. Almagro entonces visitó el país y, en una gala de descaro, se marchó sin haber dicho nada respecto a tremenda afrenta a todo un país. El uruguayo fue a Nicaragua solo a legitimar el régimen descarado del excomandante guerrillero y le lavó la cara ante la comunidad internacional.

¿Qué vio en Nicaragua que no haya visto en Honduras? Es decir, los catrachos sí tenían opciones para votar y no se concibe que Hernández se haya salvado de una humillante derrota justo al tiempo que al TSE le fallaban los sistemas.

Esa es la doble cara de Almagro, que trató distinto a dos países que, literalmente, están uno al lado del otro. Es más, su presencia en Honduras ha caldeado más los ánimos pues su respaldo a la oposición ha motivado a ésta a llamar a manifestaciones masivas durante toda esta semana, mientras en Nicaragua fue a burlarse de todos los que tienen dos dedos de frente y no se tragan la mentira de Ortega que, como todo hijo chavista, se maneja sin titubeos para hacer su voluntad. Su gestión en dos crisis de este tamaño deja mucho que desear para un hombre que se considera a sí mismo defensor de la democracia y la transparencia, como ha dejado claro en sus múltiples enfrentamientos verbales y diplomáticos con Venezuela. @mundiario