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Los discursos políticos sobre la pandemia, desmentidos una y otra vez

Bruselas ha debido crear un nuevo color para los mapas de riesgo, una categoría de extrema gravedad en la que de inmediato ha entrado casi toda España.

Los discursos políticos sobre la pandemia, desmentidos una y otra vez
Fuerzas militar en Cataluña. / Mundiario
Militares en tareas sanitarias durante la pandemia.

José Luis Méndez Romeu

Pedagogo y columnista.

Las mujeres y los niños primero, fue la consigna adoptada en los buques de pasajeros a mediados del siglo XIX para ordenar la evacuación en caso de naufragio. Por aquella época la capacidad de los botes salvavidas era inferior al pasaje admitido por lo que inexorablemente en situaciones críticas era necesario elegir. Hasta entonces, como en las situaciones de guerra, primaba la ley del más fuerte. La asimilación de las mujeres a los niños, rodeada de una literatura de salvaguarda de la especie, formaba parte de la consideración de la mujer.

Estos días hemos visto como los Gobiernos de todos los países han acudido a principios pretendidamente éticos para dispensar un bien escaso y necesario como son las vacunas anti-Covid. Cada autoridad ha fijado unas prioridades según colectivos o tramos de edad más o menos similares en todos los países, ampliamente publicitadas. En la sombra, un número indeterminado de personas con poder se han incluido en dichos cupos. Ha ocurrido en varios países y en España, según la puntillosa crónica de un importante medio de comunicación, son ya dieciocho los casos detectados. Algunos tan sorprendentes como los Consejeros de Sanidad de Murcia y Ceuta, ambos médicos, que han pretextado su trabajo en primera línea así como las recomendaciones de sus propios subordinados, atentos al bienestar de su jefe. El primero de ellos fue forzado a dimitir por el PP, mientras que el segundo ha ofrecido explicaciones que lo descalifican para su puesto aunque no ha dimitido.

Otro caso sorprendente es del Jefe del Estado Mayor, que junto a trescientos de sus subordinados directos fue vacunado, en este caso en el marco del plan autónomo de vacunación de las Fuerzas Armadas. La polémica suscitada le ha forzado a presentar la dimisión para salvaguardar la imagen militar, si bien es posible que en esa institución el criterio de vacunación deba ser totalmente diferente al del mundo civil, lo que justificaría un proceso vertical acorde con su propia estructura. Se trata del mismo general que durante los meses de confinamiento arengaba a los ciudadanos desde la Televisión Pública, intentando transmitir moral y confianza. Sabiendo que la estructura militar es jerárquica cabe dudar sobre si el citado plan de vacunación había sido elaborado a espaldas de la autoridad civil del Ministerio o si contaba con el respaldo tácito o expreso de ésta. Los demás casos conocidos son fundamentalmente Alcaldes de varios partidos que han pretextado excusas varias que no vale la pena repetir. Quedémonos con su mensaje, en caso de naufragio, sálvese quien pueda.

Porque la situación es de naufragio colectivo. Hoy Bruselas ha debido crear un nuevo color para los mapas de riesgo, una categoría de extrema gravedad en la que de inmediato ha entrado casi toda España. Podemos seguir discutiendo si tal o cual Presidente lo hace bien, sobre si el Ministro de Sanidad no debe dimitir o si es perfectamente prescindible, sobre las bondades de los hospitales de emergencia o la posibilidad de administrar mejor las escasas dosis de vacuna disponibles. Debates bizantinos cuando todas las previsiones desde hace ya diez meses, han sido desmentidas por los hechos. Ni hemos vencido a la epidemia, Sánchez dixit, ni la vacunación va al ritmo prometido, ni la industria turística se recuperará antes del verano. A diferencia de Francia, Portugal, Italia o Alemania, nuestros vecinos más próximos, en España la pandemia fue campo de lucha política desde el primer día, luego no debe sorprendernos que encabecemos las peores cifras.

A estas alturas la situación es irremediable. Estamos condenados a seguir soportando varias semanas críticas, con restricciones a la carta, en ausencia de algo parecido a una coordinación federal, con el Gobierno central desaparecido o dedicado a otros menesteres. Para ratificar la baja calidad de nuestra democracia, las Cortes están cerradas para tratar el peor problema en muchos años pero abiertas para el navajeo partidista. Dicen las encuestas que los ciudadanos comienzan a sentir el enfado. De hecho aumentan los enfrentamientos callejeros con las fuerzas del orden. También la imagen del país está hecha añicos. Dolorosamente constatamos que la sociedad en la que estamos embarcados no tiene salvavidas para todos. No podemos saltar por la borda ni gritar como Mafalda: ¡Paren el mundo que yo me bajo!. Toca autoprotección y encomendarse a la diosa Fortuna. @mundiario