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El discurso del presidente Trump, más de lo mismo, y un par de mentiras

El mandatario aseguró que hay una crisis humanitaria en la frontera con México y volvió a calificar a los inmigrantes centroamericanos de violadores y criminales.

El discurso del presidente Trump, más de lo mismo, y un par de mentiras
Donald Trump /  Alecus, México
Donald Trump / Alecus, México

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Andrés Hernández Alende

Andrés Hernández Alende

El autor, ANDRÉS HERNÁNDEZ ALENDE, es columnista de MUNDIARIO. Escritor y periodista, nació en Cuba y vive en Miami (Florida, EE UU). También es columnista del diario El Nuevo Herald, la revista Suburbano y Voces del Huffington Post. Ha publicado tres novelas: El paraíso tenía un precio, El Ocaso y De un solo tajo. @mundiario

El discurso que el presidente Donald Trump dirigió a la nación el martes 9 de enero por la noche –el primero que pronuncia desde la Oficina Oval de la Casa Blanca– fue más de lo mismo. Nada nuevo, y unas cuantas mentiras.

Trump dijo que en la frontera con México hay una “crisis humanitaria” que va en aumento. Dijo que en los Estados Unidos se estaba agotando el espacio para recibir inmigrantes, y que la solución era construir el muro fronterizo que se ha convertido en un ícono de su presidencia y de sus seguidores. Sin embargo, funcionarios, expertos y habitantes de zonas limítrofes opinan que no hay ninguna crisis. En el año fiscal 2018, la cantidad de arrestos en la frontera fue de 396.579, menos de la mitad del total de 2007. En general, la llegada de inmigrantes indocumentados ha estado disminuyendo en los últimos años.

¿De verdad Trump cree que el gigante norteamericano no puede acoger a unos pocos miles de inmigrantes acampados precariamente junto a la frontera? En 1980, unos 135.000 cubanos llegaron a la Florida en el éxodo marítimo del Mariel. Pese a que entre ellos venían unos 5.000 con antecedentes delictivos –enviados expresamente por el gobierno cubano­– la Florida absorbió y asimiló rápidamente a ese grupo inmigrante.

Trump no titubea en tergiversar la realidad para ajustarla a su agenda. En el discurso de la noche del martes, volvió a calificar a los inmigrantes que llegan por la frontera sur de violadores, asesinos y delincuentes. Su propósito era pintar una nación –los Estados Unidos– asediada por una marea humana de viciosos y criminales que quieren irrumpir en el país para sembrar el caos.

Nada más lejos de la realidad: en los barrios poblados por inmigrantes –incluidos los inmigrantes latinoamericanos a los que Trump no cesa de insultar– el índice de delitos es menor que en otras zonas menos diversas.

En el caso de las drogas, es cierto –como dijo Trump en su discurso– que por la frontera sur entra una enorme cantidad de heroína. Pero al presidente se le olvidó mencionar que la heroína no entra por parajes apartados y desolados, sino por los puntos de control legales establecidos en las ciudades fronterizas.

Con tal de salirse con la suya y lograr que se construya el muro, Trump no deja que la realidad le estropee un buen discurso.

Este miércoles Trump se reunió en la Casa Blanca con representantes demócratas para buscar una solución al cierre del gobierno federal, causado por su negativa a aprobar el presupuesto del gobierno si el Congreso no acepta la construcción del muro. Trump canceló la reunión abruptamente, furioso porque los demócratas no cedían a sus exigencias.

La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, demócrata por California, opinó que con el cierre del gobierno, Trump tiene al pueblo norteamericano como “rehén”. Los demócratas también quieren seguridad en la frontera, afirmaron Pelosi y el líder de la minoría del Senado, Chuck Schumer, demócrata por Nueva York. Pero el muro es ineficaz, costoso e innecesario. Y Schumer expresó acertadamente una visión de la nación que muchos norteamericanos comparten: “el símbolo de los Estados Unidos debe ser la Estatua de la Libertad, no un muro de 30 pies”. Así debe ser. @mundiario