Dinero, historia y venganza: ¿por qué los republicanos odian el Obamacare?

Paul Ryan, jefe de la Cámara de Representantes, presenta el último proyecto para la derogación del Obamacare. / Twitter
Paul Ryan, jefe de la Cámara de Representantes, presenta el último proyecto para la derogación del Obamacare. / Twitter

El jefe republicano en el congreso, Paul Ryan, ha presentado recientemente un proyecto para desmontar el mayor legado de Barack Obama, una obsesión que les tortura desde hace siete años.

Dinero, historia y venganza: ¿por qué los republicanos odian el Obamacare?

Su creación en 2010 fue celebrada por el Partido Demócrata y parte de la población estadounidense como un santo y seña de una nueva era en la política estadounidense. Pero del otro lado de la banqueta, donde se aglomera el honorable Partido Republicano, la cosa siempre ha sido totalmente distinta.

Estamos hablando del Obamacare, la reforma sanitaria impulsada e iniciada por el expresidente Barack Obama. Ha sido denominada como “la legislación más peligrosa jamás aprobada”, “tan nociva para las libertades individuales como el Acta del Esclavo Fugitivo” y la responsable de haber acabado con la vida de mujeres, niños y personas de edad avanzada. De acuerdo a abogados republicanos citados por The Economist, el Obamacare es algo simplemente terrible. Desde que fue aprobada en el Congreso Demócrata en 2010 se convirtió en la obsesión del partido conservador. La agrupación derechista ha intentado su derogación en más de 60 ocasiones en la Cámara de Representantes, todas infructuosas. El Obamacare estuvo también en el epicentro del apagón de dos semanas que sufrió el Gobierno estadounidense en 2013. ¿Dónde yace entonces la verdadera fijación republicana con este proyecto?

Pues primero que todo, indica The Economist, vale decir que las razones son variadas, desde cuestiones ideológicas hasta históricas. El medio empieza su análisis con el punto ideológico. El mecanismo fundamental que da marcha a la reforma –que los estadounidenses que pueden darse el lujo de comprar un seguro directamente al proveedor reciben costos extra para ayudar a pagar los subsidios proveídos a quienes compran su cobertura en mercados controlados por el Estado- ilustra a la perfección el anatema económico del partido. Muchos halcones conservadores, como Tom Price, elegido por Donald Trump para la secretaría de Salud, entienden este proyecto de aseguradora universal como una intromisión del Gobierno en la relación paciente-médico.

El segundo punto –el económico- indica que el Obamacare no aporta nada. El mismo medio defiende no obstante que eso es algo discutible. Por un lado, el porcentaje de estadounidenses sin ningún tipo de seguro de salud ha disminuido de un 16% en 2011 a un 11% para el año pasado, según cita a la empresa Gallup, encargada de hacer un sondeo al respecto. Números más recientes reflejan que los sin seguro en la población blanca sin título universitario y con un salario bajo ha caído del 25% en 2013 a un 15% en el presente año. Ese grupo, evidentemente uno de los más beneficiados por esta reforma, fue la gran base electoral de Trump. Pero también vale decir que los cobros Premium crecer notablemente en el presente año con un promedio del 22%. Muchas aseguradoras han perdido mucho de su dinero en los intercambios ya que los clientes han resultado más viejos y enfermos de lo que esperaban. Las compañías están tratando de no hacer ningún escándalo respecto a esto por respeto a sus consumidores. Los republicanos explican que eso representa el inicio del desplome del mercado: entre más altos sean los precios, más desanimados se sentirán los potenciales clientes jóvenes para adquirir una póliza, lo cual a la larga traerá más pérdidas a las aseguradoras, y eso volverá a propiciar nuevas subidas a los precios y el asunto se volverá una estrella en ebullición que colapsará sobre sí misma y se convertirá en un agujero negro más grande del que el sistema pueda aguantar. El Gobierno defiende que los costos Premium son lo que la Oficina de Presupuesto del Congreso esperaba desde antes de que el Obamacare fuera lanzado.

Y por último, se trata del más reciente combate de una pelea multigeneracional contra las provisiones estatales para la salud. En 1945, el entonces presidente Harry Truman convocó a una “expansión del compulsivo sistema de seguros” que incluía seguros de salud para todos los ciudadanos del país. La Asociación Médica de los Estados Unidos encabezó una insurgencia contra el proyecto y el Partido Republicano se le ocurrió un eslogan que bastaría para repeler la insurrección: “socializar la medicina”. Aquello fue dinamita política en plena era anti-comunista, sigue The Economist. Cuando los republicanos tomaron control de la Cámara de Representantes en 1946, la iniciativa fue derogada. El gobierno usó exenciones de impuestos para motivar a las aseguradoras a ofrecer planes de seguros privados. Los trabajadores las asumieron y el mercado se enredó con la demanda de empleo. Varios presidentes demócratas como Lyndon Johnson, Bill Clinton y el mismo Obama han dado un paso más allá en esta materia y aguantaron a la oposición. Al menos hasta ahora, cuando el Partido Republicano –otra vez-, guiados por el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, ha presentado un proyecto para la derogación de esta polémica medida sanitaria.

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