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Días felices en la casa común del nacionalismo gallego

Ana Pontón, artífice de la resurrección de un Bloque casi desahuciado en las vísperas de las elecciones autonómicas de 2016, no oculta su satisfacción ante el incremento de militancia.

Días felices en la casa común del nacionalismo gallego
Ana Pontón. / BNG
Ana Pontón. / BNG

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Fernando González Macías

Fernando González Macías

El autor, FERNANDO GONZÁLEZ MACÍAS, es articulista y columnista de MUNDIARIO. Periodista y analista político, fue jefe de redacción del diario La Región de Ourense, coordinador del gabinete de comunicación de la Xunta, redactor jefe de los servicios informativos de TVG y director regional de COPE, Onda Cero y Punto Radio. @mundiario

El Benegá crece en afiliación. Lo confirman sus dirigentes. Están viviendo un momento dulce. Desde hace unos meses, la organización frentista está recibiendo a diario y en toda Galicia solicitudes de militancia en un goteo que se ha acentuado, como era de esperar, a raíz de la crisis que desgarra el espacio rupturista. Por un lado, se incorporan gentes de inequívoca ideología nacionalista, personalidades del mundo de la cultura, del arte, etc, que siempre simpatizaron con el Bloque aunque nunca militaron y que sin embargo creen necesario dar ese paso justo en este momento, ante la delicada situación en que se encuentra el nacionalismo gallego. Hay también antiguos militantes que se fueron a su casa, desencantados, tras el cisma de Amio, y ahora piden el reingreso con la ilusión de contribuir en lo posible a que el frente recupere el importante peso político que llegó a tener aquí y en Madrid hace no tantos años.

Otra porción significativa de las nuevas altas que registra el Benegá son de gente que decidió acompañar a Xosé Manuel Beiras en la aventura de Anova que dio lugar primero a AGE y después a En Marea . Al constatar, tras no pocas decepciones, que ese azaroso viaje no les lleva a ningún parte, buscan refugio en el puerto del que partieron. Como el hijo pródigo de la parábola, vuelven un tanto avergonzados. Algunos de ellos se fueron dando un sonoro portazo y justificaron su marcha con duras críticas y descalificaciones a la estructura y al funcionamiento interno de la plataforma nacionalista en la que habían militado muchos años, llegando a ocupar posiciones orgánicas relevantes e incluso cargos públicos.

Ana Pontón, la principal artífice de ese milagro que, a decir de algunos analistas, constituye la resurrección de un Bloque casi desahuciado en las vísperas de las elecciones autonómicas de 2016, no oculta su satisfacción ante el incremento de militancia. Aunque no hay mal que por bien no venga, la lideresa bloqueira evitar urgar en los líos de casa ajena. Atribuye las nuevas altras y las "reafiliaciones" a que el Benegá vuelve a ser visto como la casa común del nacionalismo gallego, como aquella organización de "banda ancha", nacida en los años ochenta, en la que cabían desde los socialdemócratas del Partido Nacionalista Galego a los comunistas de la Upegá, una casa grande en que casi nadie se sentía totalmente cómodo, pero en la que parecía haber sitio para todos.

En las organizaciones políticas, por principio, está reservado el derecho de admisión. En los partidos, al menos en los "viejos", no dan entrada sin más a todo el mundo que llama a su puerta. Y suelen tener mecanismos para evitar que se les cuelen indeseables (aunque está visto que en no pocos casos fallan estrepitosamente). En el Benegá seguramente están alerta ante la posibilidad de que pretendan volver algunos de los elementos que tanto daño les causaron mientras estuvieron dentro y cuando se fueron. Y hará bien Ana Pontón en evitar que la casa común vuelva a convertirse en la casa de los líos. O en la de tócame Roque. @mundiario