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MUNDIARIO

Deshojando la margarita de la esencialidad

Nada más anunciar el Gobierno la ampliación del cese de “actividades no esenciales”, sin la mínima acritud y en mi ingenuidad, tuve el absurdo pálpito de que empezarían por enviar a algunos ministros y ministras a sus respectivas casas. Debe ser que se me ha ido la olla con esto del confinamiento y la cosa.
Deshojando la margarita de la esencialidad
Simón, un
Simón, un "positivo" muy negativo.

¡Qué agradable resultaría poder compartir un acuerdo de gobierno, oye! De cualquier gobierno, en cualquier circunstancia, lo mismo si llega a tiempo (tan poco habitual) que si llega con el retraso al que nos hemos ido acostumbrando estos días en los que, salvo los terapéuticos aplausos de las eight o´clock, se hace esperar casi todo: el ansiado “pico”, las mascarillas, los respiradores, las UCIs, el dichoso día D de ese inescrutable período de tiempo que pasará a la historia como “en los próximos días” o un poco de luz, más luz, sobre la sinuosa trazabilidad de los test de ida y vuelta que el señor Ministro de la cosa, como era de esperar por su expediente académico, se está tomando con tanta filosofía.

No es verdad que en la nueva vuelta de tuerca para evitar la letal movilidad de los españoles se hayan precintado todas las actividades no esenciales. Irene Montero, por ejemplo, tras su segundo “positivo”, ya ha amenazado con volver al trabajo en siete días, o sea, siete días antes de lo que han calculado los expertos que debe mantenerse confinado a todo el personal prescindible, dicho sea con ánimo de establecer odiosas comparaciones. Y Pablo Iglesias, que en plena cuarentena no es que volviese a rodear El Congreso, como in illo témpore, es que protagonizó talmente un inconsciente y temerario 23-F 3.0, de esos que ya no acaban con sus señorías en el suelo, ¡todo el mundo al suelo!, sino que podría haber acabado con sus señorías en urgencias, no acaba de comprender que, en este momento tan oscuro, solo aisladas, confinadas, je, desunidas/os Podemos. No lo digo yo, Echenique, tío, es que lo repiten un día sí y otro también vuestros socios de gobierno.

El problema de la cuarentena del personal “no esencial”, es que probablemente seamos todos los que están, pero hay claros indicios de que no van a estar todos y todas los que son. Aún sigo colorado de vergüenza ajena tras las apariciones en pantalla de ministros y ministras que calladitas/os habrían estado más guapas/os. Nuestro célebre astronauta al frente de la Investigación y la cosa, sin ir más lejos, es que en vez de tener los pies en La Tierra da la sensación de que está en la luna. Y la Montero socialista (no confundir con su peculiar tocaya), no niego que pudiese ser esencial como portavoz de un gobierno, si hubiese gobierno, claro, pero es absolutamente prescindible, insustancial, como anestesista de masas. Con ella, eso sí, estamos aprendiendo dos cosas: que no es verdad que hablando se entienda la gente y que se pueden sustituir las pastillas para dormir por un vídeo de doña María Jesús hablando por los codos.

No, de verdad. Nunca, en un gobierno de tantos y tantas, se había interceptado un alijo de semejante magnitud de carteras vacías, con tantos ministros y ministras “no esenciales”, administrando un presente impredecible y diseñando un futuro, ¡con Iglesias has topado, amigo Pedro!, que va a convertirnos en damas y caballeros andantes de la triste figura. Como además han considerado esencial la actividad de los medios de comunicación, que juegan cada día un “Clásico” para hooligan de las llamadas derechas homogéneas y las aliadas izquierdas heterogéneas, estamos haciendo, dejando hacer, un pan con unas hostias.

Ya lo evocó José Mujica en Lo de Évole: “un pesimista es un optimista bien informado” Lo que pasa es que, en España, ese viejo y querido país que se ha pasado la historia entrando y saliendo de la UCI, nunca le hemos hecho caso a la ahora proverbial milenaria advertencia de El Tao: “Los que hablan no saben; los que saben no hablan” ¡Que empiecen a hablar los sabios, los científicos, los que tienen algo que decir, coño, y se callen de una P. vez los charlatanes de feria, los/las gurús del plasma, los talibán odiológicos, perdón, ideológicos, esas voces de sus amos que pululan como infecciosos coronavirus por las indefensas redes sociales en las que navegan, sin mascarillas, sin vacunas, tantos seres humanos vulnerables. Y encima, éramos pocos, y nos hemos quedado sin la voz esencial de Fernando Simón. @mundiario