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MUNDIARIO

La democracia permite votar con libertad pero la información es una cuestión que admite matices

La oferta de información puede ser confusa y hasta tendenciosa y, además, su volumen abruma a los ciudadanos. De ahí que deba  ser analizada de forma meticulosa.
La democracia permite votar con libertad pero la información es una cuestión que admite matices
Urna electoral. / RR SS
Urna electoral. / RR SS

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Alfonso García

Alfonso García

El autor, ALFONSO GARCÍA, es columnista en MUNDIARIO y también escribe en El Correo Gallego. Es notario jubilado desde 2012 y autor de diez monografías sobre temas diversos. En 2017 publicó "Entre el odio y la venganza. El Comité Internacional de Cruz Roja en la guerra civil española” y ahora ultima “Algunos abuelos de la democracia”. @mundiario

Las importantes elecciones que tenemos ante nosotros, las del 10-N, me sugieren esta  reflexión personal, que me permito compartir con ustedes. Democracia significa poder del pueblo. Su perfección, legítima aspiración del pueblo, sería la democracia en libertad, manida expresión  usada como eslogan  y muletilla por los políticos, sin profundizar en su sentido.

¿Qué implica el gobierno del pueblo en libertad?: la elección sin limitaciones, ni físicas ni de otro tipo; o dicho de otra forma, la elección con conocimiento. Conocimiento que debe tener su origen en una información objetiva, veraz, clara, explícita, completa, que facilite  a cada elector  la adopción de una decisión, según sus principios.

Naturalmente, los regímenes democráticos permiten votar con libertad, pero en cuanto a la información, la cuestión merece algunos matices. La oferta de información puede ser confusa y hasta tendenciosa y, además, su volumen abruma a los ciudadanos. De ahí que deba  ser analizada de forma meticulosa, con el fin de:

> Distinguir entre  la verdad y la mentira, no siempre tarea fácil, porque suele ir trufada con  eufemismos y verdades a medias.

> Comprobar el grado de cumplimiento de lo prometido en otros momentos, para exigir responsabilidades y penalizar a quien prometió y no cumplió.

> Discernir entre lo que puede prometerse y cumplirse, entre lo deseable y lo posible, para descubrir promesas que son meros adornos o utopías, por no decir engaños en muchos casos.

> Establecer un orden de prioridades entre los objetivos que se nos proponen, para jerarquizarlos en función de una elemental distinción entre lo principal y lo accesorio y de la aplicación del pragmático principio: lo mejor es enemigo de lo bueno.

> Ocupar una parte de nuestro tiempo  en mirar hacia atrás para comprender qué y por qué  sucedió esto o aquello, y dirigir nuestra mirada al entorno para saber qué hacen los votantes en otros países  ante situaciones semejantes.

> Conocer el valor del esfuerzo y la competitividad, frente a la cultura de la muleta, el plato caliente aunque sea sólo una vez al día, y la subvención que compra voluntades, adormece conciencias y coarta  la capacidad de decidir con libertad.

> Valorar la opción del voto en blanco, tan democrática como cualquier otra, que sería muy eficaz si en el Congreso y en el Senado se reservasen los correspondientes escaños vacíos y se tuviesen en cuenta a la hora de computar votos.

Para que esto sea posible, pidamos, apoyemos, exijamos una información y educación completa, integral, eficaz para jóvenes y niños, orientada a la consecución de  la libertad por la vía del análisis crítico. Una libertad que nos permita elegir con conocimiento entre las diferentes alternativas políticas, entre personas, entre las variadas ofertas del mercado,  medios de comunicación, publicidad, libros, ...

Sólo es posible la democracia en libertad, si la elección está precedida del  conocimiento. @mundiario