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MUNDIARIO

La delicada situación del Rey y de la monarquía no acaba de tener alternativa

Cambiar de rey pondría en peligro la institución que en España ha demostrado ser la menos mala de las instituciones posibles. El Gobierno de Mariano Rajoy también lo sabe.

La delicada situación del Rey y de la monarquía no acaba de tener alternativa
Imagen institucional del Rey de España en la web de la Casa Real.
Imagen institucional del Rey de España en la web de la Casa Real.

María Fidalgo Casares

Doctora en Historia.

Parecía confirmada la abdicación real tras la inusual convocatoria de prensa, inesperada y atípica. Pero aparte la grata sorpresa de encontrarnos los gallegos con el identitario Cabanela, ahijado de Cunqueiro, el resultado podría calificarse de escandaloso, ya que sin reparos se afirmó que la abdicación del rey Juan Carlos I era un “asunto personalísimo”, cuando es un tema político e institucional y las Cortes son las que tienen plena decisión sobre su inhabilitación.

Con la delicada salud del Rey y con una popularidad bajo mínimos, el plantear su abdicación no resultaba nada descabellado, al contrario, de hecho ha pasado en otras naciones y no supuso ningún problema. Aquí también aceptaríamos con naturalidad el reemplazo del joven Borbón, que en palabras de José Luis Gómez “es un activo valioso preparado para reinar y, tiene algo que casi nadie relevante en la política española puede decir de sí mismo: las manos limpias”.  

Pero eso sería si España fuese un país serio. En un país serio lo más importante para los partidos mayoritarios es la defensa de la nación y estar unidos ante la adversidad, algo que en España no sucede en absoluto. En los países serios apenas hay matices de diferenciación entre los partidos y el corpus del estado permanece intocable. Con la reciente victoria de la Merkel, la socialdemocracia alemana la apoyará con seguridad en todo lo que necesite. Igualito que en España, donde la izquierda cuando pierde rabia por deshacer todo lo que ha hecho la derecha sin valorar su eficacia: reforma laboral, educativa, sanitaria, muy lejos del sentido común británico wait and see.  Seamos claros, para poder ser un país serio, entre otros asuntos, la actual izquierda tiene que evolucionar.

Y el problema es que la izquierda ha perdido completamente el “sentido de Estado” desde la caída de González y no vela por los intereses de la nación, sino de su propio partido como está demostrando al tomar decisiones contradictorias según le interese, pero siempre en contra del Gobierno y del país. Muy significativo negarse a formar parte del bloque antiindependentista instigado por Ciudadans, acusánsolos de inmovilismo.

Posiblemente aprovecharía la situación de la abdicación para plantearse la abolición de la monarquía y la implantación de una república, pero una república de izquierdas, de la que ya tenemos una sangrienta experiencia.

El PSOE nunca se ha manifestado monárquico, aunque sí juancarlista, no olvidemos el romance del Borbón con la izquierda que llegó al paroxismo en aquella famosa reunión de todos los presidentes de la democracia y cómo se tiró a los brazos de González cual amante reencontrado, por lo que podrían argumentar que aceptaron la monarquía con Juan Carlos pero no con su hijo. De hecho, Tomás Gómez ha pedido la abdicación sin que Ferraz lo haya desautorizado.

 El ala izquierda del PSOE, más radicalizada desde que la época Zapatero, alinea posiciones con IU, que siempre ha defendido su carácter republicano, aceptado sólo coyunturalmente por el “zorro rojo” para lograr su legalización. Los nacionalistas se posicionan abiertamente antimonárquicos con la lógica aplastante de que el rey ha sido uno de los garantes de la unidad de España.

La derecha, desencantada con el monarca
Y es más… la derecha también está desencantada con el monarca, cree que les ha traicionado, porque no ha ejercido su papel de moderador en asuntos tan graves para la nación española como el Estatuto de Cataluña o la negociación con la ETA, ni ha tenido un comportamiento ejemplar, por lo que tampoco harían ascos a una república, eso sí, una república auténtica y con seriedad, con un presidente que velara por los intereses de la nación y no fuera víctima de los vaivenes de la política, pero ante la dicotomía de un rey o un presidente  partidista optarían por un rey que al menos es neutral y tiene idea de Estado y nación. Consideran que el Príncipe, más preparado que su padre, tal vez podría asumir ese papel nacional moderador y corregir los errores de éste, aunque otra parte de la derecha insiste en que el rey no hubiera podido hacer absolutamente nada con una izquierda que saltaría a su cuello acusándole de injerencia y una derecha que con sus complejos tampoco le respaldaría.

 

Desde la derecha tienen claro que la situación de España está como está, con la crisis y el paro a sus máximos niveles, el problema catalán y la corrupción. Y aunque el rey debería haber tenido un papel que no ha tenido (porque no ha querido o porque no le han dejado ), en estos tiempos difíciles cambiar de rey pondría en peligro la institución que en España ha demostrado ser la menos mala de las instituciones posibles. El Gobierno también lo sabe y no puede alentar la opción de la sucesión de Felipe.

¿No gobernó Roosevelt en silla de ruedas la nación más importante del mundo en un momento crítico?  Pues ala, esté como esté… que siga el rey Juan Carlos.