De Solé Turá, Peces Barba, Pérez Llorca, Punset, Lluch, Fraga… a la mediocridad

Los padres de la Constitución española de 1978.
Los padres de la Constitución española de 1978.

La degeneración política y la oligofrenia tuitera. En los partidos atrapalotodo lo único que cuenta es el líder carismático y el aparato, el Tweet, la comunicación...

De Solé Turá, Peces Barba, Pérez Llorca, Punset, Lluch, Fraga… a la mediocridad

En los partidos atrapalotodo lo único que cuenta es el líder carismático y el aparato, el mensaje en el Tweet que se lanza a la opinión, el equipo de comunicación, el marketing político.

El fallecimiento de Adolfo Suárez llenó los titulares de la prensa nacional durante varios días. El pasado fin de semana pudimos ver por distintos medios, algunos documentales al respecto de sus mandatos, la transición y el intento de golpe de Estado del infausto 23-F. El que escribe, se encontraba visionando uno de esos documentales, cuando reflexionó sobre la degeneración que ha sufrido la clase política española en los últimos 30 años.

De Solé Turá, Peces Barba, Pérez Llorca, Punset, Ernest Lluch, Manuel Fraga…hemos pasado a una auténtica mediocridad, que reina por doquier en todos los partidos políticos. La cuestión es cómo y por qué se ha llegado hasta aquí. Para responder se necesitaría ensayo de cientos de páginas, que no pretende ser el objeto de este artículo, pero se pueden dar una serie de pinceladas sintéticas con el fin de delimitar o al menos intentar resumir las causas principales, completamente alejado de un análisis científico.

 

La degeneración

Ciertamente como todo proceso de cambio o de degeneración sociopolítica, ocurre con una gran complejidad, con lo cual resultaría absurdo que la enumeración fuese numerus clausus. Sin ánimo de ser exhaustivos:

  1. > Fallo en el planteamiento. Parece que tras 30 años de democracia, el Estado de las Autonomías empieza a hacer agua. El proyecto común que fue la España de la Constitución de 1978, tiene ya bastantes frentes abiertos en contra.
  2. > La corrupción. El sistema tributario español combinado con el excesivo crédito otorgado por las entidades financieras (sobre todo cajas de ahorro) en la época pre-crisis, fue un excelente caldo de cultivo para la aparición de un sistema profundamente corrupto que ha infectado a gran parte del sistema político español.
  3. > Degeneración de la clase política. Por desgracia, demasiado sencillo de comprobar. Como muestra solamente hay que analizar la obra escrita por alguno de los políticos antes mencionados (Manuel Fraga por ejemplo, con más de 80 libros) con la escasez desértica de la casta política actual. La comparación, por ejemplo, de un Solé Tura con alguno de los nacionalistas actuales, sería esperpéntica. Es más que evidente el proceso de empobrecimiento intelectual de la clase política española.
  4. > Pérdida de prestigio. La clase política se ha ido empobreciendo ya que el servicio público ha ido perdiendo prestigio. El concepto del “servicio público” ha ido menguando, a medida que el éxito social se ha ido asociando a la capacidad para hacer fortuna y ganar dinero.
  5. > La profesionalización de la política. Las posibilidades de hacer dinero, de labrarse una carrera profesional exitosa, están fuera del ámbito político en España, al igual que muchos de los verdaderos centros de poder y toma de decisiones. La profesión política está denostada a su vez, porque se cobra poco, lo que provoca la llegada a la política de una gran cantidad de personajes sin la más mínima preparación que se vuelven mercenarios y gregarios políticos con el fin de que les devuelvan el favor.

Podríamos seguir enumerando causas, aunque lo que sufre la población son los síntomas. La crisis que todavía vivimos, ha golpeado especialmente a España en gran parte por esa degeneración de la casta política, que ha sido cómplice de la quiebra de más de la mitad del sistema financiero español, y actor principal en cientos de actuaciones que no son objeto de análisis en este artículo.

La profesionalización de la política ha provocado la aparición de una clase política endogámica, cuya sola existencia atasca y ataca la esencia misma de la democracia, causando su degeneración. La lógica del poder y del miedo, sustituye a la política de las ideas. Todo ello sumado a que hoy en día, el control mediático hace que sea muy difícil la existencia de electores libres. Naturalmente, allí donde no funciona la representación, tampoco puede hacerlo la responsabilidad, e innumerables ejemplos escandalosos tenemos en este país. Al rotundo fracaso del sistema representativo y al rotundo fracaso de los mecanismos de responsabilidad (con la complicidad del sistema judicial), se le suma la progresiva esclerosis de partidos y sindicatos, mortalmente dañados, en algunos casos, por la corrupción.

En los partidos atrapalotodo (“cachat all party” de Kirchheimer) lo único que cuenta es el líder carismático y el aparato, el mensaje en el Tweet que se lanza a la opinión, el equipo de comunicación, el marketing político. La ideología queda completamente relegada, abriendo el camino al militante burdo, disciplinado, mudo y gregario, y expulsando al militante inteligente, activo y con iniciativas.

Otros síntomas de la degeneración del sistema democrático que pueden observarse fácilmente son la manipulación (no hay más que ver cualquier informativo para darse cuenta), la superficialidad, la intriga y conspiración, la opacidad y la ocultación de los partidos políticos, el hedonismo absoluto en el día a día, la falsedad, la ostentación, el abuso de poder, las maniobras de distracción, el chantaje al Estado de Derecho, la defensa a ultranza de privilegios, la incapacidad para adoptar nuevos puntos de vista, el control férreo mediante la represión financiera y mediante un sistema fiscal confiscatorio, etc.

 

¿Y qué nos queda? Las consecuencias y la oligofrenia tuitera

El resultado es el vacío. Los políticos tuiteros y los votantes que ni siquiera llegan a eso. Y la política de la tertulia de barra de bar, la política sin sustancia, que conlleva el repudio de la idea de razón jurídica, el desprecio de lo normativo como referencia de la organización social, el rechazo de la capacidad del Derecho para regir una sociedad libre. Un vacío que lo llena una posmodernidad que conlleva deconstruir las especulaciones de la inteligencia y de las ideas, por el acontecer fáctico local del aquí y ahora, del tweet de turno.

Al igual que sucediera en el mundo soviético, entre teoría y práctica democrática comienza a abrirse un gigantesco vacío que se está llenando de imposturas, de mentira. Una vacío que lo está llenando una posmodernidad que resulta una auténtica amenaza real y letal para el constitucionalismo, al someter a cuestión los presupuestos que desde el Renacimiento constituyen la base del saber occidental. Una posmodernidad que se define como la exaltación de lo irracional, del líder tuitero, de la oligofrenia, de lo absurdo. Todo ello como desmitificación de lo ideológico aleccionado con el desprecio absoluto al que no piensa igual. Un enorme vacío que, como en el caso del socialismo real, puede concluir en un absoluto desastre si los postulados que se promueven llegasen a convertirse en una parodia de la realidad. Para muestra, el ascenso del payaso italiano y el Movimiento Cinco Estrellas.

¿Cómo llenar ese vacío de manera democrática? En 1764, Rousseau, en la octava de sus "Lettres écrites de la montagne", recomendaba burlonamente a los ciudadanos de Ginebra “Sobre todo vosotros, ginebrinos, manteneros en vuestro lugar y no prestéis atención a los objetos elevados que se os ofrece para ocultar el creciente abismo que se abre ante vosotros. No sois ni Romanos ni Espartanos, ni siquiera Atenienses… sólo sois mercaderes, artesanos, burgueses, siempre ocupados en vuestros intereses privados, en vuestro trabajo, en vuestro comercio, en vuestro lucro; gentes para las que la propia libertad no es más que un modo de adquirir sin obstáculo y de poseer en seguridad”.

 

De Solé Turá, Peces Barba, Pérez Llorca, Punset, Lluch, Fraga… a la mediocridad
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