En defensa de la libertad y del socialismo

Eduardo Madina con un libro dedicado a Pablo Iglesias, fundador del PSOE.
Eduardo Madina con un libro dedicado a Pablo Iglesias, fundador del PSOE.
La libertad es un bien a la vez individual y colectivo que dignifica a los pueblos, que no los sojuzga a los intereses de los poderosos.
En defensa de la libertad y del socialismo

Puestos a corromper, algunos son capaces de pervertir el significado de las palabras y de profanar el sentido mismo de la historia. Todo para publicitar un eslogan que, a la equívoca búsqueda de votos, tergiverse la realidad.

Sobrepasa los límites de toda dignidad política, y de toda limpieza democrática, la falsa opción que el Partido Popular está proponiendo a los madrileños y a todos los españoles para que supuestamente elijan entre libertad y socialismo. Y supone un burdo desprecio a la historia de nuestro país que atestigua, sin ningún lugar a dudas, que el desarrollo del socialismo en España –claramente socialdemócrata– ha estado siempre del lado de la libertad.

Mientras las derechas confederadas españolas apoyaron al golpismo que dio origen a la guerra civil y a la posterior dictadura de Franco, el socialismo defendió, junto con los desfavorecidos y con los demócratas de toda España, la libertad legalmente constituida y representada por la República española.

Mientras las derechas atrincheraban sus privilegios e intereses de clase y de conveniencia tras la dictadura de Franco, el socialismo tuvo que salir al exilio, resistió en Europa en la oposición activa al nazismo, sufrió persecución en campos de concentración, y se opuso a la dictadura –junto con el resto de la Izquierda–, de modo perseverante, hasta que llegó el momento de reconstruir la libertad. Reconstrucción en la que cooperó activamente en torno a nuestra Constitución, mientras el todavía hoy líder en la sombra de las derechas, José María Aznar, la atacaba desde la prensa riojana.

Es una grosera maniobra, que intenta confundir y tomar al pueblo español por estúpido, la de plantear la disyuntiva entre socialismo y libertad. Cuando la historia de nuestro país nos ha dejado claro que socialismo es libertad. La Historia de España y la Historia de Europa, que construye sus libertades y su Estado de Derecho con la imprescindible aportación del socialismo son testigos clamorosos de ello. Hasta el punto de que los principios fundamentales que rigen el desenvolvimiento de la Europa democrática son, precisamente, los principios políticos y sociales de la socialdemocracia.

Y que la volátil Ayuso no trate ahora de darnos gato por liebre: tampoco elegir entre comunismo o libertad es el dilema. Porque también en la historia de nuestro país y de la Europa antifascista, el comunismo se distinguió por una lucha continua contra la dictadura de Franco y contra el nazismo de Hitler y el fascismo de Mussolini. Y porque colaboró leal, activa y responsablemente a construir el camino de nuestra democracia.

La libertad no es una palabra vacía, ni es el imperio del individualismo insolidario: aquél del que presumía Aznar cuando resumía su credo liberal en aquella frase que reivindicaba determinar él mismo con cuántas copas de vino podía conducir.

La libertad apuntala la convivencia democrática

La libertad es un valor que apuntala la convivencia democrática, y que estimula toda una serie de derechos cívicos, sociales y solidarios. Y en la historia democrática de nuestro país, han sido precisamente los períodos de gobiernos socialistas los que han propugnado e implantado esos derechos.

Tal vez lo que esté proponiendo en estos momentos el tándem Casado-Ayuso no sea exactamente libertad, sino un liberalismo que sigue propugnando la insolidaria bajada de impuestos a los pudientes; o que sigue abogando por privatizar las instancias del Estado del Bienestar como la Sanidad y la Educación, por ejemplo. O que desmantela las viviendas sociales para entregárselas a los fondos buitre. Un liberalismo que –a fuer de propugnar el individualismo insolidario– termina convirtiendo el ejercicio político y la gestión de lo público en corrupción y rapiña.

Que alguien como la señora Ayuso quiera ahora usurpar para sí la libertad suena tan obsceno “como una blasfemia en una oración”, que diría nuestro poeta. Ella, que ha hecho de su capa un sayo en el tratamiento de la pandemia, con un libertinaje contrapuesto al resto de las comunidades autónomas, para tratar de vender un estilo anárquico y chulapón, adolescente o enfermizamente pseudo-rebelde, en el tratamiento de la pandemia y sus consecuencias. Eso sí: con el coste de la quinta parte de las muertes de toda España por la covid, y al precio de poner en peligro a ancianos de las residencias en la primera ola de la pandemia, prohibiendo su traslado a los hospitales.

Hemos de abrir muy bien los ojos y el entendimiento, para que ahora no nos quieran vender una mercancía adulterada. La falta de gestión pública (ni un presupuesto, y una única ley, aprobada con trampas parlamentarias) no es libertad. El liberalismo económico no es libertad. Porque la libertad es para todos, y no solamente para los pudientes que pagan favores. Y los pagan a quienes utilizan a los gobiernos para hacer negocio. Y que quieran aparecer como abanderados de la libertad quienes están amarrados a una larga cadena de procesos, pasados, presentes y futuros, precisamente por ese ejercicio de corrupción, es la más osada y aberrante de las impudicias.

La errática anarquía de una gestión descabellada (pandemia, nevada, hospitales de figuración…) no es libertad. No es libertad obligar a profesionales de la Sanidad, y a pacientes, a tener que ir forzados a un hospital innecesario, solamente para justificar el caprichoso gasto propagandístico de más de cien millones de euros.

La libertad es un bien a la vez individual y colectivo que dignifica a los pueblos, que no los sojuzga a los intereses de los poderosos. Y en nuestra historia, esa dignidad comunitaria nadie la ha encarnado nunca como lo ha hecho, y lo hace, el socialismo. @mundiario

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